Justicia

Y la rabia brotó de sus puños en forma de justicia. Y sus cañones expresaron la furia inherente a su existencia. Cuando hizo cuellos desfilar frente al cuchillo, la sangre llenó su vacío. Cada pequeña grieta sin pintura, cada debilidad, cada miedo y sufrimiento, todos se mimetizaron con el resto del mural.

El rojo trajo la redención. Encontró la paz al ver sesos volar. Las cosas nunca habían tenido tanto sentido. Ahora tenía más poder del que cualquier otra persona podría tener en ese lugar. Tenía el poder de la vida; tenía el poder de la muerte. Era Dios.

Haciendo alarde de su divinidad y su omnipotencia, hizo que un diluvio de balas extinguiera la vida de la tierra. No hubo un Noé que los salvara. No hubo previos avisos ni tampoco un arca. Esa mañana, solo hubo justicia.
Si el mundo es injusto, lo ajusticiaremos. De manera brutal, de manera directa, de manera concluyente. Nadie volvería a pecar, porque nadie volvería a ser.

Sabía que su mensaje se expandiría. Los diarios de todo el mundo empezarían sus titulares con ¨matanza inhumana¨, ignorando por completo, que esas cosas que murieron no eran humanas. Gargajos petulantes e insufribles. No era muy distinto a matar cucarachas. Salvo que las cucarachas al menos no te tratan de convertir en una de ellas.

La única manera de evitar la inmundicia y la corrupción total del ser. La única manera gloriosa de morir. La única alternativa real al suicidio y a la espera de una muerte lenta. Inmolarnos en sangre.

Transmutar en fluidos con olor a pólvora. Que nuestros restos finalmente se confundan con lo que surge de las alcantarillas rebosadas. Poner en práctica las leyes de la física. La acción y la reacción. Nadie puede salir impune. Todos necesitamos héroes.

El karma actuó basándose en su memoria. Cada perjuicio pasado contó. Nunca olvidó. Vino a cobrar una deuda Cada mentira, cada falsedad. Cada maltrato, cada molestia. La justicia divina había llegado para enderezar las cosas. Dejó de ser un pusilánime y se redimió bala por bala.
Mañana todos llorarían, tardarían siglos en entender.

En medio de los capullos que alguna vez contuvieron órganos funcionales se encontraba la razón. En medio de los desperdicios y la carne. En medio de lo terrenal y lo divino. En el centro mismo de la podredumbre. En la inmundicia de existir medio muerto. En las expectativas de vivir como un vegetal. La presión y la ceguera colectiva. Curiosamente, nunca serían tan relevantes como lo fueron muertos. Al menos ahora, sus vidas sirvieron de cháchara de licorería.

Cuando prendió todo en fuego, se convirtió en polvo de estrellas, al fin, algo más significativo.

 

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2 comentarios en “Justicia

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