Cartas desde el vacío


"Lizard Lounge" Ralph Steadman.

No quiero hacer una apología a la limpieza social, pero me parece oportuno citar al personaje de Travis Bickle en Taxi Driver “All the animals come out at night; whores, skunk pussies, buggers, queens, fairies, dopers, junkies, sick, venal. Someday a real rain will come and wash all this scum off the streets.”. Si en el pasado nos referíamos al lema de “No creo en naiden pa’da chuleta”, esto sería entonces, la chuleta. Pero de una manera menos razonada, menos madura, menos productiva. Más visceral, más sangrienta, más real.

Estar acompañado, pero sentirte solo.

Pasé de ser autónomo a tomar café cínicamente. Las conversaciones son una mierda, nadie cede, nadie otorga poder. Es como si todos estuvieran despechados, ninguno quiere volver a confiar en nadie por miedo a salir herido. ¿Pero qué tanto daño podemos hacer?. Los chistes terribles, largos y sin sentido, los comentarios que deberían ser graciosos, las conversaciones paralelas conmigo mismo repitiendo en un monólogo “otra conversación de mierda” mientras pretendo que hago algo con el celular. Pero esto no es para describir la falsedad de acá, porque para eso ya están las fotos donde todos sonreímos como portada de libro de inglés multiétnico. Frank Sinatra lo decía en The good life. “It’s the good life, full of fun, seems to be the ideal. Yes, the good life, lets you hide all the sadness you feel”. No tengo problemas con eso, para eso se inventaron las distracciones en primer lugar. Pero ustedes son la principal distracción de ustedes mismos. No pueden ser tan vacíos, tan superficiales, tan obvios. Tiene que haber algo más. Tiene que haber algo de introspección, no pueden realmente conseguir paz mental al cantar Shakira en un karaoke. Soy de los que piensa que al menos uno de ustedes llora hasta quedarse dormido todas las noches. Yo no me compro ese discurso que venden sobre la perfección, sobre la felicidad; déjame entrar y hurgar un poco.

Esta ciudad es pura niebla. Por la noche lo domina todo de tal manera que tengo incluso la sospecha de que se mete en el cerebro de la gente. Estoy consciente de eso cuando estoy esperando congelándome en la calle mientras el brasilero se arregla. Idiota vanidoso. Me dijo que estaba listo en cinco minutos, y ahí estoy, quince minutos después y lo único que escucho es un secador de pelo. Maricón. Me gusta el lugar donde vive, parcialmente. Queda frente a una iglesia muy antigua que está cerrada, en demolición o en reconstrucción. Su cuarto es agradable, todo su bloque lo es. Bien cuidado, paredes blancas y pisos de madera nuevos. Él realmente no aprecia el balcón, alguna gente no aprecia los balcones y las ventanas. Alguna gente prefiere caminar en zapatos dentro de su propia casa. Alguna gente debería morir. Los vecinos de al lado gritan cualquier estupidez en portugués, hablando de que algún otro idiota está borracho. Uno de ellos sale un momento de la casa a hablar por celular, mientras los otros gritan como cerdos adentro. Cuando termina de hablar regresa y dice que por los ruidos pareciera que tuvieran una orgía ahí. Pensándolo dos veces, no me gusta ese sitio para vivir. Alguna gente se debería morir, de nuevo. Eventualmente sale, sobrevestido e impoluto, supongo que esa era la meta. Caminamos hasta llegar a las escaleras sólo para enterarme de que aparentemente vamos a esperar a otro brasilero, excelente. Este otro brasilero, Jon, es un fabulador constante; pero tiene carácter, individualidad y una tremenda cámara.

El plan es ir a un bar/karaoke que detesto. Es una reunión de todo el curso, de todos los años de la carrera. Ellos, en su aberración de lenguaje, se refieren a estos eventos como “convívios”. Yo por mi parte me refiero a ellos como “meh, está bien”.

En la plaza nos reunimos con el angolano y otros cinco o seis. A uno de ellos le apodan “bagaçeiro”. El  bagaço es un tipo de alcohol, semejante al aguardiente, bastante rústico. Él es un poseedor orgulloso de ese título desde que en una de las salidas nocturnas enmarcadas en los primeros días de la praxe se tomó nueve shots de bagaço seguidos. Realmente no es mala persona, pero sus acciones lo hacen llevar un cartelito de “tengo problemas que intento ignorar” guindado del cuello. Sin embargo, lo recuerdo como un idealista empedernido cuando luego del concierto de Mika, y durante el set del DJ, me decía a la oreja un discurso más revolucionario que el del Ché en la ONU. No hemos podido hablar mucho, pero yo sé que eres un tipo que quiere cambiar las cosas…. y otra cosa, vamos a arreglar esta mierda… y otra cosa, no es justo que alguien esté bien mientras los demás están mal… y otra cosa, yo ya he visto a muchos de mis amigos morir, y no es bueno… y otra cosa”. Malditos borrachos idealistas y sus ganas de expresarse. El bagaçeiro dice que no lo dejarían entrar en el karaoke con el botellón. Vaya, existe un botellón. Igual no es un rival digno y lo evapora en cinco minutos, quizás la espera para el trasplante de hígado también se le haga rápida.

Hay un gordito llamado Vitor que no me termina de agradar. No tiene ni la decencia de tener un nombre cristiano hispánico normal, es Vitor sin C, tiene un nombre mutilado. Es gordo, pero no creo que está consciente de lo que eso implica. El muy insolente se molesta cuando uno le toca la barriga en momentos aleatorios del día, hubiera pensado en eso antes de decidir tentarnos con su gordura. Además, es muy insistente con algunas cosas, de forma negativa. Yo soy insistente, soy una ladilla, pero me gusta pensar que lo mío tiene siempre un propósito. Él, por otra parte, está ahí hablando alguna güevonada sobre si soy o no soy “primo” de ellos. El bagaçeiro me explica que “primo” es algún tipo de jerga para amigo. El gordito sigue con su cruzada, ahora le dice a un Rodrigo tan indiferente como yo “Rodrigo, Mauricio no es primo”. Interesante, pero continuaré diciendo que no. Tengo la impresión de que Vitor tiene problemas con su sexualidad, y quiero recalcar que no lo digo de forma peyorativa. Simplemente digo que en un reencuentro dentro de diez años, creo que él sería la “sorpresa” del grupo. Uno está calvo, el otro tiene hijos, y Vitor es un transgénero. Recuerdo que más temprano esa semana en una clase de sociología me llegó un papelito, “Señale quién es más gay: Rodrigo o Vitor“. Mi primera impresión ante tan importante asunto fue: “Estudio con puros idiotas”. Igual ejercí mi derecho al voto, de la misma forma en la que lo hice durante las elecciones internas de la universidad cuando en la planilla de votación puse “Hugo Chávez – PSUV” (hay una foto de eso, rodando por ahí). Voté por Rodrigo, simplemente porque soy fiel a la doctrina de “No me importan lo que digan de mi, mientras no sea cierto” de Truman Capote; me pareció que en caso de Vitor ser gay, no es muy amable empujarlo más adentro en su closet mediante mi voto, así que es mejor votar por Rodrigo -para quién no pasará de ser una broma- y todos se ahorran los traumas sexuales.

Estudio con puros deficientes y alguna gente debería simplemente morir.

Llegamos frente al lugar y por alguna razón hay que esperar más personas. Ellos son como unos invasores extraterrestres que no funcionan sin la nave madre. Son una cuerda de becerros jalando de la teta metafórica de alguna vaca desnutrida. Ahí Vitor sigue con su apasionante discurso, “Mauricio, ¿eres primo?”. Yo pienso “¿Este pana es mongólico?”, y digo la única cosa sincera que he pronunciado en portugués mientras lo miro directamente: Foda-se. Vitor da un golpe bajo y tratando de sobreponerse a las risas de los demás causadas por la certeza de mi laconismo dice: “Oh, Mauricio ya habla portugués… ¿Tú hablas portugués?”. No voy a señalar la contradicción entre la primera afirmación y la segunda pregunta -que tiene que ser retórica, en vista de que te acabo de mandar a comer un cerro de mierda en portugués-. Me ofendería un poco más si no estuviera consciente de que entre nosotros dos alguien sacó 07 en la nota final de Lingua Portuguesa, y definitivamente no fui yo. No es que realmente importe, sino que me parece irónico que para efectos prácticos mi portugués sea mejor que el suyo. Así que, podéis mamadlo en varios idiomas, primo.

Gordito maricón.

En la puerta del bar un negro enorme te da un cartón que establece un consumo mínimo de dos euros. Tiene unos círculos en donde los empleados ponen su firma y los precios de las cosas que consumiste. Abajo, el cartón advierte que si lo pierdes vas a tener que pagar cincuenta euros. Algo inconveniente para la paz mental de los paranoicos, es terrible beber en medio de una muchedumbre y tener que estar revisando tu bolsillo cada cinco minutos para ver si el cartón sigue ahí. Al pasar la puerta caminas por un pasillo y llegas eventualmente a una motocicleta, una mesa de pool, una vista general de la barra, las sillas a la derecha, al fondo el sitio para el karaoke y a la izquierda alcanzas a ver el principio del recoveco donde está sillón empotrado en el que pasaría el resto de la noche. La parte de la mesa de pool es realmente agradable. No me gusta mucho el pool, no sé jugarlo y me aburre mirarlo, pero creo que me gusta la idea general. El concepto, el mensaje. Me refiero a que todos saben que jugar ping-pong simplemente no infunda el mismo respeto. La mesa está rodeada por un grupito de engendros engominados uniformados en exageradas camisas cuello en V. Me detengo y pienso en el tono que me han enseñado los programas de tv gringos “Hmm… douchebag in a V-neck night?. Well, I didn’t get the memo”. Al fondo una criatura agonizante me regresa a la consciencia mediante una terrible interpretación de Creep de Radiohead. Que ser tan miserable. Creep es el tipo de canción que uno escucha cuando quiere pasar el día tirado en posición fetal haciendo burbujitas de saliva. ¿Estará consciente de la letra, de la canción, de todo?. ¿En qué momento se le ocurrió que gritar “But I’m a creep. I’m a weirdo. What the hell am I doing here? I don’t belong here” sería una buena manera de comenzar una noche de fiesta?. Esa canción me lleva a lugares oscuros, no es apropiado. Va llegando más gente. Alí Primera, que tan güevón no era, dijo “no se puede ser amigo sin saber darse la mano” y confieso que no he dado un buen apretón de manos desde que me fui. Uno esperaría adaptarse a muchas cosas, a un idioma, a una comida, a una cultura; pero adaptarse a los apretones de manos es completamente inesperado. No está siquiera unificado como en Venezuela. Allí es implícito: Si es algo serio, apretón recto y balanceado. Si es informal, desliza y puñito. Aquí todo se mezcla; aprietas pero sin balancear, chocas como un high five, y deslizas con puñito sin ningún criterio en lo absoluto.

Si las fronteras en el mundo son líneas imaginarias; ¿Por qué las levantas en tu mente?. Raquel es una burguesa maldita, no me pidan razones argumentadas al respecto, lo siento así y eso es todo lo que importa. Bueno, sí tengo un par de razones medianamente lógicas. Para empezar con la más evidente: Ella supura dinero. Luego ya viene una cuestión de porte, de la manera en la que se maneja, de la forma en la que habla, se viste y me pasa al lado sin saludar. Realmente no me importa la parte de saludar, yo también soy así. Pero al menos no me vendo como un rayito de sol. No es una nueva rica, está por encima de los demás en cuanto a significancia. Ella está definitivamente en el top tres de personas con algo en la cabeza en este lugar. Mi pequeña repulsión es más una cuestión de orgullo, de que te lleven una ventaja inherente e injusta. De que ella gaste cincuenta euros en libros sugeridos mientras que yo agonice por uno obligatorio de dieciséis. Es una cuestión de dinero y bufandas, muchas bufandas. Creo que me estoy convirtiendo en un resentido social. Comienzo a comprender la sed asesina de los malandros. ¿Acá habrán Tupamaros, encapuchados, ñángaras de cualquier tipo?. Creo que voy a fundar un Círculo Bolivariano. Ella no es precisamente una mala persona, simplemente es una aristócrata y merece morir decapitada.

Hay gente que no tiene mucho sentido del humor.

Los veo pasar con sus miedos y sus sonrisas. Estos sitios tienen poca luz para que así no se vean perseguidos por sus sombras. Así, sin pasado, se sienten exonerados y redimidos. Mi disposición es pésima y soy la representación de la malavibra. Pero creo que es una actitud completamente razonable en esta ocasión, teniendo en cuenta los antecedentes. Además, el placer que otorga mirar las cosas desde una perspectiva cínica es mucho mayor al de bailar “Sexy Bitch” con unas cuantas almas en pena. Este no es mi tipo de lugar. Pero, realmente, ¿Cuál es mi tipo de lugar?.

Yo no dançar kuduro un coño de la madre, disculpe. Los genocidios, la matanza de focas, la desnutrición infantil y yo bailando. Así de terrible es. Algunos dicen “baila como si nadie estuviera mirando”, pero si eso fuera apegado a la realidad, todos ustedes no estarían bailando sino tirando.

Cuando bebo, cuando siquiera huelo el alcohol o estoy en ese tipo de ambiente, comienzo a quedar un poco paranoico. Quizás por eso me da la impresión de que hay dos mafiosos rusos mirándome. Parecen salidos de una película de Guy Ritchie. Chaquetas de cuero, modales bruscos, actitud general de “soy un mafioso ruso”. Por suerte  dejo de pensar en el par de matones cuando comienza a sonar La Bomba y todos me miran con una actitud cómplice que parece decir “eso es como escuchar tu himno nacional, ¿no?”. Vamos muchachos, han pasado un par de cosas en la música latinoamericana desde 1999, es hasta ofensivo que estén tan atrasados.

Estoy cansado, física y mentalmente exhausto. Por alguna razón hoy me desperté temprano. Quiero dormir, necesito dormir. Ustedes no necesitan dormir, necesitan despertar. A veces pienso en los beneficios de perderme en el vacio, pero la voz creadora de frases en inglés repite en mi mente: “Avoid the void”. Pienso que no es siquiera un problema ideológico, no se trata de si me parece condenable o no que estemos desperdiciando nuestra vida aquí. Creo que es simplemente una cuestión de gusto. Algo todavía más subjetivo, pero quizás no me gusta desperdiciarla de esta forma en particular. Digo, aquí estoy, mirándolos desde la esquina con la cerveza en la mano, y no veo sino versiones más primitivas de seres humanos. Rasgos difusos de lo deberían ser. Desperdicio de potencial. Son estuches vacíos. Mi carcasa no hace más que darme problemas y preocupaciones pero al menos tengo la certeza de que su existencia es pragmática, o lo que es igual, tiene una finalidad: Transportar lo que lleva adentro. Yo llevo algo adentro, yo no soy un estuche. El indio está mirando a los europeos hacer la danza de la lluvia, pero por alguna razón no es tan satisfactorio como debería.

De un momento a otro estoy sentado en el sillón mientras tiran sus chaquetas y carteras sobre mi. Uno no puede huir del destino y parece que el mio es ser perchero. Confías lo suficiente como para darme tus posesiones, pero no tus emociones. No sé si eso signifique que eres muy pobre, que eres muy poco materialista, o que eres un robot. Aquí necesitan más crimen, necesitan que alguien los saque de Unicorniolandia. Viene a mi mente Old Enough de The Raconteurs; “You look pretty in your fancy dressBut I detect unhappinessYou never speak so I have to guess: Youre not free“. Y una frase complementaria que leí en un pupitre de la universidad: “O medo de ser livre provoca o orgulho de ser escravo”. Son esclavos robots, son inferiores a mi microondas.

El antihéroe manufacturado camina con pretendida soltura en un atuendo cuidadosamente caro. Curiosa manera de demostrar que no te importa nada, sabes, justamente esforzándote tanto para dejarlo claro. “Mírame soy tan indiferente que se me cae el pantalón y arrastro los pies”. Los chicos malos ahora vienen en cajas de Mattel. Aunque pensándolo bien, siempre podría ser peor, podrían venir en cajas de Kreisel. Y todos sabemos que Kreisel no es realmente excelente.

El negro Mateus lo que hace es repetir “estou fodido”. Está realmente fodido, completamente vuelto mierda y acaba de llegar. Mi padrino de praxe, Rafael, está igual. Sólo que tienen enfoques distintos. Uno está gritando y abrazando a todos mientras el otro está simplemente ausente. Recuerdo estar tirado en la grama con él luego de ir todo el día en medio de una peregrinación alcohólica y decadente hasta el río durante mi bautizo cuando comenzó a hablarme de que no hay manera de demostrar que la realidad existe, que los demás no son una actuación diseñada para engañarnos a nosotros mismos, que no podemos confiar en nuestra subjetividad. Hay gente que cuando bebe se escapa a otros universos cuánticos.

En su defensa: Ese fue un día extraño.

Esta Inês -distinta a la otra- es linda, pero no despierta nada aparte de satisfacción estética, y lo hace de una manera muy racional y objetiva, lo cual para estos casos nunca es precisamente apropiado. Me refiero a que aburre. Su presencia y su belleza es muy sobreentendida, ella se devalúa con el tiempo. Desmotiva. Además, el porte europeo es sólo agradable de mirar en fotos y películas. Esa distancia, esa frialdad, ese cuidado y esa falta de defectos. Es un pésimo acto. Porque es un acto, algo escondido debes tener. Sin inseguridades, sin traumas, sin una historia familiar. Yo no me creo ese “lo que ves es lo que soy”; siempre hay algo más y seguramente a ti te tocaban tus tíos o algo así.

Hay que ver que sí existe gente enferma en el mundo.

Comenzaste el interrogatorio. Jon está de por medio, riéndose. Tú preguntándome cosas como “¿A ti te gusta la gente?”. Probablemente en tu ebria y desinhibida consciencia esa es una pregunta tan absurda que da risa. Lo que no sabes es que, cuando me obligaron a hacer la confirmación, lo único que tenía para “confesar” fue “No me gusta la gente”. ¿Es realmente una confesión cuando se trata de algo público y notorio?. Como cuando el muchacho fanático de Taylor Swift y que lloró con The Notebook dijo que era gay, realmente no fue muy sorpresivo. Ahora te mueves a mi lado para hablarme en español, mientras yo le pregunto a Jon si debería contestar positivamente o de manera sincera; él entiende, pero dice que sea positivo.  Sigues por esa línea, “¿Yo te caigo bien?”, digo que sí, Jon pregunta casi retóricamente que si ella es bonita, vuelvo a decir que sí, dices “gracias” de esa forma rutinaria que demuestra que realmente esto no significa nada para ti; pero está bien, tampoco significa mucho para nadie más. Digo que no me gusta la mayoría de la gente, lo cual es un enfoque positivo. Me comienzas a explicar en tu bastante aceptable español que no te gusta mi año, que comprenderías si no me gusta mi año; la cosa es que cuando te pregunto por qué, tienes las motivaciones equivocadas. Dices que hay muchos grupitos, que tu año es más unido. A mi me gustan los grupitos, se forman por una razón, una razón que existía antes de cualquier otra cosa. Los grupitos tienen -hasta cierto punto- una función útil dentro de un conjunto superior. Yo te pregunto si te cae bien la gente de tu año, dices que sí, “porque son buenas personas”. Eso me hizo sentir mal, pensar que para los demás es tan simple como ser bueno o malo. Me hace sentir discriminatorio, elitista y plasta de mierda. ¿Realmente importa lo suficiente que sean buenas personas?. Hay buenas personas en todas partes, por lo mismo no es realmente destacable, no debería ser una virtud, debería ser un estándar mínimo. “Todos somos amigos”, dices. Eso tiene que ser falso, no se puede ser amigos de todos. Parafraseando al Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre (o a Chiquinquirá Delgado, según otros estudiosos): “El que es amigo de todos es amigo de nadie. Y es que realmente así no funciona, no creo que están entendiendo el concepto. La amistad no se trata de andar en cambote por la ciudad, es algo más. Por alguna razón el fantasma de la praxe sigue acosando y me dices que es un juego y no tiene nada malo que no me guste, yo te digo que no tengo ningún rencor con eso, que no se trata de eso en lo absoluto. Mientras pienso con un mandibuleo caraqueño “full de malpegados estos brothers”. Después me sincero, porque dentro de tu ebriedad eres la única que se digna a tener una conversación. Te digo que es una cuestión de ego, y que lo asumo con culpabilidad, que es desagradable sentirse superior, pero no puedo evitarlo. Digo que mientras que yo crucé el océano, ustedes son tan mediocres y hedonistas que nada de esto es más que un pasatiempo. No conocen al sacrificio, al compromiso, ni a la pasión. Tú asientes, parece genuina empatía. Luego el ego se desborda y digo “además, no sólo no tienen mucho que aportarle a la profesión, sino al mundo”. Sigues, por alguna razón, asintiendo. Yo continúo y digo “No es tanto lo que digo, sino lo que pienso”. Tu ebriedad se desborda y mientras pronuncias en español frases formuladas en portugués dices algo como “Manda todo para la mierda. No ligues para lo malo. Que se jodan, cabrones… ¿Cuánto tiempo vas a estar aquí?”, cuando digo que voy a durar la licenciatura completa -porque es común estudiantes de intercambio haciendo un año solamente- lo único que haces es persignarte y decir “estás jodido”.

Concuerdo contigo.

Hay una canción de una banda brasilera extraordinaria que no merece siquiera estar encasillada en un género, Matanza; que se llama “Eu não gosto de ninguém“. Traducido literalmente al español sería “no me gusta nadie”, traducido de una manera menos pánfila es “no me cae bien nadie”. Pero como a nosotros lo que nos importa es la traducción malandra, así será: “A mi lo que me cae bien es naiden”. El problema es que uno de los pocos consuelos que existen es la creencia absoluta de que se comparte el mundo con ciertos genios. La gente es, en selectas ocasiones, esperanzadora. No creo que sea tan simple como elegir entre una perspectiva pesimista o una positiva. No creo que nada sea tan fácil. Todavía no estamos tan mal como para que las películas de Jim Carrey se apeguen a la realidad. Lo único cierto es que todos somos pesimistas los domingos.

“Especialidad de la casa: Caipirinha”. A ellos les gusta mucho la multiculturalidad cuando se trata de volverse mierda. Las únicas cosas sudamericanas que están dispuestos a incorporar a su sociedad son nuestros vicios. Ellos nos ven como proveedores de ron y cachaça, no de ideas y mentalidades. Me parece que deberíamos tener un poco más de orgullo regional. Saltarnos los estereotipos. Dejar de mirarnos a nosotros mismos como destinos turísticos y comenzar a tener en cuenta que además somos un caldo de cultivo extraordinario para mentes brillantes. Tenemos todos los elementos, tenemos lo mejor y lo peor. El latinoamericano que sepa ver más allá de lo evidente tiene la capacidad de saltar diariamente entre universos y realidades tan mágicas como disfuncionales. Es un desperdicio vivir en tan fantástico continente y no plasmarlo de manera creativa. Al final es un asunto de autoestima. Genial la caipirinha, por cierto. Ahora Maria G. pasa llorando, por alguna razón. Ella tiene buenos sentimientos, me parece. Es bastante trabajadora, pero carece de cualquier cosa distinta. Es el tipo de persona cuya máxima aspiración es trabajar para otro. ¿Es muy sexista decir que será una excelente secretaria?.

Cuando tomo no soy muy amable. No porque no esté consciente, o porque realmente no piense de esa forma; esas son excusas de cobardes. Lo que pasa es que uno ignora las barreras emocionales. Nos mostramos en nuestra versión más esencial, más pura, más certera. Artigas, según una canción, se la pasaba borracho, lo cual explicaría su frase “Soy poco amigo, Señor, de las formalidades superfluas. La verdad simple y clara es la expresión de mi lenguaje. Sin muchas vueltas, efectividad pura. Alcanzamos a tener un breve vistazo del monstruo interno. Por eso es que la música sigue sonando y la gente sigue saltando. Porque en el instante en el que la música se para todo se cae a pedazos. Ahora los comprendo, si se quedan callados bajo los efectos del alcohol se arriesgan a sufrir una introspección mortal.

Las ratas son animales injustamente estereotipados. Ahora, las palomas son débiles y despreciables, pero nadie dice nada. Todo es una cuestión de relaciones públicas.

Pocas personas pueden vivir con su verdadera naturaleza. Por algo existe el maquillaje. Todas sus actividades son de una forma u otra maquillaje para el alma. En el fondo son más intolerantes con ellos mismos de lo que yo jamás podré serlo. Quizás por eso prefieren mantener todo en la superficie, en el momento. Para ellos no existe ayer ni tampoco mañana. Como una versión degenerada del budismo tibetano. A ellos les gusta pretender que son como son gracias a una especie de generación espontánea. Que no tienen pasado, que simplemente lo único que cargan en el momento son sus ropas. La realidad es que somos más que eso. Somos la suma de nuestras experiencias, todo lo demás es prescindible. Todos tenemos cicatrices. No digo que deberías mostrarlas, pero deberías reconocerlas.  La cosa es tener algo para mostrar además de un escote.

De la nada el brasilero del principio, el vanidoso, comienza a fumar.  Aquí la gente tiene el hábito de armar sus propios cigarros. Compran una bolsa de tabaco y otra de papel, lo que queda es enrollar. Una vez estuve con una tipa que cargaba en su cartera una especie de máquina compactadora que hacía el proceso más eficiente. Ellos dicen que así es más barato. Son los economistas del vicio. De cualquier manera todos lucen como si estuvieran armando un porro. Cuando todo comenzó, nosotros dos éramos los únicos que no fumaban en el país. Fuimos el último bastión libre de alquitrán y nicotina. Y ahora que fuma creo que me siento ligeramente traicionado de una forma muy infantil. Soy una cuaima. Lo miro y lo comprende, sólo dice “Maconha” (Marihuana). Ok, algo inesperado. Sigo mirándolo y me dice “No, es cigarro normal. ¿En serio pensaste que era maconha?“. Otro brote de franqueza: “Bueno, no sé… eres brasilero”. La verdad es que nunca terminaría de sorprender viniendo de un brasilero, hay que coincidir con los portugueses en eso.

El karaoke es increíblemente divertido en el contexto adecuado. Con la versión de Alma Llanera de Simón Díaz y Carla de Yayo y El Cuarteto Obrero. El foco no debe estar en la actividad tampoco, sino en la gente. Ahora incluso le estoy encontrando cosas positivas a Lady Gaga mientras el brasilero me dice “si brindas sin mirar a los ojos son cien años sin sexo según un alemán” mientras chocamos los vasos. Que idiota, pero benevolente. En extremo tonto, pero ha estado en Frankfurt así que algo sabrá de los alemanes. ¿Pero qué coño saben los alemanes?. La única cosa que saben hacer es financiar las vacaciones de Steven Spielberg dándole argumentos para otra película sobre el holocausto. El problema del karaoke en un lugar público es el mismo problema básico de la democracia: Las mayorías son estúpidas. Me doy cuenta de eso cuando deja de sonar If you want blood (you’ve got it) de Ac/Dc para que unos imbéciles me violen los oidos cantando algo cuya estructura musical lleva una mandolina y un acordeón. Por otra parte, lo bueno de que el presente sea una cagada es que el futuro siempre luce más prometedor.

¿Es enfermizo que procure verlos en su infelicidad?. Yo podría simplemente dejarlos ser, si tuviera a alguien más. Pero ya que son lo único, realmente no me gusta que sus planes sean por consecuencia mis planes. Nuestra diversión no tiene que ser irrelevante y superflua, lo dice alguien que asomaba el amplificador de su guitarra por la ventana simplemente para ladillar al saxofonista del edificio de enfrente mientras practicaba. Lo que trato de decir es: ¿Qué queda después del olor a cigarrillo?.

Son demasiado homogéneos. Eso de que no existan diferencias de clases complica todo el psicoanálisis. Todos son iguales, todos tienen demasiados factores en común. Uno no puede saber el trasfondo de una persona por su nombre, a diferencia de en Venezuela. Allá uno conoce a un “Yornaikel Miguel” y ya tiene más o menos un perfil resuelto. ¿Cómo se dirá “date mamagüevo que yo llevo más días al ruedo” en portugués?.

Me desaparezco, me gusta hacer eso, irme sin avisar. Creo que tengo problemas saludando y despidiéndome. Voy caminando con Felipe, que es de Las Azores. Es muy elocuente y su acento es realmente simpático. Escucharlo hablar es agradable, el problema es que está lleno de mierda. Es demasiado pro-sistema, demasiado responsable, demasiado viejo. En su mente él carga con todos los problemas del mundo y uno de hecho tiene que leer todos los libros que recomiendan en la universidad. Es decir, no es un mamarracho. Me gusta ese tipo de gente, pero no confío en ellos. ¿Cómo puede alguien ser libre si no entiende el concepto de “I did it for the lulz?. ¿Cómo puede estar conforme?. ¿Cómo puede no sentir el fuego de querer prenderle fuego a todo?. Es muy poco trasgresor, muy poco innovador, está muy ocupado tratando de no ser ofensivo. Todavía no se ha dado cuenta de que para crear algo, tienes que destruir algo. Nos encontramos a la otra Inês -la antigua, la grupera, la que molesta-. Me pregunta “¿Por qué no fuiste a mi casa?. Felipe fue…” y lo mejor que puedo contestar es “Felipe es simpático”. Dejando así abierta la posibilidad de varias interpretaciones, incluyendo lo que realmente quise decir: No tengo interés, a diferencia de Felipe, en agradarte. Me encanta cuando nada sobra ni falta, la precisión es perfección. Cuando uno intencionalmente es tan indiferente que deja que exista la posibilidad de varias interpretaciones, simplemente para que los demás queden pensando en lo que quisimos decir. Esa indiferencia que sólo se alcanza cuando decidimos que no vale la pena seguir intentando. Al menos así sabrán que no soy un comemierda, que nunca me terminé de leer el artículo de “How to be friends with everyone“.

Arrastro mis pies por el medio de la neblina. La imagen parece más romántica de lo que en realidad es, la neblina es una capa enfermiza de aire pesado. Es vapor helado que te pega en la cara. Tengo las mejillas destrozadas. Pero al menos nadie me va a matar, supongo que eso siempre es un punto positivo viniendo de un lugar como Venezuela. Esta ciudad es en extremo sufrida. Por todos lados hay placas que conmemoran el paso de algún artista. Ellos recordarán la niebla por siempre. Jaime Bayly dice que es cuestión de apreciar los claroscuros, de conocer lo malo para valorar lo bueno. Lo cierto es que hay que ser muy incompetente para no sacar nada positivo del sufrimiento. Comienzo a notar que estoy impregnado con ese aroma extraño de rumba: Colonia, alcohol, sofá y cigarro.

Un día comencé a pensar y desde entonces no he parado. Ustedes representan todo lo malo que hay en el mundo. Destruyen todo lo que tiene de hermoso. Convierten  las experiencias más grandiosas en episodios insignificantes. Le quitan todo el valor a la música, al sexo, la violencia y el amor. Le ponen precio a todo, toda diversión acarrea un consumo mínimo. Todo es efímero, nada permanece. Son, sin saberlo, más pesimistas que yo. No hay idealismo que valga. No hay meta, ni lucha, ni sueño. Somos la generación del vacío. Y adentro hay algo que falta, puedes no saber qué, pero sabes que definitivamente así no se va a llenar.

Se piensa más lo que se calla que lo que se dice.

¿Qué tan legítimo es que me queje mientras los saludo diariamente?. La cosa es, ¿está bien ser un observador cínico de la realidad o es simplemente hipócrita?. Quedarte mirando para luego irte a criticar. Aunque, después de todo, lo único que tenemos para aportarle al mundo es nuestra visión subjetiva. A la gente le encanta la realidad, a la gente le encantan otras realidades. Yo puedo aportar eso, siempre lo haré. Es la magia de que tus pies no determinen tu velocidad. Sin importar el lugar, mi mente ya estará en la otra acera. Por tanto, no debería sentirme culpable por ir al comedor con la misma gente a la que maté unos párrafos más atrás. Digo, si ya lo piensas, al expresarlo simplemente estás siendo coherente contigo mismo. El verdadero acto de hipocresía sería dejarlo morir como un pensamiento suprimido.

Ahora estoy aquí, un par de días después, y siento que voy a expulsar mis pulmones. Desperté con ambos orificios nasales completamente obstruidos. Uno con mucosidad y el otro con sangre coagulada extendiéndose hasta mi boca. Al final lo que queda luego del olor a cigarrillo es flema y sangre. Los rusos me envenenaron, lo cual es extraño, porque siempre pensé que lo haría el G2 cubano. Quizás la KGB y el G2 tienen un convenio, como las universidades. La garganta pareciera estar forrada con papel de lija.  El polonio 210 no es muy placentero, Alexander Litvinenko y yo sabemos de eso. Mientras mis fluidos se dirigen a una magnífica convivencia con las aguas de la ciudad, pienso que la neblina está en mis pulmones, en mis ojos y en mi garganta. Que cuando esté en mi cerebro me habrán ganado. Y seré nubladamente feliz. La sangre es la constante. De la misma forma en la que siempre seré un corresponsal de guerra. Incluso ante la ausencia de una, siempre habrá algo que contar. Yo soy la guerra. La sangre es la violencia, los nombres y el riesgo. La sangre es tu redacción frente a la reacción de los demás. La sangre termina eventualmente salpicando a todos. Se trata de tirar la piedra y exhibir orgullosamente la mano. Incluso estando recluido en un geriátrico podría estar hablando de las tragedias ocurridas en la guerra entre beduinos y robots que se desarrolla en el Sahara de mi imaginación.

El mundo merece conocer las atrocidades que son capaces de cometer aquellos seres desalmados que llevan circuitos en lugar de corazones.

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7 comentarios en “Cartas desde el vacío

  1. Siempre un gusto parar y tomarse un tiempo para leer tu blog. No me gustan los cumplidos: no me gusta recibirlos y me siento “sucia al darlos (una completa jalabolas, me siento) pero me gustas como escritor. Este escrito en especial y el de la “Tragabolas”, aunque confieso que tengo que agarrar un tiempo para tratar de leer todos los posts. Tus escritos no son un montón de retórica rebuscada ni un montón de frases hechas, sino la expresión de lo que piensas sinceramente y me da la impresión de que a veces sobrepiensas…eso es genial porque nunca me aburro con tu trabajo. Me da cosas en las cuales sobrepensar.
    Lo de los cumplidos es un fetiche muy personal una gran enemiga mía decía algo muy interesante sobre los cumplidos: “cuando alguien te halaga es para joderte o darte más trabajo”. También algo sobre los aplausos: “igual te aplauden para felicitarte como para decirte que te vayas”…en tu caso simplemente te pusiste el culo muy alto y cuando empieces a degenerar y a ser aburrido yo estaré aquí para verlo. Sinceramente, espero que falte mucho para eso.

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  2. Luego de leerlo todo (acoto, simpatia, razon y cordura no son mis mejores cualidades) y un par de (: comentare de forma mundana que me gusto tu post, me gusto en ese sentido de: been there, done that, aca es tarde, y eso tendra como consecuencia que mi comentario no se alargue demasiado, sin embargo termino leyendo y pienso, pienso que “llegue” a ser “nihilista” en EU,es en Venezuela el tipo de critica otro?… Cambiando el tema, es bueno reafirmar que no solo existe la pluralidad de personas, sino tambien la pluralidad de personas pensantes (sin hincharse tanto el ego)

    PD. no se donde carrizo se ponen las tildes en este teclado, mis disculpas.

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  3. Por otro lado me has recordado mi fastuosa adolescencia. Supongo que es una ventaja haber leído a Erich Fromm en esa época dificil…su trabajo ahora me parece medio mierdero pero en esa época me hizo sentir que no había problema: “chiquilla, sólo enfrentas el drama del hombre moderno y postmoderno”. Me hiciste caer en cuenta de lo profundamente sociópata que me he vuelto, soy capaz de mantener dos horas de conversación con un tuki sólo por vivir el momento, que yo llamo “exprimir” al interlocutor sólo para saber como piensa siente y hacerle creer que estoy en sintonía con él, en fin divertirme. Es algo morboso y también cansa, también te sientes solo en un mundo donde la mayoría de la gente es fácilmente descifrable. Pero también tengo amigos de verdad con los que tengo conversaciones interesantes y una conexión real, claro: son contados. Lo más difícil para mí ha sido conseguir una pareja con la cual quiera pasar de los tres meses de dopamina a full chola, pero por el momento no es un problema para mí. Supongo que el reloj biológico no ha dado la alarma todavía, ya veremos a los 30 que dice.
    Lo de que la mayoría de la gente es buena gente… difiero mucho de eso. La mayoría de la gente es mala apenas tiene la oportunidad, pero esto es algo que entenderás conforme vayas agregando años a tu cuerpo o vivencias desde el fondo del barranco, nadie te lo puede explicar. Pero concuerdo contigo en que ser bueno no representa ninguna virtud…ser totalmente malo eso sí es admirable: no cre que haya existido una sola persona así con excepción del unabomber (y sin embargo tampoco lo alcanzó porque en el fondo sus intenciones eran buenas). Cuando digo admirable no es que deba ser admirado o ensalzado y que es el ideal al que deberíamos aspirar, sino que sería extremadamente raro y digno de verdadero estudio. Después de todo ser bueno te da la alegría momentánea de ser aceptado por los otros. La maldad pura tendría la soledad absoluta como resultado para el practicante ¿o no? Que la bondad pura haya existido alguna vez: no lo dudo, la maldad seguro que no.

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