Cachito de jamón

Ilustración vilmente pirateada de Bol Pereira (Roncove).

Antes que nada, un saludo bolivariano y revolucionario.

Es jodiendo, las cosas han cambiado pero no tanto. Te escribo no como una justificación ni una excusa, sino como una disculpa. Tú me conoces, no te mentiría. Cuando las cosas llevan mucho tiempo siendo extrañas, no pueden ser realmente extrañas. Como dice Led Zeppelin, “been dazed and confused for so long it’s not true”. Te escribo esta vaina porque nunca te lo conté como debía. Tampoco pretendo convencerte porque para andar convenciendo gente ya están los evangélicos. La gente que te conoce, te conoce. Y la gente que te conoce te puede volver mierda, fácil. Saben cómo te abres, cómo te cierras, cómo funcionas. Pueden notar cuando hay algo inusual. Y esa es la ventaja que tienen sobre ti: todos están más seguros de conocerte que tú mismo.

Déjame ponerte en contexto porque no sé hasta qué punto estabas consciente de mi situación sentimental. Comienzo por decir que al principio de todo ella me dijo “Me cae bien, es como tú”. Quería explicarle que yo soy más como yo, pero en ese entonces no importaba. Porque soy tan impuntual que hasta a ella llegué tarde. Y a pesar de todo, es cierto que no puedo decir que no me lo advirtió. Ella me dijo, pero pareció encantador. Me pregunté en voz alta, “¿Te acuerdas cuando era divertido?” y ni pude acordarme de cuando era. No fue. Todo estaba aberrado desde el principio. Se veía venir porque pedía a gritos por el desastre. A veces las cosas están configuradas para que vayan mal. Como si estuvieras maldito. ¿Nunca te has puesto a pensar que quizás la culpa de todo la tiene un mal de ojo que te echaron?. Estamos malditos con pura ira wayúu. Cuando vengas hacemos nuestra propia purificación santera de esas en las que te escupen ron y tabaco en la cara, seguro que en google se consigue algún tutorial. Botar los demonios y arreglar las cosas de una vez por todas. Ya sé que el árbol que nace torcido nunca se endereza, pero dile eso a la fe y a la ganas de creer que no todo está perdido. Sé que los planes suelen irse al carajo y por eso el mejor plan es no hacer planes, pero la espontaneidad es la hermana bonita del caos y en cualquier caso al final son lo mismo. Aquí uno tiene que tener cierto cuidado porque sabe que todo plan fallido puede terminar con una invitación violenta a hacer turismo rural por el interior de la selva Colombiana. Pero el asunto es que fue muy espontáneo. Te advierto que ese día vivimos por todos los años de animación suspendida así que deberías ir haciendo cotufas porque esto va a tardar.

Chicho tocó el intercomunicador como a las cuatro de la tarde. “¿Cómo atardeció el señorito?” . Por alguna razón había quedado en acompañarlo a hacer unas mariqueras, y luego íbamos a tu despedida en la noche. Mañana iba a tocar la banda esa de gordos sobre la que hacíamos chistes. No sé si te acuerdas, “están partiendo la tarima”,son rock pesado”. A él no le gustan, pero a ella le gustan y a él le gusta ella; un silogismo pues. En el camino me hablaba de que yo era el que estaba jodido, que no se qué, que yo y mi papel eterno de ser lo que los gringos llaman “emotional back-up” y otras cosas que no vienen al caso. Pero andaba en mi mundo, como siempre. Justo antes de que me viniera a buscar estaba escribiendo algo que más o menos se me ocurrió en un sueño. Bueno, no se me ocurrió ni tampoco fue un sueño, pero ya sabes como son estas cosas. El punto es que recuerdo perfectamente lo que dejé en Word antes de salir:

Dale que no vienen carros.

Lánzate a la vida. Piensa positivo. Come saludable. Acuéstate temprano. Baila. Sonríe. Deja atrás a los demonios de la autocrítica mezquina. Participa. Vive. Escucha. Siente.

Y un autobús se lo llevó por delante.”

Dale que dale con que yo era un caribeado sentimental, gran vaina, por lo menos yo no me calaba bandas de mierda por nadie. Y es que yo conocía a esta chama, no era algo siquiera disimulable. Quizás él andaba en esa etapa en la que uno se mojonea a propósito, ¿sabes?. Que dices “no, seguro está mirando al vacío con la boca abierta en silencio porque tiene un pensamiento súper profundo que no puede compartir con nadie”. Pana, no. Está mirando al vacío en silencio porque es una descerebrada, no está pensando en nada en lo absoluto, no le des más vueltas, no te convences ni a ti mismo. Ya en el carro me llegó un mensaje, él intuyó todo y sólo me dijo “para ella eres un chiste”. Yo no dije nada, pero pensé “mientras se ría soy feliz”. Lo cual, ahora que lo veo, es medio patético. El mensaje decía “¿qué haces?, te extraño”. Pensé en responder “¿y eso que me extrañas?. ¿Qué pasó, el otro pana no te para bolas?” pero me pareció muy pasivo-agresivo. Le respondí algo honesto –ignorando la otra cosa honesta, pero igual-, “Saliendo a hacer unas vainas. Yo también te extraño”. Porque cualquier cosa es más digna que cuaimo-absurdo. Entonces en la radio comenzó a sonar “Vampiro” de La Seguridad Nacional y Chicho dijo que escuchara porque era sabiduría de varias generaciones de hombres hecha canción. La letra escupía: “Siempre está deseando más, chupándome la sangre está. Siempre está deseando más, y no la puedo, expresar. Porque es un vampiro, vestido de mujer. Porque es un vampiro, que me quita el poder”.

Lo que pasa es que el intermedio confuso y volátil engancha. Sigues pegado por pura curiosidad. Como cuando llevas mucho tiempo viendo una película malísima pero si ya te la calaste hasta ahí te vas a obligar a verla hasta el final. Luego está la intriga. ¿Pero por qué no me mata, si claramente no soy suficiente?. Como dice Beck: “Soy un perdedor. I’m a loser baby, so why don’t’ you kill me?.”. No entiendo el énfasis en dejar morir para luego mantener las cosas a punto de reanimación cardiopulmonar y desfibriladores. Todas las analogías son muy violentas cuando se trata de esto. Como los secuestros. Si no te matan es porque sirves para algo, porque les eres útil, porque de cierta forma te necesitan. Lo que realmente sorprende es el Síndrome de Estocolmo y la falta de dignidad que trae el descubrimiento de que tu ego no es suficiente y que el orgullo no alimenta.

Como sea, Chicho quería impresionar a alguien y uno que es solidario acompaña en esas cruzadas hormonales de cualquier manera, ya sabes como funciona. Pero te digo, viéndolo en retrospectiva, que ladilla todo. La superficialidad loca de esa ciudad de mierda. La cultura del novio vitrina, del novio que combine en la fotico. Especialmente la dinámica de los círculos de mierda. El novio cartera, el novio accesorio. El hecho de que todos se conozcan e incluso sin conocerse, ya se conocen y ya tienen historia. Todos son el hermano de alguien, el primo de alguien, el amigo de alguien que una vez me miró feo y por eso “marica nada que ver, yo que te lo digo, no te conviene”. La cultura de acá no es más que en un par de carajitos matando queso en la última fila del cine del Sambil. Y nunca será más que eso, ese es todo nuestro folklore y eso será todo lo que los futuros antropólogos dirán de nuestro estilo de vida.

¿Nunca te has dado cuenta de que la sabiduría popular es incoherente?. Vamos a ver si unificamos criterios en torno a los refranes. ¿Cómo es la vaina?. ¿“El que muestra hambre no come” o “el que no llora no mama”?. Honestamente, vamos a utilizar los proverbios de forma responsable. Especialmente si pretenden que sean guías para la acción. ¿Si te digo lo que pienso sueno desesperado?. ¿Si no te lo digo soy desalmado e inexpresivo?. Si dijiste algo, quisiste decir lo otro. Si no dijiste algo, quisiste decir lo otro también. Y si dijiste lo otro, no quisiste decir nada. La cuestión de semántica y semiótica más tonta en la que he estado envuelto en mi vida. Lo cómico es que después salen perlas que van de algo así como que nadie le echa bolas y todos se rinden. Dejemos los juegos, seamos gente seria. Además, creo que todos podríamos coincidir en que nadie quiere morir solo, con veinte gatos y seis matas de sábila como única compañía. Así que por favor, ahora que hay tiempo para evitar eso, dejémonos de mariqueras. Uno no es la gran vaina, pero coño, mejor que una mata de sábila es. Aunque, en defensa de la mata, probablemente traiga menos problemas. Pero igual, es indigno que esa mata sea la competencia. Y ese pana también es tremenda mata de sábila, porque sí, hay gente que también puede ser una mata. O peor, una lechuga, ese carajo es una lechuga. Una lechuga sentada en una silla, así de interesante es. Y a ella parece gustarle mucho la lechuga, el coñísimo de su madre.

Lo más difícil es la obsesión malsana. Hay que matar la angustia de querer hablarle haciendo otras cosas, comunicando otras cosas de otras formas y a otras personas, en otros formatos. Deja la cocaína. La dependencia y las recaídas, el hype y luego ese barranco. Cada vez que sientas el impulso, escríbelo, patéalo o trótalo. ¿Ves?. Ya entonces es por lo menos una obsesión malsana pero productiva.

Chicho seguía hablando, pero esta vez de él (que para este momento significaba hablar de su ella). Yo estaba, de nuevo, distraído. Estaba en un estado de indiferencia, de verdadero nihilismo. No creía ni en mi propia existencia. No lo digo de una forma depresiva, para nada. En ese momento lo pensé así: si una gandola chocara al carro, no me importaría morir. Lo que pasa con ese tipo de cosas es que nadie quiere realmente morir desfigurado, achicharrado entre metales retorcidos, y mutilado hasta la inexistencia. Es heavy, más heavy que la banda de gordos esa. Ahí pregunté algo que ya debía haber preguntado hace mucho, “¿qué vamos a hacer?”.  Aparentemente íbamos a casa de un tipo que tenía unas entradas y las estaba regalando. Llegamos a una urbanización de esas que tienen a un viejo bigotudo dentro de una caseta para dar una ilusión de seguridad. “Buenos días, familia García”  dice Chicho con una sonrisa. El viejo casi como un reflejo levanta la mierda esa (sé que eso tiene un nombre, sólo que no me acuerdo… mientras tanto es “la mierda esa” y ya). Luego mientras sube el vidrio me mira y dice: “ni idea de su apellido”. ¿Quién quita que su apellido sea García?. La casa era blanca, tenía una reja de esas de puyitas, y unos números plateados debajo del “Quinta nombre de un santo aleatorio”.

Hay una señora simpática regando la grama afuera. Mientras nos bajamos nos pregunta que si somos amigos de Rubencito. Yo, que no tengo la más mínima puta idea, hago lo que uno hace en ese tipo de situaciones: responder con convencimiento.

-¡Claro que sí, desde preescolar!.

Ahí Chicho me pega en el brazo y dice:

-No, somos amigos de Jorge.

La señora se veía realmente desilusionada. No sé por qué, pero quería mucho que fuéramos amigos del tal Rubencito. Nos dice que pasemos, que Jorge está siendo “una porquería de muchachito” en su cuarto, “como siempre”; puro amor de familia. La casa es una de esas típicas casas fruto del venezuelan dream de mediados del siglo pasado, si es que existe tal cosa. Me refiero a ese orgullo que se hereda con los muebles de madera y los manteles de flores. La cerámica como decoración, el altar a alguna virgen y otro a la familia en el que se mezcla la foto de un viejo decrépito encorbatado con la de una treintañera tetona con dos carajitos en Orlando.
Jorge tiene la puerta trancada y en ella un montón de calcomanías de marcas de patinetas y equipos de fútbol. Ya conoces los modales de Chicho, así que en lugar de tocar lo que hizo fue darle un manotazo a la puerta mientras la abría y gritaba “¡Deja de hacerte la paja nojoda!”. Confieso que luego del grito mi cerebro se imaginó una escena desesperada de conservación de la dignidad, con pantalones siendo subidos y porno de caballos por todas partes. Pero no fue así, simplemente había un gordito con media cara metida entre las almohadas cambiando los canales de televisión.

Marico, deja la bulla.

No sé si alguna vez te conté que cada vez que veo a un gordo acostado me da una sensación de ahogo terrible. No sé, como que me pongo en su lugar y me siento asfixiado. Y cuando los veo intentando acomodarse en el colchón y simplemente todo parece írseles encima es peor. Hay demasiada masa como para que no se sientan oprimidos. Sé que el tórax y toda la estructura ósea en general de alguna manera compensan, pero es que tendrías que ver las cosas que yo he visto. Es como, un puff intentando sentarse sobre otro puff. He hecho mis encuestas, y ellos aseguran que no se sienten ahogados. Pero es que… olvídalo, lo dejo así porque ya me está angustiando escribirlo, de pana.

¿Qué más?. ¿Todo bello?.

El pobre Jorge respondió con un sonido que no llegó ni a onomatopeya. Uno de esos lamentos miserables que son una mezcla entre “meh” y “bah”.

Habla pues, gordo marico. ¿Tienes gripe?.

Para ese momento ya comenzaba a pincharle la panza y a toquetearlo de esa manera que los gordos parecen provocar. Y uno que, coño, es más sutil, nota que el tipo simplemente no está para esas vainas. Entonces le dije que dejara al pana en paz.

El gordo me miró con el único ojo que no estaba hundido en las almohadas y movió el cuello un poquito, como la reverencia asiática más floja que hayas visto. Chicho le bajó a su ritmo un poco y comenzó a mirar al cuarto, yo hice lo mismo. Sobras de comida, varios vasos, media botella de cocuy, una cajita con un peluche, papeles escritos con bolígrafos fosforescentes y fotos de una mujer. Ahí se hizo obvio: el gordo estaba despechado. El gordo estaba muerto. No, mejor dicho, al gordo lo habían matado. Ella lo había matado. Estábamos en la escena de un crimen y todo lo anterior era evidencia.

Sólo habría podido ser más obvio si lo hubiéramos encontrado tirado en una esquina cantando “¿Y cómo es él?” de José Luis Perales. No nos quedó de otra que aceptar el derrotismo y entender que lo que sea que vinimos a hacer sería fruto de la paciencia. Yo me senté en la silla de la computadora y Chicho en la cama con la espalda contra la pared, a los pies del gordo Jorge, que dejó de pasar los canales y se quedó en un episodio de Seinfeld. Era el de “The opposite”, en donde George está en un dilema existencial y entonces Jerry le propone hacer lo opuesto a lo que siempre hace, para que todo salga bien (“If every instinct you have is wrong, then the opposite would have to be right”). A mi me gusta Seinfeld, pero me ladilla un pelo. Es muy mundano, y uno no paga el cable para ver cosas mundanas. Giré la silla y moví el mouse como instinto para quitar el salvapantallas, no quería realmente ponerme a jurungar. Estaba abierta una página y en ella una diapositiva con la frase de alguien que se me quedó grabada: “Si destruimos en la ficción e inventamos futuros propios, tal vez salvemos a la realidad.”

Ya el episodio se había terminado hace quince minutos y Jorge seguía sin decir nada. Chicho entendió que alguien iba a tener que abordar el asunto si no queríamos comenzar a deprimirnos también y dijo:

-¿Qué te hizo?.

Jorge se secó la baba, se levantó un poco para quedar recostado contra la pared también, y sólo dijo: “Me dejó”.

-¿Y esa vaina?.

El resto ya fue mitad sonidos guturales de quien habla por primera vez en tres días y mitad incoherencias. Así rescatando por encima lo importante para que entiendas, básicamente ni el tipo sabía, pero dijo que en medio de las excusas había un “hay otra persona”. Por alguna razón Chicho se toma esto de –lo que él piensa es- la infidelidad en las relaciones ajenas bastante a pecho. Es como si le tocara una fibra personal, quizás tiene algo que ver con el divorcio de sus padres. Es un justiciero, muy a su manera.

Ya va, ya va… ¿Cuándo conoció al mamagüevo?.
-Bueno… dijo que ya llevaba más o menos un mes pero que no habían salido ni nad…
-¿CÓMO ES LA VAINA?. ¿Andaba en una de machuque con ese carajo desde hace dos meses y tú como un güevón?.
-Coño es que no lo entiendes, también fue mi culpa. Ella dijo que él la complementaba mejor y que…
-¿ELLA?. Ella es una puta, Jorge. Jorge, tu novia era tremenda puta.
-Marico, no hables así de ella.
-Seguro en este momento debe estar llevando güevo parejo por esa jeta.
-Marico, por favor, no hables así de ella.
-Es más, seguro que de cierta manera indirecta tú también se lo mamaste a él.

Ahí me tuve que meter. Uno no puede pretender ser Suiza en una situación así. Y coño, vamos a llamar las cosas por su nombre, Chicho es una rata. No importa lo bien intencionado que esté, uno no puede quitarle a coñazos la negación a una persona. Lo que le estaba haciendo era una lobotomía verbal, una crueldad vale. Además de que no estaba siendo objetivo (ok, Jorge tampoco), ya eran dos locos guiados por emociones. Es como ver a dos borrachos peleando duro con botellas rotas y tener la absoluta certeza de que en el fondo ninguno de los dos sabe por qué coño lo están haciendo.

Pero hay que comprender a Jorge. Lo peor es ese sentimiento que queda, ese “¿y ahora qué hago con todo esto?”. Entendiéndose por todo esto cualquier cantidad de emociones que provocan la imagen mental de querer meterte un pitillo en el pecho y luego drenar violentamente. Y con tantas pastillas que hay todavía no han inventado una para eso. Tiene que sacarla de su sistema, a punta de lo que sea. Porque es exactamente como la canción de The Libertines que dice “if you really need it, you just won’t leave it behind”. Eres un junkie; lo tuyo es eso, lo tuyo es ella. Tienes que ir a rehab y empezar la detox (¿a los gringos les quitan la nacionalidad si dicen el nombre completo de las cosas?). El problema es que los viciosos son demasiado consistentes. Pero nada de remplazar, eso siempre me ha parecido bastante comemierda de parte de toda la gente. Además de que con su puntería y torpeza si intenta sacar un clavo con otro clavo probablemente quede con dos clavos –adivina- clavados. Luego tenemos que, para empezar, si una persona se puede remplazar con otra entonces era demasiado nula como para siquiera importar. Y en general eso de superar a alguien usando a otro alguien es muy interesado. No sé, es bien utilitario. ¿Sirve?. ¿Es chévere embobar a una persona para aprovechar sus sentimientos como un peaje mientras salen de un estado mierdero y esperan entrar en otro mejor?. Las personas no son trampolines, aunque el mundo sería más divertido así.

-Calma los dos. Y voy a tener que ser la voz de la razón. Mira, Jorge cree en la presunción de inocencia y eso está bien.
Qué inocencia ni qué coño!. Mira como dejó al carajo, míralo, de verdad, míralo.

Y lo miré, no sé por qué, lo miré y realmente se veía distinto a como se veía cuando entramos. Estaba real, estaba transparente. No estaba en el mundo de ausencia que había creado y que se mantenía separado de la realidad por una barrera de saliva. Parecía que iba a llorar y todo.

¿Te parece justo?. Míralo como lo dejó, lo dejó tomando cocuy. Marico, cocuy. ¿A ti te parece que este carajo no tiene para tomar algo más decente que los indigentes?. ¿Ah?. Pero si es que la puta esa le robó hasta la clase. Lo que le falta a esta vaina es un vallenato y ya estamos en una taguarita de mala muerte. Esto es un crimen y esa caraja merece cárcel.

¿Cómo le voy a discutir eso?. De verdad que le quería encontrar un punto medio a la situación. Pero coño, ¿cocuy?. Esto ya es un delito de lesa humanidad. Destruyó años de educación y crianza familiar para dejarlo convertido en un recogelatas. Esa mujer le quitó la dignidad, el buen gusto y encima le implantó la idea de que se lo merecía.

-Jorge… tu novia era una puta.

Se partió a llorar, amigo, una escena lamentable. Chicho y yo no sabía qué hacer así que simplemente lo abrazamos y acompañamos en su duelo. Si nuestros abuelos nos hubieran visto estarían avergonzados, que es una manera de decir que nos caerían a coñazos pues. Él se había vuelto dependiente, pero ella no existía. Existía la idea. La abstracción en su cabeza, la misma que se encargaba de rellenar todos los vacíos con una imaginación que trabajaba para justificar todo el fastidio sentimental.

Ella era mi gran ballena blanca, coño.

Chicho y yo nos miramos simplemente para llegar a ese acuerdo gestual que significaba que ninguno de los dos sabía de qué estaba hablando Jorge.

-…Y yo la tenía.

Ahí fue cuando pillé la alusión a Moby-Dick. Cosas del cocuy, supongo.

¿Tú has sentido lo que es tener a tu gran ballena blanca?.
-¿Cómo así?.
Una caraja, que tu vas, y dices “coño, si es alguna, esta es”. Que no te deja otra opción sino perseguirla aunque sepas que va a terminar mal. Esa es tu gran ballena blanca.

Lo peor es que ahora lo pienso y tenía toda la razón. Su explicación, dentro del absurdo, tenía sentido. Ya me estaba convenciendo de que su estado emocional era racional cuando –gracias a Dios- Chicho dijo:

-Déjense de mariqueras y de grandes vaginas blancas y compórtense como gente seria.
-Jorge, Chicho tiene razón –para disimular el hecho de que seguía siendo ofensivo sin ningún motivo y que alguien debía darle un coñazo-. No puedes atrapar a la gran ballena blanca. Y si lo intentas vas a llevar a toda tu tripulación a la muerte. Por eso es la gran ballena blanca, eso es lo que la diferencia de los otros peces.
Mamíferos, es un mamífero.
-Lo que sea, Jorge. No la puedes meter en una jaula, déjala.

Me recordó a mi mismo, ¿sabes?. Eso es empatía, significa que alguien consiguió el asombroso logro de hacerte ver las cosas a su manera. Yo a ella la quiero agarrar y poner en una jaulita. Pero no puedo, porque nadie es dueño de nadie. Porque no la quiero amarrar, quiero que sea libre, lo cual es terrible al mismo tiempo. No es como si pudiera conservarla metiéndola en un tupperware o envolviéndola en papel aluminio dentro de la nevera. Eso sólo lo pueden hacer los asesinos en serie. Así que solidaridad con el gordo y sus razonamientos de vikingo despechado.  Ya llevábamos casi una hora y media ahí en medio del flujo de emociones más extrañas en mucho tiempo. La paciencia se agota y ya habíamos alcanzado una resolución obvia. En ese momento me llega un mensaje y Chicho dice:

Verga que ladilla con esa otra puta de mierda.
Imbécil, es mi mamá.
-Ah. Saludos, que te estoy cuidando bien.

Básico, simple, efectivo. Así que llegó el momento de hablar de negocios. Chicho de una manera más o menos sutil le dijo que nos teníamos que ir y que nos diera lo que vinimos a buscar en primer lugar. Ahí fue cuando nos dio una respuesta que nos sincronizó a los dos en el mismo estado: arrechera. “No marico, yo no tengo las entradas”.

Nos habíamos calado hora y media de despecho depresivo por nada. Él y el arrastre de su guayabo succionador de energía vital, un compromiso emocional bien ladilla y del que aparentemente no íbamos a obtener nada, salvo otra crónica sobre el patetismo.

Nojoda. Tú me dijiste que las tenías.
-Las tenía pero se las di a Rodrigo.
-¿El Rodrigo?.
-De bolas, El Rodrigo. Yo le dije que ya te las había prometido a ti, pero tú sabes como es él de convincente…
-Sí, maricón, muy convincente. Lleno de plata es lo que es, me vendiste.
-No sabía que te importara tanto.
-Coño pero si te lo dije fue por algo. Nos tienes acá calándonos tus peos y eres incapaz de decirlo al principio. Nos pudimos haber ahorrado todo el cuento del otro carajo acabándole en las tetas a tu novia.

La botella de cocuy voló por los aires buscando nuestras cabezas mientras salíamos corriendo de la casa. Nos había hecho prisioneros de su despecho durante media tarde, pero al menos Chicho no se tuvo que guardar esa última imagen mental ofensiva sólo para él. En definitiva una de esas cosas que cuando no hacen que termines en la clínica te parecen divertidas.

De vuelta al carro le digo que ahora que no teníamos nada que hacer, que me llevara al centro. Te quería comprar un regalo a ti, que mariquera. Pero es que pensé que en vista de que te ibas al carajo, tenía sentido. Él no dijo nada, sólo prendió la radio justo cuando Los Amigos Invisibles decían “¡Piazo e’ perra, uh. Descarada, ah. Piazo e’ perra, uh. Descarada, ah!. ”. Y entonces dijo que hoy la radio me estaba tratando de decir algo.

Que maldito. En un semáforo quedamos atrás de una camioneta con obreros, eso siempre es un poco incómodo. Como cuando en la cola llega un niño de la calle a venderte cosas y tienes que hacerte el loco subiéndole la ventana mientras lo ves venir. O peor es cuando ya tienes la ventana arriba y el niñito está ahí chupándote el alma con los ojos. Una vez cuando era pequeño mientras cenaba vi en la tele a unos huelepegas de mi edad diciendo que lo hacían porque les mataba el hambre. Nosotros siempre hemos sido como una burguesía avergonzada. Tú y yo dentro de todas nuestras tragedias personales siempre hemos sido muy afortunados, tienes que estar claro en eso. Aquí existe como una burguesía de closet. No me refiero precisamente al dinero o a las posesiones, es más sobre el conjunto de posibilidades que tenemos y los otros no. Por alguna razón no nos gusta sentirnos afortunados, aventajados. Sentimos que nos quita mérito. El otro día leí que catorce millones de personas viven en ranchos, eso es prácticamente la mitad del país. En ranchos: vainas a las que ni se les pueden decir casitas. Ranchos, pana, ranchos; de esos que se ven tan bonitos flotando en el río cuando llueve. Luego crucé esos datos con otros sobre la distribución de audiencias en la televisión del país, dicen que sólo el 34% de las personas ven (o lo que es igual, tienen) cable. O sea, 66% del país limitado a las noveluchas de turno en los canales nacionales. Mucha gente subestima esto, mucha gente no se ha dado cuenta de que su percepción de la realidad viene filtrada por los medios. No se han dado cuenta de que en mayor o menor medida, a todos nos ha criado la televisión. En eso hay que darle razón a los paranoicos. Hay mucha gente cree que sus decisiones no están influenciadas por el mercadeo y los agentes de relaciones públicas. Es más, hay mucha gente que todavía piensa que sus gustos personales son realmente personales. Ilusos. Esta no es la patria de Bolívar, es la patria de Cisneros. La culpa de todo la tiene Venevisión y Miss Venezuela. Las misses están sucias. Los medios te bombardean con señales vagas de lo que deberías ser, si quieres llegar a ese estilo de vida que te venden. Lo que no te dicen es que simplemente nunca podrás ser así, las cosas están configuradas de esa manera. Bienvenido al maravilloso mundo de ser un acomplejado resentido de mierda, como el resto del país. Sobre los obreros, yo siempre he reivindicado su labor. Hay que ponerse en su lugar. Levantarte a las cinco de la mañana para construir edificios en los que nunca podrás vivir. Lo mínimo que les podemos retribuir es la libertad para sadiquearse a las mujeres con confianza. Y a ellas también les gusta. Claro que sí. ¿A quién no le gustaría un piropo cochino de lo que parece ser un boliviano de mediana edad con bigotico de violador?.

Ahora ya en serio, más respeto para los obreros.

Siempre que estoy en una situación en la que las desigualdades llegan a doler recuerdo algo que dice mi papá sobre los perros callejeros: “En esta vida hasta para ser perro hay que tener suerte”. Y cuando uno sale un poco de ese triangulito geopolítico de la ciudad se sienten muchas de esas desigualdades. El centro es un punto de convergencia interesante. Tumbamos todas las casas coloniales para dárnoslas de modernos y construir unas porquerías de edificios grises. A nosotros nos da como pena darnos cuenta que llevamos un par de siglos en esta mamarrachada, así que es mejor pretender que antes no había nada, que acabamos de llegar y que no tenemos culpa de nada. Caminamos un poco y entramos a una de esas tienditas que parecen simplemente vender al universo entero adentro. El señor detrás del mostrador debería tener como setenta años, era bastante gestual. De esos que podrían haber sido presidentes en otras circunstancias.

No llevábamos ni un minuto curioseando las vitrinas cuando el señor preguntó “¿Un regalo para la novia?.” A lo que Chicho dice “No, él es el novio suplente.”. Que ladilla con el temita, tuve que explicar todo, para no ceder terreno. Decir que no era nada, que era una situación un poco más compleja que eso. El señor se rió y dijo:

Yo también tenía ese problema. Y me afectaba mucho. Cuando las cosas me afectan lo somatizo todo. Dormía mal. Porque, claro, me tiene con la cabeza hecha nada. Y entonces no sólo me quita el sueño, sino que cuando logro dormir, viene y me mata en una pesadilla.

Se guindó, básicamente. Pero le pregunté, porque se emocionó y eso siempre hay que estimularlo en los demás.

¿Y qué hizo?.
-Yo dije, “ya basta ya, carajo”. Porque un hombre tiene que hacerse respetar.
¿Y cómo se supone que se hace eso?.
Bueno, ahí tienes que decir: “¿Qué tú quiere?”, como puertorriqueño. Eso es suficiente. Si quiere algo, que te lo diga, pero que no te tenga ahí como si te estuviera haciendo un favor al tenerte como una opción. Nojoda, ¿qué fue?. Uno tiene que tener su orgullo.

El problema es que todos parecen tener una idea de cómo arreglar tus problemas. Pero todos están peor que tú. Y disculpa, pero no hay manera en el mundo que lo que ellos sugieren sea lo correcto. Simplemente no la hay. Estar como ellos no puede ser estar bien. Ese es el problema con los terceros. Todos tienen un interés personal. Por eso las relaciones deberían ser herméticas y ya. Porque uno no puede andar controlando los rencores ajenos. Y no importa que te digan “yo sólo te quiero ayudar” porque de bolas que todas esos “consultores” tienen un interés personal, siempre hay intereses. Entonces, mientras nadie tenga una solución viable que no implique volver mierda lo que la mayor parte del tiempo es algo productivo, no se debe escuchar. Y eso es lo bueno de escribirte, porque tú también ya me habrías interrumpido mínimo tres veces para decirme güevón (ahora puedes esperar que termine de echar el cuento, reflexionar y decírmelo de cualquier manera). Lo que proponen siempre me lleva a la tentación de agregarle mentalmente a todas las canciones un “… you fucking ungrateful bitch” al final. Eso tiene que ser evitado. De la nada se sale de control y lo impregna todo. Porque, verás, ella se convierte en un ruido de fondo, como la estática al prender el televisor o esa frecuencia extraña que escuchas cuando todo está en silencio e intentas dormir. Eventualmente llegas a la ceguera total y termina siendo algo completamente sin sentido.

Le pregunté al señor si de verdad había logrado sacarla de su cabeza. Me dijo “A veces todavía pienso en ella. Pero pensamos igualito, por eso yo sé que lo sabe. No necesito decírselo, chamo, era algo impresionante, era como hablar conmigo mismo, con un yo al que también le tenía ganas.”. Seguí con el tema y le pregunté qué había sido de ella, que si simplemente se despegó. Dijo que eso fue cuando era un poco mayor que yo, que la vida sigue, que después conoció a la que ahora es su esposa, que la otra se casó y se fue del país. ¿Cómo alguien puede salirse de la vida de alguien?. ¿Cómo alguien puede vivir sabiendo que paralelamente vive por ahí alguien que podría ser la solución?. ¿Qué se supone que haces?. Uno no puede simplemente ignorar a la gente, no cuando ambos quieren lo mismo en la vida. Es contraproducente, es estúpido. Lo natural es sumar esfuerzos para que de alguna manera seamos menos miserables, ¿no?. O bueno, ser miserables juntos, que también debe ser más agradable. Ok, también es estúpido y contraproducente de la otra forma tortuosa. Pero es que, coño, sería como pretender que ni tú mismo existes y estar bien con eso. Simplemente no creo en eso, no ahora, no en este momento.

Lo que pasa –dijo Chicho- es que es malvada. Es Satanás.

Pero a mi ella me parece tan benevolente que evito pensar que es malicia y lo limito a irresponsabilidad y torpeza. De verdad, nunca me ha parecido malvada. Eso del demonio no tenía nada de sentido. Un cliente absurdo con chiva se metió y dijo “Se aprovecha de que tienes el pathos descoñetado y te manipula así”. Con ese léxico pajuo de estudiante de humanidades. Vagos inútiles todos, que se busquen carreras de verdad.

-¿Qué patos?. –le dije
No patos, pathos.

Hizo como un ligero sonido de retraso mental entre la t y la o para que se notara que había una h. ¿Te acuerdas cuando una vez discutimos el esnobismo inherente a la j en la palabra reloj?. Fue algo parecido.

Todo lo relativo a los sentimientos. –se adelantó a decir ante nuestras caras de idiotas-. Una  de las tres formas en las que funciona la retórica, la persuasión. Pathos, para los sentimientos. Logos, para el argumento lógico. Ethos, para otra cosa que no recuerdo.
-¿Y eso está probado?.
Bueno… lo dijo Aristóteles.
-Coño, la verdad es que está como difícil llevarle la contraria a Aristóteles.
Ah sí, eso es Ethos: el apelo a la figura de autoridad. Es Aristóteles, él siempre tiene la razón.

¿Pero qué vaina es esta?. Me parece que hay ciertas personas que andan por la vida con un CNE personal que los predestina a siempre ganar. Aristóteles, el Chávez de la filosofía. El padre de la lógica, esa cosa que sólo sirve para llevarle la contraria a todo lo bueno. Lo que pasa es que Aristóteles es tremendo mamagüevo. Si racionalizas te vuelves mierda. Y aquí, la lógica no vale para nada. No es complicado, eres complicada. Déjanos ser. Había un comercial de la Copa Libertadores, que decía “Nosotros, somos un equipo. Y jugamos contra vos, lógica, contra vos.”. Yo sé que es difícil para ella. Y que hay una contradicción entre lo que le patea el pecho desde adentro y lo que termina por salir de su boca. Pero igual, coño, pero igual.

Acá la gente es muy pistolera a la hora de hacer juicios mezquinos que terminan dañando a otras personas. No la conocen. Todos la juzgan, todos menos yo. No es que no ladille, porque todas ladillan; es que lo vale. No comprenden que me importa tanto que decidí que eso no importara. Que el silencio también es parte importante de la música. Que quizás tiene que ver con ellos mismos proyectando sus propios problemas. Todos tienen un resentimiento interno y un bagaje histórico demasiado conflictivo, todo lo que dicen está viciado y nadie es imparcial. Por ejemplo, ¿no te ha pasado que ves a dos personas tan bien juntas que en lugar de ponerte feliz por ellos lo que piensas es “que mal que vayan a terminar”?. Demasiada propensión al fatalismo. Como un club de desgracias, una mesita redonda de tragedias que se tomó el derecho moral de andar juzgando a los que todavía eligen el camino ilógico y estúpido hacia la felicidad.

Yo medio ignoraba todo viendo por encima la bisutería colgante. Otra técnica más del arte de parecer ocupado. Simplemente mirando, manoteando, viendo las etiquetas. Mientras los demás hablaban sobre mi no-relación, que aparentemente representaba todo lo que estaba mal con el mundo. Y de repente surgió su nombre. No tienes ni idea de lo feo que se escucha cuando son otros los que lo pronuncian. Se escucha ajeno, como si lo ensuciaran, como si la ensuciaran a ella.

Comencé a pensar en términos económicos. Pensé en monopolios y proveedores. Libre mercado, competencia y venta al mejor (im)postor. Pensé en cuánto costaba sobornar a un empleado de la aduana. En Juan cuando nos contaba la fortuna que había hecho su papá trayendo contrabando de Panamá y disfrazando el contenido real de los containers hasta la mitad con jabones. En el papá del otro que trabajaba en la aduana y que mataron en un banco con un maletín lleno de plata. En los vendedores que ganan 1% de comisión por cada venta y de alguna manera sobrehumana todavía así consiguen hacer más gracias a las comisiones que a sus salarios. Pensé también en ella y algo a lo que los gringos le llaman outsourcing. Tal vez es lo que hace conmigo. Está subcontratando mis sentimientos porque son rentables. Como una transnacional oportunista, que en dialogo comercial sería así:

¿Sabes tu amor?
-Sí. ¿Qué pasa?.
Está barato, dame dos.

Me gustó un collar que tenía colgando lo que parecía ser un delfín plateado, el collar era medio pirata y parecía de papel aluminio. Era para ti, muy gay todo el asunto, además. Pero pensé que te gustaría un delfín. ¿Dime a quién no podría gustarle un delfín?. Son como los cocker spaniels del mar. La intención es lo que cuenta, no jodas tanto. Así que lo agarré, me volteé y miré dentro del mostrador. Algo brilló y brilló con fuerza. Era una cadena de plata decente con una piedrita de un cristal verde colgando. Tenía cierta forma cónica pero no del todo, como algo rústico pero que intenta ser elegante. Interrumpí la apasionante discusión sobre mi vida para preguntar si era esmeralda. El señor, al verme interesado en una joya mientras tenía el puto delfín de papel aluminio en la otra mano dijo “¿Estás entre eso y esto?”. Ahí Chicho se mete y dice:

Coño, tampoco es para gastar plata, después los demás quedamos mal con él. Y ese es un collar de mujer.
-Es que no es para él.
No me digas que es para esa bicha.

No me dio ni tiempo de responder cuando ya todos estaban en su festín de “este muchacho sí es güevón” y sus derivados.

¿Y qué, a él le vas a dar la porquería de delfín maricón?. Nojoda, a ella eso y a él, que es tu amigo, casi que le das una pelota de plastilina.

Tenía un poco de razón, mirándolo en retrospectiva. Disculpa, es cierto que deberías tener prioridad. El problema es que uno se olvida del subtexto de “bros before hoes” que dice “…and yes, they’re all hoes”. Me bajé de la mula, todo lo que cargaba conmigo se fue en ese impulso, en esa piedrita verde. Tanto así que me regalaron tu delfín, como una obra de caridad. Junto al delfín el vendedor también regaló una frase: “Acuérdate que todas quieren ser la ella de alguien”.

En el carro le envié un mensaje, “te compré algo : )”.  Mientras pasa el tiempo, tengo la fuerte intuición de que lo leyó, pero simplemente decide no contestar, por alguna razón que seguro está relacionada con la rotación de los planetas, el calentamiento global, y –poniéndonos un poco machistas- su ciclo menstrual. Gracias por no pararme bolas deliberadamente. No vale, cómo me lo voy a tomar mal. Ni que uno fuera humano y tuviera sentimientos o algo así. ¿Cierto?. Locuras, locuras totales… perra.
¿Te ha pasado eso?. Dime si no es la vaina más desesperante estar la mitad del tiempo preguntándote si hiciste algo mal. Lanzándote una de caballero Jedi, guiándote a ciegas y diciendo “I sense a disturbance in the Force.”, que vendría siendo la versión espacial del ya conocido “coño, la cagué”. Y estoy consciente del factor ladilla, y eso que no quiero saltar, ni hacer presión, ni absorber, ni ocupar lugares que no me corresponden. Pero es que hay dos cosas para las que soy malo: 1) Pretender que alguien que no me importa, me importa. 2) Pretender que alguien que me importa, no me importa.

Para este momento ya está oscureciendo, estamos en el bloque horario conocido como la tarde-noche. Hacer planes para la tarde-noche siempre te da mucha flexibilidad. La tarde-noche va desde las seis hasta el infinito, dependiendo de tu nivel de descaro. “¿Llevas tres horas esperándome?. Verga, es que yo me refería a la tarde-noche-noche.”. El centro trasformándose con su suciedad en un lugar del que salen fantasmas y por el cual, yo mantengo mi teoría, Bin Laden caminó algún día. Nos montamos en el carro y como ya estaba todo listo, le dije a Chicho para ir a tu casa.

No, todavía es muy temprano para eso. Y, ¿te acuerdas del tipo que tiene las entradas?.
Sí, Roberto.
Rodrigo, pajuo. Quedé con él y nos vamos a ver en el club.
¿Qué club?.

Era el maldito club ese que es un carnaval de chemises polo, pantalones caquis y corazones de silicona (de esos que rebotan y por eso no se rompen). Ah, y las tetas de hombre, por Dios, las tetas de hombre. “Son pectorales”, no pana, son tetas de hombre. El carro de Chicho parecía una porquería en medio de ese estacionamiento. Y nosotros éramos solidarios también pareciendo unas porquerías cuando atravesábamos los campos de golf.  Cuando entras te dan ganas de comenzar a usar términos como “las gentes”, “estas pobres gentes de acá” y así. Todos andan como si Carolina Herrera les hubiera metido un palo en el culo. “Contempla, las personas más afortunadas del país” dijo, y ahí fue cuando me dio miedo, porque vi el futuro y no se ve bien. El futuro es horrible, güevón, no tiene sentido, nada tiene sentido. La misma onda de absurdo que nos hace ser -incluso teniendo un ochenta por ciento de la población en la pobreza- los mayores consumidores de whisky en Latinoamérica y a la vez representar el setenta por ciento de las ventas de Blackberry en la región. Un país de apenas veintiocho millones de personas superando en ambos casos, te recuerdo, a monstruosidades de países como México y Brasil, que en conjunto suman casi trescientos millones de habitantes. ¿Ahora ya me entiendes cuando te digo que aquí la lógica no sirve para nada?. Lógica y coherencia, puras mariqueras de griegos aburridos.

Comenzamos a jugar a rellenar diálogos. Ves a las bocas moverse y haces de guionista. Por ejemplo, el mesero llegó a la mesa de una pareja al borde de la piscina. Él, un idiota. Ella, parásita. Ambos conformes y conscientes de sus respectivas posiciones. Ambos buscaban cosas distintas. Estaban fuera de sincronía. Y aunque quizás el dinero no podía comprar lo que él estaba buscando, por lo menos lo estaba alquilando por una tarde.

-Quiero un amor eterno.
-Perfecto. ¿Y para la señorita?.
Ay, una Coca-Cola.

Observar de manera morbosa es muy divertido. Y estando allí parados, como tenía dos cajitas con los regalos en los bolsillos (que supongo parecían cajas de cigarro) se nos acercaron Cervantes y Andrés Bello, dignos exponentes de nuestra lengua:

-Pana, ¿tienes un cigarro ahí man?.

-No, no fumo.

-Verga chamo estoy crisiado.

Ahí su amigo intervino para hacer un remix de López Contreras pavito increíble:

Calma y cordura, brother, calma y cordura.

Y se fueron por donde vinieron. Mientras caminábamos al otro lugar –que en serio no sé bien si es un restaurante o un bar al aire libre o qué coño- le dije a Chicho que me explicara de dónde conocía a este tipo, o cuál era su historia o algo. Uno a veces necesita hacerse como unas fichas descriptivas de cada persona en la cabeza. Pero sabes como es tener una conversación con él, pura vaguedad y desinformación. “Su papá trabajó con el mío y jugábamos fútbol cuando éramos carajitos”. Yo exijo un pelo más de información porque ya estaba arrecho de haber tenido que soportar a tanto idiota en un mismo día por culpa de un peo que, para empezar, no era mío. “Coño marico no sé, estudia Administración, o Aduanas, o Contabilidad, una paja así en una privada. Igual no importa porque va a trabajar en la empresa de su viejo. Es milli”.

-¿Milli como “marico tiene una casa con patio” o milli-milli?.
-¿Sabes lo que dicen de los llaneros que llevan a sus hijos a un establo a que escojan una burra para perder la virginidad?. Bueno, el papá de este pana lo llevó al estudio de Venevisión donde estaban ensayando el Miss Venezuela de ese año. Así de milli.

Ahí mientras esperábamos nos pusimos a escuchar conversaciones ajenas (no te sientas superior moralmente, no hay nada más cristiano que ser metiche y juzgar a los demás). Una niñita –de esas que dicen que son mujeres y tal- llegó con un cuento que iba algo así, “Entonces, marica, salimos de la rumba y fuimos a casa de un pana de él, que tenía un jacuzzi y estábamos todos borrachos, marica full tripa. De pana, un tripeo, vine a llegar a mi casa hoy.”. ¿Esa carajita no tiene familia?. ¿No tenía que ir al colegio al día siguiente o una paja así?. Que ladilla, todavía no sé usar la expresión “tripear”. No entiendo. ¿Tú te estás tripeando mis sentimientos?. ¿Yo soy full tripa?. Las tripas están llenas de mierda, tengo entendido. ¿Ser una tripa es bueno?. ¿Nosotros somos un tripeo?. ¿Tripear es positivo?. Mira, yo no sé, pero a mi mejor que no me ande tripeando nadie.

Luego había otro grupito, que me recordó a una frase de Ray Loriga. “Las niñas bonitas siempre son las que están más tristes porque saben que hay más tíos dispuestos a hacerles daño.”. No se veían tristes, pero yo sé que lo estaban. Lo tenían que estar, porque estaban hablando de hombres como si se tratara de escoger fruta en un mercado, y para hacer eso debes partir desde cierta tristeza. Tú sabes como es esto. Es como pedir trabajo. Incluso verifican tus referencias, hacen sus respectivas investigaciones, y luego deciden si calificas para cumplir un oficio mediocre cualquiera. No sé qué le pasa a la gente que está tan mojoneada. Somos cualquier vaina y nos vamos a morir todos como unos güevones. “-Marica pero este tiene carro. –Sí, marica pero este tiene casa en la playa. –Ay marica pero este te regaló un Pelanas®”. Y ahí fue cuando me di cuenta de que yo podía serlo todo, menos algo que podría presumirle a sus amigas. Y claro que eso es un problema, no me digas que no. Tú sabes que además estamos a un paso de volver a caer en el rollo colonial de los mantuanos, los peninsulares, los blancos de orilla, los negros de mierda y así.

En otra mesa había una tipa gritando, sobre todo y para todos. Ella estaba alegre y era de esas que estresan cuando hablan. Habla tan rápido que es obvio que no le da tiempo de pensar las cosas antes de decirlas. De esa gente que habla –sí, habla– sin comas y en mayúsculas. Gente que es simplemente ruido. Estaba en una mesa con otras cinco personas, encadenada como uno de esos “analistas” toderos de la televisión que siempre salen comentando sobre cualquier cosa, desde el precio del petróleo hasta el horóscopo de Gaby Espino. Entonces se lo dije a Chicho:

-Tan egocéntrica ella que de hecho piensa que a alguien le importa.
¿Cómo sabes que a nadie le importa?.
-¿A quién coño le importa lo que piensa sobre todos los pequeños asuntos del mundo?. Su helado favorito, su actor favorito, sus pantaletas favoritas. Ahora todos creen que su opinión es digna de ser escuchada.
-¿Y no lo es?.
-La de esa gorda pajua no.
No es gorda.
-¿Ah, no?.
No. Ella tiene carne de la buena, de la que suena.
-Ay, coño.

Luego le dije que de cualquier manera si la escuchaba decir una palabra más sobre su top de chocolates favoritos le lanzaría el vaso. Él me dijo que era “muy fascista” y que la “dejara ser”. Y yo dije que esa maldita gorda pipote podía ser, pero lejos de mí. La gente cuando sale debería dejar su estupidez en casa. Entre los gritos de ese tipo de personas y los de los viejos pantalleros ya me estaba volviendo loco. “La edad es mental, soy un Adulto Contemporáneo”; Señor, váyase a su casa a dormir que mañana tiene que llevar a los niños al colegio. El pavosaurio de la chemise rosada a la derecha decía por su celular:  “No compadre, ya le di la autorización. Sí, doscientos millones. No vale, casi nada, una ñapita.”. Mientras que el otro que teníamos a la izquierda hacía lo mismo por el suyo y decía “Cuatrocientes containers. Sí, poquitos. Nueve mil cabillas, trescientos sacos de cemento, veinte tractores. Sí, una mariquerita. Ahí tranquilos, sin esfuerzo”. El último seguro estaba construyendo un galpón para su ego y otro para sus mojones.

Volviendo a las chicas que veían su vida amorosa como si se tratase de un examen con preguntas de selección múltiple. Una dijo “Estoy buscando cómo decirle que no, pero es que el desgraciado se hace querer”. Supongo que tamaña maldad se refiere a alguien que fue bueno y más importante: que no fue malo. Se hizo querer, pero sigue estando jodido. Me recuerda a otra de sabiduría popular que ya habrás escuchado, la de “a ellas les gusta que las traten mal”. Como mi vecina, ¿te acuerdas de ella?. Siempre me dio la impresión de que seguía cierto modelo de selección autodestructivo. Como si tuviera una fijación con personajes sacados directamente de una película venezolana. Ese “malandro romántico que es malo porque la vida no le ha dado oportunidades, pero quiere cambiar y busca la redención… aunque sigue vendiendo perico”. No necesito decir que cada tipo era más despreciable que el anterior. Todos eran una basura, y sin embargo, la tenían. Sobre el último que recuerdo: desde el principio pensé que era un negro de mierda. Ojo, sin connotaciones racistas (sucede que era negro, y resultó una mierda, entonces se convierte objetivamente en un negro de mierda, es simple). Tenía un mohawk, además. Pero bueno, cosas de la vida, cosas del amor. Y no tengo nada que ver en la vida de los dos, fue simplemente intuición de vieja chismosa. El punto es que con este tipo alcanzó otro nivel de se veía venir. Resumiendo el cuento, a ella le gustan los chicos malos. Tan malos que venden drogas, son santeros, viven en un barrio y la engañan con varias otras. Lo peor es que después viene el otro lugar común: todos son iguales. Mujer, si sigues sacando a tus novios básicamente de un retén, entonces sí, todos van a ser más o menos iguales. El primero era un asesino, el segundo un violador, el tercero secuestrador; quién sabe la pegas con el próximo y resulta sólo ser un carterista o algo así. Pero “a ellas les gusta que las traten mal”. ¿Sabes quién también era un chico malo?: Genghis Khan, eso sí era un macho. El tipo llegaba, te metía tres carajazos para que dejaras la mariquera, se violaba a todo el mundo, le prendía fuego a la aldea, se iba al carajo y no te volvía a llamar. Uf, y de Atila el Huno ni te cuento, un rompecorazones. Me lleva a pensar también en el otro idiota que se enamoró de una drogadicta. Cuando todo se fue al carajo yo se lo dije: “Ah ya, una tipa con problemas familiares, inestable psicológicamente y que además es drogadicta: she’s a keeper!. Por favor, no me digas que no lo veías venir.”. Es que, de pana, hay gente que viene con una señal de advertencia pegada en la frente. Relacionarte con ciertas personas es como hacerle una fiesta de bienvenida a la Ley de Murphy en tu vida. Chanceros, zamuros, impresentables todos. Disculpa por creer que somos más que animales. Por otra parte, creo que se puede descartar la posibilidad de que yo sea un chancero, sea lo que eso sea. Tendría que ser un chancero con demasiada visión de futuro, un zamuro a largo plazo. Dios y los chanceros con visión de futuro se parecen en una cosa: ambos son productos de tu imaginación.

A veces se siente tan sabroso el cretinismo, que se alcanza el nirvana despotricando contra los demás. Ya comprendo a Henry Ramos Allup, que seguro cuando se pelea con la esposa comienza a hacer una lista de adjetivos extraños para usarlos contra Chávez al día siguiente. Sabandija, mequetrefe, zopenco caudillo castrocomunista; drenando todas las malas energías. Igualmente los que pasaban frente a nosotros se llevaban un poquito de odio. No importa si tienes razón o si crees completamente en lo que dices, simplemente dejas que fluya tu negatividad viciada y ya. Dejas que tu lado oscuro sea. Yo decía “Tan fea y tan zorra”, y él la botaba del parque con “tan puta que si le dices ‘que te coja un burro’ grita ‘¡Por favor!’.”. Prejuicios, el psicoanálisis de los ociosos. Lo que pasa también es que la vaina es como un capitulo de The OC pero escrito por la mente enferma de Tego Calderón. Una versión sudada en la que todos intentan mantener su dignidad. El lugar se presta mucho para eso. Y ahí es cuando uno nota que hay un país paralelo dividido en distintos tiempos y espacios, como si cada persona cargara su Venezuela imaginaria consigo. Así que la realidad cultural-mediática que se produce mayoritariamente poco tiene que ver con nuestra realidad. ¿Cómo lo explico?. A ver, todas las novelas literarias clásicas venezolanas no me dicen nada. No me dicen nada las historias sobre campesinos, sobre terratenientes que se llaman Juan y llevan seis apellidos, sobre los indios y negros y sus desgracias. A veces creo que no se muestra lo que es realmente Latinoamérica, sino una proyección de lo que el mundo espera que Latinoamérica sea.

Lo siento, pero los clásicos no me dicen nada. Lo que nosotros -tú y yo- vivimos no tiene nada que ver con lo que pasa en el barrio ni con lo que pasa en la finca. Nosotros somos bichos de apartamento, nuestras siembras son tres materos en el balcón y nuestro único ganado es un poodle. No sabemos nada ni del campo ni de luchar para comer. Nuestros problemas son que el ascensor se joda y que el internet esté lento. Ya, ese es nuestro drama. Claro, comparado con nuestra misma generación en otros países la tenemos jodida, por el simple hecho de estar aquí. Es como si todo el lugar estuviera maldito y te llevara a la locura, te expusiera a cosas que en otras partes ven en la tele para luego cambiar el canal y continuar cenando. Pero igual, a nosotros incluso teniendo el barro hasta las rodillas no nos importa un carajo la vida dura. Nos importa cuando es navidad y las iglesias recolectan comida, cuando las lluvias se llevan un cerro y hay que donar atún en latas, o cuando la propia vida dura te agarra por el cuello y hace que te importe la desgracia ajena. Así que lo nuestro es como una demencia colectiva en una ciudad con hambre de encontrar alguna identidad –salpicado con tragedias violentas y sangre, sí; pero también con una infinidad de momentos de suprema felicidad-. Mi punto es que a nosotros no nos pueden meter el mojón de que aquí no hay plata y de que toda la gente vive ese infierno peliculero. Digamos que a nosotros nos tocó nacer en la parte del país que tiene aire acondicionado. Igual de disociada es la realidad del cine nacional. Es bastante entretenido ver ese desfile de pistolas, miseria y marginalidad; pero simplemente no es el paisaje completo. Volviendo al lugar, se podría decir que representaba de cierta manera lo que Rómulo Gallegos quiso decir en Doña Bárbara sobre la lucha entre la barbarie y la civilización (supongo pues, honestamente no entendí ni un párrafo de ese libro, simplemente no está escrito en mi idioma. Disculpa por no ser un campesino de los años 30’s que masca chimó en la densidad del llano). A la larga ves tantas cosas irónicas y contradictorias que lo único que puedes hacer es intentar conseguirles un lado risible (no bueno, sólo risible). Todos estos seres en un microcosmos manufacturado, saliendo del aire acondicionado del carro para entrar en el aire acondicionado del centro comercial. Saliendo de la vigilancia privada de la urbanización para entrar a la vigilancia privada del club. Y así de burbujita ficticia en burbujita ficticia, sin darse cuenta. Porque aparentemente las mucosas de la gente cool no funcionan a más de veinte grados. Los ves confrontando la ironía en espacios abiertos como estos. Como si el clima fuera una metáfora agresiva, resentida y justiciera. O sea, una metáfora malandrísima. “Sí, sí, coño de tu madre, tienes dinero pero igual vas a sudar como todos. Porque en este país toda la ropa se suda sin importar la marca, becerro”. Olvídate de Chávez, nuestro presidente es el clima.

De la nada estábamos acompañados, no sé cómo. Llegó la gente y sus códigos. Yo no entendía nada, pero Chicho los conocía a todos y se comunicaban fluidamente. Hablaban de la Kati, de la Titi, de la Ceci; porque las muchachas de plata no pueden tener un nombre completo. Cuando te dan tu carnet de sifrina te quitan también un par de sílabas. Son de esas cosas que no entiendes pero terminas aceptando. Así como no entendía lo que ahora estábamos hablando, de verdad. Uno decía  “Me llevo la Caliber de mi papá burde caleta y bórralo” y el otro respondía “no le digan a Cristina que esa caraja es senda malacopa, won”. Y un pendiente de qué es lo que es, y un maltripeo, y un posi man sí va, y unos betas y unos alfas y unos omegas. Un dialecto, un submundo, una vaina loca. No necesito explicarte que no les entendí un carajo, pero igual coincidí en todo. Me gusta la palabra coincidir. ¿A ti no?. Es como concordar pero de manera accidental, como chocar pero sin ambos salir volando. Lo ladilla es que todos coinciden gritando. Pero no importa, porque luego del segundo vaso la gente parece mágicamente convertirse en versiones más tolerables de ellas mismas. Chicho por suerte es el carisma con patas. Es como andar junto a un imán de popularidad y favores. No propiamente de simpatía, sólo esa popularidad venezolana que también comprende algo de arrogancia, de ese malandraje “lánzate que yo soy más arrecho que tú”. Igual es un encanto el maldito. Y así, mientras las personas flotan,  me envían un mensaje. Él nota mi cara y pregunta:

-¿Es tu jeva?
-No es mi jeva, no tengo tal cosa como una jeva–le digo

Una niñita hiperactiva de esas que tienen pinta de llorar durante los intervalos entre flash y flash se mete y pregunta “¿Qué jeva?”.

Una ahí que le está montando cachos.
-Ni jeva, ni cachos, ni nada. No somos nada.
Tú si eres güevón, te están soplando el bistec.

La misma carajita se sopla la pollina y nos vuelve a irradiar con su sabiduría: “el amor no se mendiga, miamor”.

-Disculpa, ¿quién eres?. –le digo
Mafe.
-Bueno, María Fernanda, échale bolas a la vida.

Giré sobre la silla y le di la espalda al grupo, quedé mirando al de la caja y por una ventana hacia el horno de las pizzas. Seguí leyendo el mensaje, dice que el pajuo ese le dijo que estaba gorda y que rebajara para ir a Margarita con él y su familia en Semana Santa. Le respondo que no le pare, que es hermosa. Y me dice “ay pero tú siempre me dices eso, no tienes credibilidad”. Nojoda, como si uno andara regalando adjetivos bonitos por ahí. Gastando saldo en amor que ni apreciado es. Una maquinita expendedora de cumplidos y tal. Todo lo que alguna vez le dije lo sentí. Y lo que no, también.  Si le digo algo es por una razón, es porque creo honestamente en eso. Creer, pilla el verbo, uno bastante importante para un escéptico. Le dije “tienes razón, eres una maldita vaca”, para que respete.

No me respondió. Estoy burda de medio prendido. Los demás tienen razón, me estaban jodiendo. Ahora te digo lo que va a pasar: el otro pana la caga durísimo, ella entonces recupera su sentido de dignidad y redirecciona su cariño hacia mi, justo cuando yo ya estaba considerando olvidarla completamente, pero me hace recaer en esa vaga sensación de afecto, y es ahí donde ella decide que quiere seguir haciendo flexiones sobre el pene del otro tipo. Bienvenido al tortuoso mundo de ser la esquina marginada de un triangulo que ni siquiera termina de ser amoroso. Luego dice lo de los distintos tipos de amor, actuando como la egoísta polimorfa sentimental que es. ¿Cuál es el juego?. ¿Quiénes están jugando?. ¡Quién coño crees que pueda salir ganando en esta mierda!. ¿Sabes qué es más jodido todavía?, un triángulo sobrepuesto a otro triángulo. Muchas esquinas, muchas esquinas como para que salga algo bueno de ahí. Pero eso ya le corresponde a ella explicarlo. Todo eso para que después llegue llorando con el mismo discurso trasnochado sobre la soledad. Yo quería agarrarla y atornillarle en la cabeza una noción. Una nota que dijera “No estás sola, pajua, estás conmigo”. Pero uno no puede ni controlar ni predecir las variables, y resulta que ella es una variable con patas. ¿Por qué carajos uno se enrollaría con una variable?. Que ganas de complicarse la vida. Una vez leí que decir “ella está un poco loca, pero me gusta” es siempre la primera en una serie de malas decisiones. Y lo cierto es que, de todas mis mañas, ella es la peor.

-Mafe, coño de la madre, cásate conmigo.
Jaja que loco, ¿más o menos?. –Dice ella, que no entiende un coño, que de vaina sabe respirar.

Chicho me abraza y pregunta emocionado que si la mandé al carajo, entendiendo un poquito más.

No, me fui yo al carajo. Así es más fácil.
¿De verdad o sólo en tú cabeza?. Si es de verdad hoy tenemos fiesta.
Si pasa en mi cabeza pasó en alguna realidad.
Marico… ¿estás borracho?.

¿Sabes ese extraño sentimiento de realización que ocurre la primera vez que te lo dices a ti mismo en voz alta?. Que suele ser tan sorpresivo que lleva una media sonrisa y un “que bolas” al final. Bueno, esto es exactamente lo mismo pero al contrario. Es la primera vez que te dices a ti mismo con genuino sentimiento “Que se vaya al carajo” o algo así. Ahí es cuando deja de ser la solución y se asume como un problema. No sólo se torna inconveniente y sino que simplemente deja de justificar el esfuerzo. Y uno quiere acelerar, y chocarse contra esa pared a 240, pero simplemente no te permiten seguir acelerando. Llegas a una meseta, un estancamiento, un pantano, y tú con esas ganas de correr y volverte mierda. Una lástima. Pero ahora que se tornó consciente y explícito difícilmente será igual, es una mierda y ya lo reconoces. Ese pensamiento se instala y sabes que inevitablemente el mar está llegando para llevarse unas cosas, traerse otras, y así asegurarse de que la costa no sea la misma nunca más. Así que un brindis por el último instinto de supervivencia masculino que consiste en una voz constante en la parte de atrás de la cabeza gritando “ELLA ES EL DEMONIO” y que ha evitado tantas tragedias. Mil gracias, casi bajo los misiles nucleares. Toda la verdad y el conocimiento necesario está en “La donna è mobile”, no importa cuál gordo la cante, lo que importa es la letra y el hecho que desde 1851 ya otros lo tuvieron claro. A veces creo que la raza humana no ha cambiado o mejorado en lo absoluto, que lo que cambia son las circunstancias pero que en esencia nuestros problemas siguen siendo los mismos que en la época de las cavernas. Todo es muy rudimentario y básico, en el fondo todo es el mismo uga-uga sólo que con mejor marketing. Lo triste del asunto es que ya no es una solución viable pegarle con un garrote a la gente en la cabeza y arrastrarla hasta tu gruta. Los viejos tiempos, la nostalgia cabilla por el paleolítico y eso.

También es un asunto de poder. No es sencillo ceder el poder llevando tiempo siendo el dictador férreo. Gadaffi sabe de lo que estoy hablando, así que solidaridad con él. Luego de entre los síntomas colectivos de toda esta enfermedad rescatamos al día de los enamorados del año 2000. Cadena nacional, el presidente, la tarima, las masas y la primera dama. La frase: “¡Marisabel, esta noche te doy lo tuyo!”. ¿Cómo puedo competir si todas en secreto lo que andan buscando es a un Chávez?. Pana, yo aquí no vine a expropiar ni a pegarle carajazos a las paredes. No estoy interesado en tener nada que alguien no me de voluntariamente. No estoy interesado en armarme en una de cuaimo absurdo. Detesto la actitud de “aquí el que manda soy yo”. Detesto los plazos, los términos, el autoritarismo. No me malinterpretes, soy de los pocos que todavía cree que es posible tenerlo todo. Y a la vez, que tener no es nada. Pero pensar que se puede tener algo es un camino seguro hacia la frustración. No se puede andar por ahí con un sentido posesivo de la vida. Uno no es dueño de nada, ni siquiera de si mismo. Las cosas son tan complicadas desde el principio que debería saber que conmigo se descarta complicarlo todo. No hay razón lógica para reservarse cualquier tipo de pensamiento cuando la voluntad es pro-nosotros. Y me encantaría tenerla, así a lo derechista, defendiendo la propiedad privada. Pero usando un lema bien izquierdoso, “la tierra es de quien la trabaja”. Yo la trabajaría, bien duro. Fajado. Como un niño esclavo cosiendo zapatos en un país asiático. Como un niño con síndrome de down al que le prometiste un caramelo si… ok, no hay manera de que pueda terminar esa metáfora y que continúes pensando que tengo alma.

Llegó el famoso Rodrigo, con una catira. Una catira es como una rubia pero putorra, por cierto. Llegó y se trajo consigo al queso, los jamones y la charcutería entera. Tenías que ver al tipo, lo veías caminar y ya sabías que estaba montado. No sé si me explico bien, pero simplemente, se veía como si estuviera exprimiendo la buena vida. Y lo que es peor, no se veía desmerecido como los demás, él parecía habilidoso. Tenía un jean azul, una camisa manga larga con líneas azules, una correa negra y unas botas. ¿Sabes como te imaginas que serás cuando se te acaben los escrúpulos?. Él se ve así. Él es el estilo de vida que nos han enseñado a querer.

-Hola, Jesús.

Así mismo, te lo juro, se me había olvidado que Chicho tenía un nombre de gente y todo. Ni su familia lo trata así. Luego va y me dice:

-Pasó, chamín.

Y es de esa forma que te dejan bien claro tu papel en la jerarquía semántica, chamín. El Chicho estaba nervioso, lo tenías que ver. Creo que ha sido la primera vez que lo he visto incómodo con alguien. Tú sabes que nunca fui de creer mariqueras de viejas sin oficio, pero creo que a eso se refieren con ‘aura’, el aura del tipo era brutal.

Épale Rodrigo. ¿Cómo está la vaina?.
-Grande y pelúa.

¿Puedes creerlo?. ¿Quién coño de la madre dice eso con absoluta seriedad?. “Grande y pelúa”. El carajo andaba sobrado en la vida. El carajo se estaba sandungueando al mundo entero. Y el carajo lo sabía. Todo el grupito que antes se reía con Chicho ahora se reía con Rodrigo, que agarra a la catira y se sienta en el banco de al lado. No tiene ni que hablar, sólo mira al tipo del bar y hace dos señas; una que apunta a lo que quiere, y la otra que dice en donde lo quiere, que es ahí frente a él. Ambas con el índice, los carajos arrechos usan burda el índice.

Rodrigo mataba la conversación con especial saña, no le interesaban las formalidades superfluas. No quería estar involucrado en nada de túquéestáshaciendo ni de yoquetal. Y a la catira le gustaba así. Cuando se fijó en ella decía que no estaba amarrado y por eso era indiferente a todos los que veía flotar por ahí. Hasta que llegaron lo celos y le importó. Se sintió mal. No sabía por qué. El pensamiento, la imagen. En un nivel teórico no le importaba. Estaba bien con eso, teóricamente. Pero en el nivel práctico, la reacción física (ese tiro de escopeta en la barriga) demostró lo contrario. No eran celos, decía, sólo ganas de que todos ellos murieran en accidentes de tránsito. Ahora estaban juntos y funcionaban como casi nada lo hacía. Se esforzaban, porque ambos sabían que podrían estar con cualquier otro. Él pensaba que ella necesitaba a alguien y ella necesitaba a alguien que la pensara. Sinergia pura.

Nos obligó a ir directamente al asunto para decirnos que había comprado las entradas para su novia, y que por eso simplemente no nos la va a dar. En eso, justo cuando ya perdíamos las esperanzas, ella se mete diciendo “Nu impurta, gurdu, de verdud” (yo sólo transcribo lo que escuché y sonó así). Él recapacita y con esa sonrisa que tienen todos los sádicos dice que está bien, que nos las iba a dar, pero que lo teníamos que acompañar a hacer una cosa. Ella también sonríe, como si sus cabezas compartieran pensamientos por bluetooth. “Tun bellu, ay grucius”.

No sé por qué no le gustó nuestro troncomóvil, pero luego de verlo insistió en que fuéramos en su carro. Cosas de gente que de hecho tiene opciones pues. Su carro era obviamente superior. ¿Qué marca?. Ni idea. Tenía cuatro ruedas, puertas, ventanas y un aire acondicionado. Era nuevo y funcional, hasta ahí llegan mis conocimientos. Soy una vergüenza para el género, lo sé. Una vez adentro y andando Chicho preguntó “¿Qué vamos a hacer?”.

-Bueno, nosotros vamos a comprar monte.

Lo dijo y en mi cabeza pasaron unas diapositivas con tipografías feísimas que dicen “ah-ok-sí-va”. Como el resurgir del yo-piedrero. Ese al que las propagandas en contra de las drogas sólo le dan más y más curiosidad, para ver -o esnifar, mejor dicho- qué es lo que es. ¿Sabes como uno siempre conoce a alguien que sabe que “está metido en algo raro”?. Bueno, funciona como una intuición de vieja chismosa que se balancea entre un tribunal de la inquisición y la envidia. Pero igual generalmente no se tiene idea de la escala real del asunto. Claro, es fácil saber que el tipo de las rastas y al que le falta un zapato en el concierto se metió algo. Pero hay gente que lleva su nota con dignidad y elegancia. Estoy hablando de cocaína, adultez y corbatas. Cada quien escapa de la realidad como puede. Es el lado que los medios todavía no han criminalizado igualitariamente. De Carl Sagan, Barack Obama y Bill Clinton siendo marihuaneros. Igual que los de las patinetas con sus pantalones por las rodillas. A Chicho sí que le dio algo, no le gustaba mucho la idea. Rodrigo lo tranquilizó con un “tranquilo, ya está cuadrado”. ¿Cómo?. “BB Pin”.  Tengo miedo de esta generación. De la misma forma en la que toda esta generación le tiene miedo a una palabra. Y así llega Michael Cera haciendo parecer aceptable el hecho de atragantarse diciendo que está “in… lesbians”. Excelente. Estamos entre eso y la contracultura rancia y vacía. No tengo ninguna postura moral fuerte sobre las drogas, pero creo que me caen mal la mayoría de los usuarios. Ahora todos están siendo malos. Son trash-chic y se peinan para parecer despeinados. “Brother que arrechera con esta gente que no entiende nada… vamos a abrirnos un túnel”. Uh, que malo eres, fumas marihuana. ¿Sabes qué es verdaderamente malo?, meterle el dedo en el culo a un perro. Eso es genuinamente malo. Hay una epidemia de idiotas que se creen malos por tomar tachipirín.

Yo, que había estado callado, me meto jodiendo y digo:

-¿Y qué hacemos?. ¿Simplemente llegamos y decimos “Hola Señor Jíbaro, venimos a comprar drogas”?.

Nadie rió, ni respondió, ni nada. Cuando me emociono digo muchas tonterías, pero créeme que estoy completamente consciente de eso mientras lo hago. Como un lamento en tiempo real. Es como estar pensando “deja de hablar, idiota, deja de hablar” mientras hablo. Luego pasa lo que pasa y termino pensando que desperdicié la oportunidad de estar callado. Pero ojo, no quiero ser impecable, simplemente no me gusta el autosaboteo, y más cuando estoy totalmente consciente de lo que estoy haciendo mal. Entonces repito en cámara lenta la escena en mi cabeza una y otra vez hasta que tenga la oportunidad de redimirme. Algunas veces no puedo hacerlo y me carcome. Pura culpabilidad, de verdad, a mi me lanzas un látigo y me autoflagelo peor que los fanáticos religiosos. Me emociono y comienzo en este tono de comedia incómoda que en la vida real no funciona muy seguido. Girar una y otra vez sobre un tema irrelevante, como magnificando las cosas pequeñas, obsesiones con tópicos intrascendentes que honestamente tampoco me importan tanto, o no me importan tanto como la propia persona, es como “mierda, no le pares a nada de lo que estoy diciendo, por favor, lo que trato de decir es que te…” nada, no trato de decir nada. Un degradado que pasa por Seth Rogen, Will Ferrel, Woody Allen y cuanto anormal exista. Supongo que a eso se refería John Lennon en Julia cuando dijo “Half of what I say is meaningless, but I say it just to reach you”. Lo peor es que no es completamente honesto, es sólo como un personaje que hago del carajo, pero que no es la escena completa. Pasa mucho cuando entras en confianza y dejas de filtrar. Es como, “hola, bienvenida: voy a proceder a desmitificarme”. A veces necesito que alguien me calle. Me de una cachetada o me zampe trópico por esa boca, lo que sea para evitar que siga hablando.

En el carro iba sonando Guerrilla Seca. Así de contradictorios somos. No importa que el único contacto que tengamos con la vida del barrio sea gracias a nuestras cachifas. ¿Qué pasó, es muy ofensivo decir cachifa?. ¿Cuál es que era el eufemismo correcto?. ¿Señora de servicio, la muchacha que limpia, víctima desafortunada del país sin decirle ‘cachifa’ porque eso sería denigrante?. No vale, todos los oficios son dignos, y  mira, cuando acabes de limpiar la poceta ve si me planchas la ropa, pero pilas me vuelves a quemar una Aeropostale.

La voz de la realidad más real dice que quiere estar “en un Mercedes ‘escapotao fumando un porro de marihuana, con cuatro putas que sólo digan ‘Reke, papi’. Echa’s pa’lante a la hora de sacarle punta al lápiz. Eso es así el mío, tener para pagar mis líos, billete sobre billete compra hasta lo que está vendido”. Palabras sabias, querido Rekesón. Estás claro en la vida. ¿Dónde has estado durante todo este tiempo?. Eres el Dalai Lama de Petare.

Ahora, es errado pensar que por no ser de barrio no somos malandros. El malandreo no discrimina ni razas ni clases sociales. Malandreo es saltearse las desigualdades para lograr lo imposible. El malandro exitoso es un héroe moderno. El malandro de alto nivel, además, usa corbata y es un ciudadano ejemplar. Recuerda que no crees en nada. Ni estados, ni países, ni divisiones, nada. Tú quieres algo, tú eres malandro y tú lo vas a tener. A ti no te importan los daños colaterales, que no sea becerro naiden. Bolívar fue tremendo malandro. Sucre y Miranda hoy en día tendrían una banda de motobanqueros. Malandros somos todos los venezolanos que seguimos vivos. No se puede tener una historia de malandros sin sangre y sin víctimas. Así que lo malo viene cuando hay varios malandros porque siempre alguien detona primero (“habla cloro que la bicha está engripada y lo que quiere es ‘cuspir”). El malandro puede incluso no saberlo, pero la bala que disparó celebrando la compra de su nueva moto Bera mató a otro malandro que iba tranquilamente en su Empire por un cerro lejano. Existe, sin embargo, algo importante que resaltar: la ética. Un malandro serio debería tener un código de ética. Hay cosas que hace, hay otras cosas que no. Y lo más importante: hay maneras de hacerlo. En las redacciones de los periódicos se les llama “manuales de estilo” y son los que te dicen cómo se hacen las cosas. Y eso, amigo, es la diferencia entre un malandro serio y un chigüire. Un chigüire puede ser cualquier persona en capacidad de matarte, pero que no trasciende ni tiene un bagaje moral. La ética es lo único que nos eleva, que nos hace nobles, porque nadie más la tiene. Regla Nº1: tienes que tener reglas. Si no tienes reglas te traicionas a ti mismo. Si te traicionas a ti mismo viene la culpabilidad y los cargos de consciencia. Y eso de alguna manera te va a llevar a estar oliendo pega y mamando güevo debajo de un puente. De verdad, tienes que tener reglas.

Tienes que tener especial cuidado con la manera en la que haces o dejas de hacer las cosas. Tú sabes como funciona esta ciudad. Sabes que aquí todos los esquemas de comunicación se optimizan al extremo y todo termina siendo circular. Aquí pasa algo casi telepático; no importa cómo lo sé, pero lo sé. Y también se aplica algo parecido al karma, pero más vengativo, parecido a lo que los gringos llaman “what goes around comes around”.  ¿Cuál es mi punto con esto?. Mi punto es que hay una línea entre el malandreo y el chigüireo, y esa línea es el boleteo. Y me temo que ella es una boleta. Como cualquier menol al que le sueltan una 9mm peine pa’ fuera 36 pepas cuando todavía anda en pañales. Uno da mucho poder, y retribuyen con mucha irresponsabilidad. Y puedes ser muy liberal o lo que sea, pero hay un mínimo de seriedad requerido. De nuevo, ética. Y más allá de los vacíos legales –que sí, que existen-, es una cuestión de respeto. Uno no malandrea a su yunta, fin de la cuestión. Eso es lo peligroso es la existencia de vacíos legales en mano de dos hijosdeputa brillantes. Ese es el problema de los asuntos basados en fe.

Ahora, con tu permiso, dejo el léxico que le escuché a los Tres Dueños y vuelvo a escribir como el muchacho de urbanización que conociste.

Llegamos a una parquecito normal, de esos que sirven para que los niños jueguen de día al fútbol y de noche a las metanfetaminas. Te confieso que me esperaba algo más criminaloso. Creía que íbamos a hablar con un negro llamado Tuqueque, que usa una franelilla y una pañoleta en la frente. Tuqueque, marico, porque uno no puede esperar normalidad de un dealer. Pero no fue así, en lo absoluto. Por alguna razón todas las idealizaciones demuestran ser creadas para hacernos sentir mal después. Aunque se trate de una idealización negativa uno tiene cierta emoción esperando lo peor. Me esperaba a ese antisocial con dos convives cantándole la zona, en lugar de eso resultó ser un tipito normal con un koala. Un tipito normal con un nombre cristiano, un José cualquiera, nada de Tuqueque. Que desilusión cuando ya ni el crimen da la talla.  Fue en general algo tranquilo. Un simple intercambio de jerga inentendible y ya. Que si dame doscientos de 4:20, que si marrón o cripi, que si caquita de mono y otras cosas. Por alguna razón luego surge una asombrosa pipa desplegable de la paz para una cata y así se crean las sonrisas finales que simbolizan una transacción exitosa.

Pero la despedida se alarga demasiado y es algo bien incómodo marico. Como cuando alguna vieja de la familia se está despidiendo de ti y en medio de la bendición improvisa un rosario, un exorcismo y una ofrenda floral a los espíritus. La versión dañada de eso, ambos recordando momentos y soñando futuros, una cosa ridiculísima dada la situación. Uno como que “hey, el que te vende drogas no es tu amigo”, pero nadie se quiere poner intenso, aunque ciertamente Chicho y yo estábamos tensos. Rodrigo y el tipo –formerly known as Tuqueque- estaban bajo minutos marihuanos, que son como los kilómetros llaneros. Todo el asunto da demasiada desconfianza, es una situación naturalmente paranoica. Uno crece viendo todos estos titulares de “Atrapada maldita sátrapa de la sociedad mientras fumaba un porro” y se te meten unas ideas de que te va a caer el FBI encima y de que tu abuelito está llorando desde el cielo mientras te ve. Ahí es cuando se te cae toda la mariquera mente abierta y te das cuenta de que eres un saquito de prejuicios y que eres parte del establishment. O sea, tú puedes apoyar un montón de vainas en la teoría, pero en la práctica te siguen incomodando de una forma instintiva. Es que es tan obvio el exceso de impunidad que se torna irreal. ¿Cuándo legalizaron las drogas en esta vaina?. Ah no, siguen siendo ilegales sólo que aquí nadie le para bolas a nada. Y al que no le guste que me lo diga en la cara, y no importa lo que la constitución diga porque la constitución no tiene pistola y es tremenda jevita.

En eso el tipo del koala se acordó que estaba trabajando y preguntó que si queríamos también podía conseguirnos perico. Pienso que quizás todo el asunto de la cata es para aprovecharse, el mamagüevo ese seguro ya desarrolló anticuerpos o una paja así y ni con la cabeza flotando por Unicorniolandia se olvida de seguir vendiendo. Uno con la cabeza en Unicorniolandia y el otro con la cabeza en la vagina de Roxana Díaz. Ahí Rodrigo se negó, dijo que no, que su novia lo único que quería era esto. Ya va, ¿entonces todos estábamos haciendo estas cosas por mujeres?. ¿Incluso Rodrigo, el de la Miss Fotogenia?. Vaya grupito de sometidos, que triste todo. Yo sabía que esa catirita que hablua asui tenía alguna vaina rara. Toda esa gente perfecta tiene sus vainas oscuras. Por eso hay que tumbar todos los pedestales. Es fácil, sólo ten en cuenta que toda persona sobre la faz de la tierra ha llorado, está llorando, o llorará encerrada en un baño. Visualiza esa imagen. Visualiza a la gente más intocable en esa situación de extremo patetismo. No incluyamos la posición fetal para preservar un poco de decencia, pero visualízalos en la escena lamentable del baño. ¿Ya?. Ahora es facilísimo tratarlos de tú a tú saltándote todo lo que proyectan.

Gracias a Jah –porque tengo entendido que ese es el Dios de esta vaina- le sonó el celular al tipo y nos ahorramos más despedidas. Le decía a la otra persona “No puedo prometerte eso. Ni lo otro. No, eso tampoco. No te puedo prometer un coño. ¿Mejor así?”. No me inspiraba mucha confianza, pero no importa porque íbamos de salida. Ya estábamos en el carro, cada vez más lejos de esa plaza, del FBI y de las lágrimas de nuestros decepcionados abuelos. Este Rodrigo podría haber hecho todo eso sólo, sin duda. ¿Para qué nos quería?. Para joder, hacerse el difícil y no ceder un poquito de poder gratis. La propia niñita, para que veas del tipo que es. A la gente no le gusta sentir que no recibe nada. Las relaciones humanas son muy capitalistas, o el capitalismo es muy humano. El punto es que Rodrigo es un mamagüevo. Sólo que manejaba como un mamagüevo feliz y risueño. Mis conocimientos sobre el Cripi son bastantes gallísticos. Sé, por ejemplo, que es una variedad que no es originalmente de acá, de Latinoamérica. Que las semillas son el resultado de injertos hechos en invernaderos de Europa y que logran tener hasta un 16% más de THC –el componente del que depende la magia- que nuestra marihuana soberana. Siendo así el fruto psicotrópico de la globalización y la tecnología.

Debía ser un festival en la cabeza de Rodrigo. Íbamos con las ventanas abajo y todo se sentía muy nuestro. Pertenencia genuina, en ese instante todo lo que se podía sentir nos pertenecía. El olor de la tierra, el viento y las millones de bombillas naturales explotando en el cielo. Todo abierto de lado a lado y nosotros por el medio encima de una franja de civilización que hizo el petróleo. Y arriba, esas nubes rojas de acá, cargadísimas y furiosas, vivas.

Ahí fue cuando me enviaste el mensaje preguntando que si íbamos a ir o qué coño, ¿te acuerdas?. Ahora sabes de dónde saqué lo de “Calma y cordura, brother”. Rodrigo estaba elocuente, casi como otra persona completamente distinta. Comenzó a hablar sobre la catira. Dijo “no es lo que parece: es mejor.”. Como tratando de probarnos algo, como adelantándose a los prejuicios. Diciendo que él no la ve así, que eso es lo que tiene de rara, y que justamente lo distinto es que todas son un pedazo de carne, todas menos ella. Ahí le preguntó a Chicho: “¿Qué hay con la tuya?.”

Rebuzna de amor.
-Reboza, pajuo, quisiste decir “reboza de amor” –lo corregí.
No, no. Ella rebuzna.

Y ciertamente ella rebuznaba, finalmente lo admitía. Ahora Rodrigo me pregunta a mi lo mismo. Le digo que no hay nada. “Soy un hombre libre”, mentí. “¿No hay nadie?”, nadie. Bullshit. Chicho lo sabía, pero fue lo suficientemente noble para callarse. Creo que sabe que es de mala educación resaltar la desgracia ajena.

Más adelante había una alcabala hecha con un cono naranja, tres tipos de verde y un jeep. Uno de ellos nos hace señas para que nos orillemos, así que Rodrigo se sale del camino justo unos metros antes de ellos y quedamos esperando. Como venezolanos, la autoridad siempre es tu enemiga y por eso da miedo. Rodrigo dijo “Si nadie pregunta, nadie sabe. Y si alguien pregunta, el que sabe soy yo”. Inmediatamente pensé que era una mala idea. Pero verás, la cosa con las drogas es que no importa lo que nadie piense. “Buenas noches  ciudadano. Papeles del vehículo, licencia y certificado médico”. “Aquí están, dulzura”, dijo. Sí, dulzura a un militar, porque la vagina de Roxana Díaz no es juego de carritos.  Obviamente el tipo casi ni miró los papeles y nos comenzó a mirar a nosotros. Rodrigo sonriente como pedófilo en Disneylandia mientras que Chicho y yo serios como niñitos traumatizados de por vida. Entonces preguntó que si habíamos tomado algo y antes de que alguien pudiera contestar ya Rodrigo había lanzado un “si eres metiche, vale”. Creo que fue la peor serie de respuestas posibles de la historia. “Eso sería problema de los de Tránsito”.

-Pero es que yo soy de la Guardia Nacional.
-Ajá… ¿y?.
¿Están intoxicados?.
Pfffft –sonó así- no. ¿Cuánta plata es que quieres pues?.

El GN miró a sus otros dos compañeros y le dijo a Rodrigo:

Bájese del carro.
Cóbrate tu vaina aceituna y deja la ladilla. –Y seguía sonriendo.

Ahí es cuando Chicho me miró y, pana, su mirada era desesperación genuina. Como quien sabe que hay un desastre apunto de acontecer y no puede hacer nada para evitarlo. Básicamente sus ojos gritaban “COÑODELAMADRE” mezclado con una secuencia de pensamiento incoherente que seguro iba algo así: “corre-ayuda-mamá”.

-Rodrigo, pana, colabora con el… –ahí no supe cómo llamarle. ¿Cómo se les dice a esos tipos?. ¿Oficiales?. Capaz lo ofendía, me salía con que era Teniente o una paja así- señor, colabora con el señor.
-Bueno, yo estoy tratando de colaborar. Pero el señor como que es medio lento.
Ciudadano, bájese del carro, por última vez.

Rodrigo se metió la mano en el bolsillo derecho, se sacó dos billetes y se los lanzó en la cara al militar.

Luego todo pasó muy rápido. No puedo asegurar nada, pero creo que durante el mili segundo en el que vi a Chicho le estaba saliendo una lagrimita del ojo izquierdo. De nuevo, no puedo estar seguro. Lo único que sé es que mientras los billetes caían uno de los Guardias que estaba más atrás se lanzó al carro y le dio un jalonazo a la puerta, que lo que hizo fue trancarla más. Entonces agarró a Rodrigo por el cuello de la camisa y, de alguna manera, simplemente lo sacó por la ventana. Una vaina tan bruta y animal que ahora contándolo parece increíble, de verdad. A Rodrigo simplemente se lo llevó un enano verde por la ventana mientras –y esto te lo juro- los billetes no habían ni terminado de caer. Cuando te digo que fue rápido y violento no estoy jodiendo, ni el militar al que se los lanzaron había tenido tiempo de terminar de estar indignado. El Chicho y yo terminamos encaramados sobre nosotros mismos en pánico como unas niñitas –no preguntes, yo tampoco sé cómo- mientras todo nuestro vocabulario se recortó a “MARICOMARICOGÜEVÓNGÜEVÓN”. Y a partir de ese momento lo que vino sólo podría ser descrito como una coñaza monumental.

Supongo que por una cuestión de simetría nos dijeron que nos bajáramos también del carro. Un tres para tres o algo así, como en el futbolito. Era una puta mierda, honestamente. Es como si te atracaran pero en tu cabeza estás de acuerdo. Es obvio que está mal, pero dentro del contexto está justificado. Es una vaina bien enferma, ahora que pienso en eso. Pero nosotros merecíamos que nos cayeran a coñazos, simplemente por estar relacionados a este carajito que le faltó el respeto a alguien armado. No, faltarle el respeto a alguien no está penado por la ley y de estarlo esa no sería la manera, pero de cualquier manera se sentía justificado, se sentía como una de esas cosas de “eso les pasa por…”. Qué se yo, marico, ya sabes como es el subdesarrollo que esta mierda te mete en la cabeza. Seguramente nos veíamos como unas niñitas, sé que Chicho dijo la vaina más mariquita del universo, algo que ahora no recuerdo pero que si quisiera reproducir diría “por favor señor no nos golpee como obviamente lo va a hacer” mientras juego con el ruedo de mi falda imaginaria o mis trenzas amarillas.

¿Cómo fue?. Lo primero que recuerdo es que mi pareja de baile me dio lo que en el colegio llamaban “una marranera” en la oreja izquierda. Te pone a volar, no entiendo por qué los carajos que de hecho se caían a coñazos en el colegio le hacían mala publicidad. Obviamente que no es una maniobra muy técnica, pero qué coño, no siempre las circunstancias se dan para hacer una “Doble Nelson” (que feo y mongoloide se ve esto escrito, demasiado prepuberto). Yo siempre pensé que en las películas los encuadres cercanos y rápidos durante las peleas eran un recurso estilístico, pero es que así se ve. Sin la música se vuelve un poco niche, pero se ve igual. Ves una bota, ves verde, ves un caucho, ves más verde, ves un pulgar, ves más verde, ves la mitad de lo que veías antes y así. Me llegó un mensaje de ella, lo supe por el sonido perzonalizado, y ahí, en una de esas patadas se escuchó la pantalla rompiéndose en mi bolsillo derecho, como una galleta integral que cuesta tres sueldos mínimos. Sin saberlo, esa patada me liberó.

-Pásame el amansa guapos.

Nos vi muertos. Nos imaginé justificados en el periódico como un ajuste de cuentas. Leí mentalmente las mentiras que les dijeron los militares a los periodistas. Imagínate, resulta que teníamos una banda dedicada al microtráfico de estupefacientes y nos caímos a tiros luego de saltarnos una alcabala mientras escupíamos sobre el escudo nacional, unos monstruos pues. Nos inventaron apodos y todo. Yo terminé siendo “El Kerbis”, básicamente una lacra freelancer y a domicilio. A Chicho le tocó ser el infame “pierna e’ croche” y le achacaron la muerte de dos transexuales el año pasado, para aprovechar e ir redondeando las cuentas. El que salió peor fue el pobre de Rodrigo, por pura arrechera post mortem dijeron que era conocido en los bajos fondos como “El Potranco”, un ser que cuando no estaba transando hacía de esclavo sexual para viejos. Que situación tan denigrante. Pude ver a mi mamá en la morgue gritándole a una cámara de televisión “¡Él era un buen muchacho!”, como también gritan las madres de todos los malandros. “¡Él era un buen muchacho!. No tomaba, casi. No fumaba, mucho. No robaba, los domingos. No mataba, taaaanto así. ¡Mi muchachito, devuélvanme a mi muchachito!. ¿YEFERSON JOSÉ ERES TÚ?. ¡YEFERSON JOSÉ DAME UNA SEÑAL!. ¡PODERES DE LOS GEMELOS FANTÁSTICOS: ACTÍVENSE, EN FORMA DE YEFERSON JOSÉ.”. No me estoy burlando de la tragedia ajena, me parece que la tragedia ajena se burla de nosotros todos los días. Además de que estoy siendo honesto, tú también pensarías todo eso si nuestras insignes fuerzas armadas te tienen arrodillado en un monte.

Pensé en sus ojos, su nariz, y esa boquita que es como un tres horizontal y hacia arriba (sí, te juro que eso tiene sentido, no es una mariquera abstracta mía). Y en la manera en que, desde ya, todo iba a ser injustificable. Yo no me quiero morir, qué nihilismo ni qué coño de la madre. Anda Dios vale, qué te cuesta. ¿Ves que sí eres una rata?. Bueno disculpa, pero échale bolas coño, haz tu trabajo. No te quiero sacar nada en cara pues, pero ahí tengo mi bautizo, comunión y confirmación. ¿No los puedo canjear?. Anda coño, además sabes que no existe nadie más católico que yo cuando viajo en avión.
¿Me estás parando?. Ok, bueno, si así van a ser las cosas contigo está bien. ¿Difícil?. Yo inventé difícil. Un chantaje, una manipulación, una vaina. O me sacas de esta o me meto a Marialioncero, mamagüevo. Yo estoy quemado brother, ¿no me crees capaz?. Tú me conoces, si alguien aquí es de andarse clavando agujas mientras camina sobre fuego y le escupen una botella de ron, ese soy yo. Marico, o me salvas de esta o termino rezándole a Yemayá, Guaicaipuro y Maradona. O peor, me voy a meter a Para de Sufrir, no estoy jugando. Ok, no más porno asiático, yo sé que esos bichos no tienen alma. Sólo ayúdame, por favor.

“Briceño, revisa el carro” dice uno y todos morimos un poco por dentro ante la consciencia de que la bolsa que está en la guantera no contiene precisamente cilantro. La imaginación se dispara de nuevo y comienzas a hacer planes para los próximos diez años. Una cuestión de preparación y aceptación psicológica. Comencé a verlo todo, fue tristísimo. Mi primera pelea de chuzos, mi primera habitación con cincuenta roommates, mi primera comida servida en el suelo, mi primera violación. Lleva, peluche. La cárcel, a mí que me molesta dormir con una almohada un poco alta. Agarra, fresita. Quizás sobrevivir para cocinarle al pran, lavarle la ropa al pran, cantarle cancioncitas al pran antes de dormir. Arrurru mi niño, tanto estudiar para eso.

Rompió a llover mientras seguíamos sentados en el monte frente al carro. Éramos el triunvirato de lo chimbo. Ahora uno nos vigilaba mientras los otros dos revisaban. La intervención divina vino en forma de un autobús que se llevó todo por delante. Sí, así mismo. Estaban revisando la camioneta cuando un autobús se llevó por delante al jeep y al conito que estaba deliberadamente bloqueando las vías.

Nunca abrieron la guantera. Santificado sea tu nombre, Mazinger Z.

Todo voló. Era un aeroexpreso de esos de dos pisos. Estaba vacío y simplemente no tenía una de las ruedas de atrás. El chofer hablaba así como gocho, pero vamos a decir que era Colombiano porque… porque sí pues, ellos siempre tienen la culpa y punto. Un John Jairo Jaramillo Pinzón Restrepo cualquiera. Dios proveerá, autobuses descoñetados y conductores imprudentes. Fue como un accidente de tránsito normal. A la hora llegó una grúa y un tipito de Tránsito con su sombrerito a escribir un reporte bajo la lluvia, pobre ser vestido de tamarindo. Lo más absurdo del asunto es que como el jeep de los guardias quedó vuelto nada, y en vista de que por alguna razón seguíamos “detenidos” –sospecho que para efectos legales decir “secuestrados” sería más exacto- les tuvimos que dar la cola. Sí, luego de todo eso tuvimos que automanejarnos hacia nuestro lugar de detención. Estaba el pobre Rodrigo todo vuelto mierda adelante, un verde de copiloto, y Chicho y yo compartiendo el asiento trasero con los otros dos. Una familia feliz.

El comando fue la cosa más tonta del mundo. Uno para empezar se imagina una vaina medio imponente y resulta ser un escritorio de fórmica con un calendario de la gobernación y unas sillas manaplás todas mierderas. No sé nada de estrellitas y franjas, por eso asumo que el rango en los GN’s se ve por el peso. Un GN gordo dijo “¿Y qué hicieron estos?” y los tres que nos llevaron no supieron contestar. Uno dijo que los intentamos sobornar y el gordo se rió. El GN gordo es nuestro amigo. “¿Y por qué están todos vueltos mierda?” Y el descarado dijo “Porque estaban dentro de la unidad cuando el choque”.  Luego se degeneró en algo bien cantinflesco y circular. Daba mucha ladiilla discutir cualquier cosa en este punto. “Váyanse para sus casas, carajitos”, y así propongo al GN gordo para presidente. Los otros tres dijeron algo como “¡Pero uga-uga-uga!” y el gordo como que “¡Dije que no, pa’ sus cuartos sin cenar!”. Bueno no sé, igual la marranera certera tenía a mi oído izquierdo captando la señal de lo que parecía ser una radio AM de neopunk industrial post-grunge trance revival desde hace como dos horas y honestamente no entendía mucho de lo que nadie decía. Pero había algo sospechoso, era demasiado simple como para ser verdad. El gordo no tardó en actuar de la forma en la que la sociedad lo espera y pidió para el café, el refresco, el mercado y la universidad de sus hijos. Rodrigo abrió la cartera y de entre los billetes brillaron las dos entradas doradas. Así que se estiró agarrando todo. ¿Siquiera conocía a esa banda?. Qué importa, era un malandro de uniforme. Y los malandros creen que “porque podemos” es una buena razón para hacer cosas. Señor pero… “¿Qué?”. Exacto, qué. Pude ver como la suma de nuestras desgracias individuales crearon un infortunio todavía mayor. Todo esto para nada, sólo para salir rencos y sin entradas. Ellos todavía iban a regresar al club para buscar el carro de Chicho. Rodrigo sacó de su bolsillo más billetes y me los dio, porque hay gente que literalmente viene forrada en eso. Yo preferí que me dejaran un cerca de mi casa y caminar el resto, un poco tonto y peligroso, pero tenía que romper este trío desgraciado para deshacerme del fantasma de Murphy.

Caminando me di cuenta de que ya no podía más. Ya no podía más ni con ella ni con nadie ni con nada. Ella, así como la ves, no existe. Vámonos a vivir al monte. Pero un monte cerca de un supermercado. Porque de pana que ladilla tener que andar despellejando animales y eso. O mejor, nos metemos a maricos y llevamos güevo 24/7. No mentira, que ladilla, ellos cuando se pelean se caen a coñazos. Además de, bueno, todo el asunto de los penes en tu culo y tal. Mucho trabajo. Que ladilla con los detalles técnicos, vamos a cortarnos los genitales y ya. Por cierto, José tiene un video de una hermafrodita tirando consigo misma (¿o mismo?), pídele que te lo pase, seguro te gusta.

Estoy harto. De los signos, los códigos, las señales y la interpretación. Harto del jueguito y de la rutina descodificadora. Especialmente harto de la especulación, puro suspenso e incertidumbre. Porque aparentemente no podemos ser normales, ¿verdad?. Me preocupa un montón la necesidad enfermiza que tiene de hacerlo todo un drama, un capitulito de la novela mental que lleva. Todo polarizado, volátil, extremista, blanco y negro; inmaduro, hablando claro. Carajitadas, hablando más claro todavía. No puede estar bien, no puede con un poquito de estabilidad y tranquilidad. Vamos a prenderle candela a las vainas, vamos a pretender que todos son personajes interesantísimos y complejos que tardarás una vida en comprender o que todos son completas basuras. Eso facilitado por la otra necesidad de exteriorizarlo y documentarlo todo. Porque de bolas, el mundo no se puede dar el lujo de vivir sin conocer el más pequeño de mis pensamientos mañaneros. Y ahí es cuando sale la corte de jalabolas a alcahuetearle la mariquera. Echándole leña a la parte más negativa de su ego. Me dan asco. Todos. La falta total de rigor, credibilidad, criterio. Toda recomendación suya es basada en el interés y la conveniencia. Apoyan a este, destruyen al otro. Llevan su propia percepción de la realidad como si fuera una rencilla pandillera. Este es mi panita, ese otro es el demonio. Este es el desperdicio humano malo, este es el desperdicio humano bueno. Este es el encapuchado malo que quema autobuses, este es el encapuchado bueno que también quema autobuses pero es mi amigo y por eso es un rebelde incomprendido. Lo peor es que llega cada güevón, cada fracasado, cada acéfalo pusilánime que en su vida ha hecho media mierda además de sonreír como si le hubiera dado un ACV a pretender que su juicio tiene algún valor. “¡Eres brillante, yo también pienso así!” cállate, subnormal. Aléjate. “No seas así, es una buena persona”. ¿Sabes los piedreros de la plaza?: son buenísimas personas, son la jodida reencarnación de la Madre Teresa de Calcuta. Todo es un jueguito de egos. De ver si el que me jala a mi es más chévere que el tuyo. Vamos a coleccionar cumplidos, vamos. Anda, dime que te gusta lo que hago, dime que te gusta lo que me gusta, dime que no te gusta lo que no me gusta, dime que te gusto, dime que valgo algo, anda porfis, necesito, necesito (un verbo que tampoco se anda regalando por ahí). Es demencial, ¿nadie más se da cuenta de esto?. Y estoy harto, honestamente harto. Dale ese espaldarazo a mi autoestima, anda dale, aquí todos somos feedback whores. Anda vale, regálame tu sonrisita de apoplejía. Vete a la mierda, idiota, con la cohorte barbuda de inútiles con pasamontañas si eso te llena. Tremenda cuerda de mamagüevos cutres y roñosos.

El odio sale muy natural cuando viene del sentimiento madre contrario. Ahora sé que nunca vino de otro lado.

Metí la mano en el bolsillo izquierdo para descubrir que el delfín que te compré había sido moldeado hasta quedar como una pelota amorfa abrazando mis llaves. Pero la piedrita verde seguía bien y dentro de su caja. En ese momento es que me vine a acordar de ti y del plan original. Me sentí muy mal, culpable, embaucador y manipulado. Quería pedirte disculpas, de verdad, pero de cualquier manera la explicación en esas circunstancias habría sido igual de creíble incluyendo a Godzilla. Para una vez que no busqué una excusa, la única excusa verdadera de mi vida era irreal. Y si una excusa es sólo una justificación que no pasó el filtro, entonces esta no llegaría siquiera a la categoría de excusa y se quedaría en mojón y ya. Perdimos la última oportunidad que tuvimos de estar todos juntos, por el demonio. Fuimos fuego, por una noche fuimos fuego. Irresponsable, violento y acelerado. Disculpa.

Y mientras comenzaba a amanecer de una manera muy tímida. De un tricolor patriótico completamente surreal. Con unos colores de mentira, como una pintura. La ciudad se iba prendiendo. Iba subiendo poco a poco la intensidad, los violentos encorbatados se iban preparando para hacerle el relevo a los violentos nocturnos que ahora se iban a dormir. Todos igual de dañados pero con horarios opuestos. Los taxistas estaban agradecidos por haber sobrevivido otra madrugada más. El alumbrado que se iba apagando y las oficinas que se iban prendiendo gracias al fuego que alimentaba y destruía todo en partes iguales. Era como ver un pequeño incendio que nunca, sin importar la hora, se terminaba de apagar. Los recolectores de basura se reían porque sabían que tenían el único carro que nadie se quería robar en la ciudad. El surfista regresaba a su casa. El indigente a su esquina. Ambos tenían la misma barba, la diferencia era que el surfista probablemente no se acostaba sobre su propio meado. Y en medio de toda esa fauna, un individuo, una unidad. Un conjunto de subsistemas con la misma finalidad. Solo, sin nada ni nadie más que los transeúntes y sus figuras ajenas. Y ahí, desconocido, supe que podía ser yo mismo. La libertad de haber tocado fondo me había llevado a la gloria. No tenía a nada ni nadie, sólo me tenía a mi mismo y por primera vez, me sentía bien. Llegué al parque y me senté sobre la grama mientras veía a la panadería abrir. Agarré la piedrita. Le daba vueltas entre los dedos. ¿Qué importa la piedrita?. ¿Qué importa lo que tienes en las manos?. ¿Qué importa todo?. La piedrita se lanzó su último reflejo verde cuando daba vueltas hacia el monte. En cuanto a ella, voy a dejar que la madrugada se la coma viva.

Espero que te esté yendo bien. En cualquier caso, seguro que daría lo que fuera por tener tus problemas. A mi me va bien, excelente. De hecho, cuando la panadería abrió, me comí un cachito de jamón y todo.

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10 comentarios en “Cachito de jamón

  1. Carajo, Mauricio. La curiosidad y el chisme me empujaron a pasarme todo el domingo -intermitentemente- leyendo esta enorme, enorme entrada. Pero luego me enteré de que no estaba leyendo un cuento, sino algo muy bonito que yo colocaría a la par de la sinceridad de Francisco Massiani en Piedra de mar.
    Francamente, más allá de tu obsesión por poner puntos después de los signos de interrogación, todo me ha parecido muy refrescante, con ideas mucho más acertadas y menos atacadas -pero igual de divertidas- que las de tus entradas sobre el trauma emigratorio… que también son brillantes.
    Sin otro particular, te saludo atentamente.

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  2. A mí me pasan vainas raras pero ese autobús superó todo, incluso que tus padres tuvieran que darle a los guardias el dinero de TU universidad.
    ¡Y claro que eres mejor que una lechuga!
    Te invitara a salir, pero la pinga parece peligroso 😉

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  3. Ya hablando en serio, estuvo muy bueno…y mira que yo no pago internet para andar leyendo cosas mundanas. Para eso pago el cable y me río una y otra vez de las mismas vainas que le pasan a George.
    Cada vez que iba a salir con un argumento en tu contra, lo usabas contra ti mismo dos párrafos más tarde. Y en los últimos me mandaste a callar la boca y todo. Te lo buscaste, ya no me caes bien =D

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  4. Estas loco mauricio…. un poco crédulo, al creer una idea q difiere por su inexistencia, solo algo mental.. pero como decías un rato mas arriba “todos nos vamos al carajo” jeje bueno no creo q con las mismas palabras pero si la misma idea, me refiero a ese mundo que nos creamos todos, porq nuestra realidad no pasa mas que la manifestación de esa percepción de lo q denominamos “vida”, y en la que jugando como monitos al juego de sociedad, obteniendo consigo ideas que corrompen, nos ciegan y evitan mirar mas allá de nuestra nariz,, solo se ve una parte, la que se quiere ver, lo triste es q así es la mente del venezolano, o de la gente en general.

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  5. MUY chistosa manera de narrar eventos, hahaha la gente no puede tomarse en serio este tipo de cosas. A veces leer algo que nos haga reír, que no se trate de una maravilla de la literatura no está tan mal, o sí?. Un estilo muy MEDIOCRE que lleva a la comedia y al cinismo del habla venezolano. Me gustó por eso, es como si hubieras dicho: “A la mierda, yo escribo esto como quiero” y te salió algo que entretiene y que a la vez hace reír por muchas de sus realidades. Me daré una vuelta más por el blog…

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