Wong Lo Kat

Mi capacidad de concentración está en el mínimo, no paso más de cinco minutos dedicado al mismo tópico y la única constante es el cansancio. Creo que tiene que ver con la paz mental. Lo que esto significa en la práctica es que en lugar de poder escribir treinta páginas sobre un tema, termino escribiendo una página sobre treinta temas. Todo se vuelve rampante, emotivo y sin mucha profundidad lógica; supongo que así se siente estar en la mente de Chávez. Confieso que llevaba un par de páginas grisáceas llenas de un odio tristón y cansino. Fruto de todas esas mañanas en las que “güevo” fue la primera palabra pronunciada y las madrugadas en las que “güevo” era lo único que definía a otra noche mediocre más. Porque te dices que la vida no pasa desde tu sillón, haces algo al respecto y terminas pensando en el medio de las luces relampagueantes y la música “entones, se supone que aquí es cuando pretendemos estar perfectamente contentos con lo que somos actualmente. Adorable.”. Qué güevo, porque no hay ninguna resolución posible y es muy fácil argumentar lo contrario a distancia y con una perspectiva comodista. Güevo, que no hay salida. Güevo, como reivindicación social. Güevo, como estado del alma. Hartazgo crónico, caligüeva astral. Y entonces cuando quieres decirlo todo, escucharlo todo, escribirlo todo y leerlo todo… te vas a dormir. Y no lo haces precisamente porque tengas sueño, sino porque no quieres seguir despierto.

Querer, estar, poder, hacer; pasticho de verbos que ya no tienen sentido. Decidí que no valía la pena salpicar tanto sentimiento negativo y más con esa reiteración, que se va haciendo costumbre y es peligroso. Quiero que la base de todo esto sea algo que dijo Juan Carlos Onetti: “Las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio”. Y según ese principio, algo así de monocromático no merece ni ser escrito ni ser leído. Hay que sumar; sumar y dejarnos de mariqueras. Así que, en virtud de ese espíritu, comenzaré con citar lo más importante que aprendí en mi más reciente verano en Venezuela para dejarlo como reflexión:

No le pares bolas al güevo, que el güevo se para solo”.

La vida me enseñó a tener paciencia a los coñazos. No voy a mentir y decirte que las cosas se van a poner mejores y más fáciles, porque no lo hacen. El que mejora y se pone más fácil eres tú. No lo veías venir, ¿cierto?. Nunca te dijeron que el desarrollo personal funcionaba así. Nunca te dijeron nada, pero es que nadie nunca supo nada. Todo se comprende mejor cuando se parte del principio de que todos somos unos güevones. De que no se puede saber mucho, de que no se puede saber nada.

Lamento que no todos tengan esta oportunidad. La oportunidad de ser miserable en distintas franjas horarias, de cambiar y más que cambiar: mejorar. La oportunidad de sentirse abrumado y sobrepasado por las condiciones. La oportunidad de saber de contrastes y colores. La oportunidad de las glorias cotidianas, los triunfos y las victorias que no significarían nada en otra parte. De que tu pensamiento cambie, y siendo el lenguaje la expresión del mismo, la oportunidad de que tu acento cambie contigo. De que tu léxico sea otro y tu sintaxis refleje que ya ni las frases las piensas de la misma manera. Sin complejos, sin pena, sin más prejuicios. Viste mundo y el mundo te vio a ti, eso pasa. Seguir escribiendo sin dejar que la tinta de la página anterior manche a las palabras de la siguiente.

Tener una conversación con una chinita en mímicas y español rudimentario a las cuatro de la mañana mientras esperas tu tren. Que te diga que vino a España para aprender español y estudiar arte, que así espera tener un mejor trabajo en China. Que va a Portugal de vacaciones. Que antes sabía inglés pero lo fue olvidando para aprender español. Que en China hay demasiados inmigrantes, dice con un disgusto tan cínico como simpático.

-¿Qué opinas del sistema político?.
¿Política?… ¿Govielno?.
-Sí, el Gobierno.
Nosotros los jóvenes, eh… “hate” el gobierno. No podemos ver Facebook ni Youtube. Gobierno chino muy malo.

Preguntarle sobre El TIbet y tener que escribir: “Tibet – Dalai Lama” para que entienda de lo que hablas. Ver como su respuesta se pierde en frases mal construidas en las que menciona a Taiwán, pero que finalmente son tan inentendibles que hasta ella misma se ríe de frustración.

La lucha moderna es contra el aburrimiento. A veces pienso que todas las grandes causas son entretenimiento, que realmente no hay ideales desinteresados. Quizás Hitler sólo estaba terriblemente aburrido. Quizás, si Martin Luther King hubiera tenido un Xbox preferiría andar cacheteando a una prostituta en Grand Theft Auto que luchando por los derechos civiles. Quizás si Ghandi hubiera tenido cable la India seguiría siendo una colonia británica y él habría pasado su vida simplemente reflexionando sobre en qué temporada precisamente Desperate Housewives se fue al carajo. Se sobreentiende que toda lucha es en principio una lucha en contra de lo establecido, y de esa forma en contra de la rutina. La rutina siendo el sistema y su arma para llevarnos a la indiferencia el aburrimiento. En el supermercado vi un afiche en el que aparecía una jeva desnuda en una carnicería entre dos cochinos colgando hacia abajo para sensibilizarme en contra del tráfico de humanos. Me recordó que me había olvidado de comprar jamón. La indiferencia, la lucha moderna es contra del aburrimiento y la indiferencia.

Funktionide es un coágulo robótico alemán que te abraza mientras duermes. Rectifico: la lucha moderna es contra el aburrimiento, la indiferencia y la soledad. ¿Para qué sentimientos si podemos tener sensores?. En Rusia los piedreritos aburridos que andan cortos de dinero se inyectan como alternativa a la heroína una nueva droga llamada Krokodil; que te pudre los tejidos y que conlleva a que tus miembros gangrenados sean amputados así. Dicho lo anterior, concordemos por favor en que siempre podríamos haber salido peor. Y esto no es una realidad marginal, aislada y ajena. Esto se trata sobre la condición humana y la cantidad de cosas que hemos hecho simplemente por aburrimiento. ¿Cuántas relaciones amorosas serán fruto del ocio?. ¿Cuántos niños fueron procreados simplemente porque se fue el cable y bueno, algo tienen que hacer dos seres humanos en una cama?. Resulta que la humanidad entera lleva millones de años matando tiempo hasta que encuentre algo mejor que hacer. Y la gente decente quiere más, no es suficiente. Es como, “pana, me diste una vida defectuosa y mierdera. Toma, ¿me devuelves mis reales?”. Pero en esta tienda no sólo no se aceptan devoluciones sino que el vuelto te lo dan en caramelos. La vida a veces puede ser una tienda de chinos, yo que te lo digo. Por más que insistas la respuesta seguirá siendo: “NO HAY VUELTO… TOMA, CALAMELO”.

En VTV están dando la Hojilla.11.42 pm allá. Acá es tardísimo, pero sólo así puedo escribir sin pensarlo mucho. Confieso que obtengo un placer extraño al ver La Hojilla; no me juzguen, a ustedes les pasa lo mismo con Jersey Shore. Hay algo en el estilo de Mario Silva que me gusta, creo que es el hecho de que honestamente no le importa nada. Es surrealista como un Dalí de la ofensividad oral. Más allá de lo antiético y de las ilegalidades que nos hacen entrar en una paranoia orwelliana. Mario Silva es periodismo gonzo venezolano, con especial énfasis en que seguro tiene un arsenal mayor al del maletero del carro del Dr. Thompson.

En la audiencia Mario Silva volvió a admitir que se había referido a Miguel Henrique Otero como un hijo de puta. Pero la jueza, finalmente, determinó que la expresión hijo de puta no es difamatoria ni injuriante, sino que corresponde al ejercicio de la libertad de expresión”.
Mario Silva, maestro de maestros.

Nos debemos a la globalización. Digo esto desde Portugal, tomando una especie de refresco chino llamado Wong Lo Kat, con un chullo peruano abrigando mi cabeza, escuchando tecnomerengue dominicano mientras en la tele aparece un reportaje de Al-Jazeera sobre los ataques de tigres en el sur de la India. Escribiendo en una computadora gringa, con componentes japoneses, ensamblada por trabajadores explotados en China y con una batería de litio que probablemente venga de Bolivia. Todo está conectado en una hermosa sincronía mundial.

Cambio el canal y en Telesur el programa Dossier nos muestra algunas entrevistas con gente del movimiento de los indignados españoles. Puros barbudos diciendo que McDonald’s da cáncer o algo así. Walter Martínez le da cuatro patadas como analista internacional al barbudo de Globovisión, Julio César Pineda, que tiene demasiada pinta de tirar con medias. En cambio, Walter fue corresponsal de guerra y tiene un parche en el ojo, debe hacer vainas burde excéntricas y apasionadas en la cama.

“Wong Lo Kat – the origin of Chinese herbal tea since Qing Dynasty”

Saltamos a otro canal y en Tv Record de Brasil hay un para-de-sufrir diciéndome que no me suicide. Y así es que me doy cuenta de la esperanza tampoco la voy a encontrar en mi control remoto. Pásenme el revólver. Jesucristo era demasiado mojoneado. “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Ay sí, farandulero. Sin embargo hay un par de santos respetables, sufridos, descoñetados y jodidos. Está San Judas Tadeo, que es el patrono de las causas difíciles y tormentosas. Haciéndole frente a la vida como cualquier hombre serio lo haría: con un libro en una mano y una hacha en la otra. El mensaje que transmite es claro. Es un obvio “para que sepan que uno también anda desplazándose por la pista, cuerde’gallos“. Así que encarna perfectamente toda dicotomía entre lo pragmático y lo idealista al mismo tiempo, “podemos hacer esto de la manera buena o la mala… pero lo vamos a hacer”. Muy Tony Montana con crucifijo y sin cocaína (¿o con?).

Sería bueno haciendo publicidad. Trabajando a favor del capitalismo con ideas más revolucionarias que las de Camilo Cienfuegos. Me sorprende que nadie haya explotado esta ola de izquierdismo primermundista. Imaginen un baño a media luz, con un filtro de imagen en tonos sepia. En el espejo está el Ché, meditabundo y frotándose la barba. Una voz en off omnipresente narra el desmoronamiento de la Unión Soviética, la decadencia cubana y el crecimiento económico chino como consecuencia de la apertura de su mercado al capitalismo occidental. Close-up a su mejilla izquierda; suelta una lagrimita. Con determinación agarra una afeitadora, se vuelve a mirar al espejo y entonces dice: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Acto seguido, vemos la puerta del baño y una multitud expectante de mujeres sucias y descuidadas en ropa de obreros. La puerta se abre violentamente y sale un nuevo Ché; afeitado, reluciente, de traje y corbata. Las mujeres desgarran sus uniformes y súbitamente se convierten en supermodelos que semidesnudas se abalanzan sobre nuestro héroe. Él -sumergido hasta la cintura en ninfas arrodilladas- parte la cadera, mira a la cámara y con un tono ligeramente afeminado dice: “Gillete… porque las barbas son TAAAAN 1967”.

“Wong Lo Kat Herbal Tea – Made from prime herbal ingredients”.

Estos son tiempos extraños. Por una parte, los estándares está tan bajos que las maquinas son perfectamente capaces de escribir artículos periodísticos. Y por la otra, surgen proyectos interesantísimos como es el caso de la revista-editorial Orsai, con un modelo de negocio, creación y distribución increíble que habría sido imposible unos años atrás. Lo mismo que con iniciativas como HitRECord (del actor Joseph Gordon-Levitt) y otras de financiamiento como Kickstarter y Kiva. Parece ser entonces, el momento ideal de prenderle candela a la vieja escuela y enterrar a los carcamales que nos siguen anclando a los mismos vicios de la industria creativa.

Mientras tanto, la reproducción aleatoria hace que suene Persiana Americana de Soda Stereo. Cerati las prefiere fuera de foco, inalcanzables, irreversibles, casi intocables. Cerati las prefiere burde difíciles y por eso está así. Yo las prefiero igual, y por eso estamos así. Como fantansmas. Él orinando por una sonda stereo y yo haciendo chistes de palabras infantiles.

Wong Lo Kat, es su lata roja
Wong Lo Kat, y sus letras doradas.
Wong Lo Kat, son nuestros versos
Wong Lo Kat, en la noche estrellada.

Wong Lo Kat, son las hierbas dulces
Wong Lo Kat, y las otras amargas.
Wong Lo Kat, es todo el futuro
Wong Lo Kat, que tu mirada me guarda.

Tengo unos vecinos peculiares. Mis vecinos del piso de arriba me quemaron el tendedero a punta de colillas de cigarros… Un saludo para ellos, sus madres y sus bienaventurados cánceres. Hay otros que me generan el fuerte presentimiento de que hacen sacrificios de animales. Todas las noches en el medio de la madrugada, un llanto rompe la calma. Claro que también existe la posibilidad de que simplemente tengan un bebé. Pero hace las cosas más interesantes pensar que encima de tu cuarto las mismas personas que saludas todas las mañanas están degollando cabras y gallinas en honor a una deidad pagana en lugar de simplemente estar meciendo a un bebé.  *You may say i’m a dreamer, but I’m not the only one…*.

Anda, sueña junto a mí. Creemos una vida que de verdad valga la pena ser vivida.

Pol Pot está almorzando en su natal Camboya cuando le traen una botella misteriosa. Él la mira extrañado y el camarero dice en “Es Coca-Cola”. Acercamiento a la botella que transpira pequeñas gotas a través del vidrio. La gira y examina con el ceño fruncido. Todos en la sala contemplan con miedo. Finalmente, Pol Pot se lleva la botella a la boca y en un perfecto ángulo recto toma un largo sorbo de cinco segundos. Pone la botella con fuerza en la mesa. Todos los presentes se miran con miedo. La tensión es palpable, todos están nerviosos. Él abre los brazos, sonríe y dice en fluido caraqueño: “Full malavibra lo del genocidio, broderes, vamos a bajarle dos“.
Pantalla a negro y luego “Coca-Cola: destapa la felicidad”.

Vivir solo tiene sus cosas buenas y malas. Lo bueno es que tus problemas son tus problemas. Tus desordenes tus desordenes. No jodes a nadie y nadie te jode. Y cuando andas con tu apartamento limpio, pagas tus cuentas a tiempo y tu vida está organizada te sientes como un Superman del subdesarrollo. Lo mismo que pasa cuando te sientes bastante maduro yendo al supermercado con una lista, ignorando por completo el hecho de que los ítems que te parecieron necesarios anotar fueron: “gomitas, oreos, pan de perro caliente y coca-cola”. Bravo, caballero: usted está obviamente en una exitosa transición hacia la adultez. También busqué la esperanza en las estanterías, pero no la encontré. Así que pasé por el minimercado chino a comprar más Wong Lo Kat.

En otras latitudes, la barba de San Chárbel es venerable como ninguna otra cosa en el Medio Oriente. Además, no puedo sentir sino mi más profunda empatía con quien se recluyó por años en las montañas de su natal Líbano para dedicarse a observar como su barba crecía durante su eterna búsqueda por paz interior. Un estilo de vida muy budista, muy zen, muy carente de cualquier ego ambicioso y destructivo. Carente de peso, carente de cargas y lleno de duda existencialista. De esa manera, no me extraña que sea patrono de los que sufren en cuerpo y alma.

Debería tener un programa en CasaClubTv llamado “Así es como no-funciono”. Tengo una pila de platos sucios que me miran con rencor. Estuve una semana tomando todo desde el mismo vaso. Terrible, lo sé. Reciclo los platos, porque en el que comí cannellonis también se puede comer lasaña y pizza. Además, cuando le pones un sándwich encima queda saborizado a lo mejor de la cocina italiana de microondas. Repugnante, no hace falta decirlo. Un día estaba haciendo perros calientes y no había ninguna olla limpia para hervir salchichas, así que preferí hacerlo en la cafetera en lugar de limpiar una. La otra vez intenté cambiar las cosas y limpiar los platos. Mientras lo hacía, me corté considerablemente y de una manera desconocida el pulgar izquierdo. Lo tomé como una señal divina, mi equivalente al arbusto en llamas de Moisés, el universo no quiere que lave los platos.

Lo malo de la independencia es que la cagas demasiado. Es como darte cuenta de forma tardía que siempre fuiste algo próximo a un retrasado mental. Cada vez que tomas una pésima decisión inocentemente descubres el lado oscuro de la libertad. Con las tareas domésticas, con la universidad, con la burocracia, con lo que sea: eres un tonto. Poco a poco notas que no eres autosustentable. Comienzas por la idea difusa de que el papel higiénico se regenera mágicamente. E infortunadamente para tus servilletas, descubrirás que las cosas no funcionan así. Desde que pierdo absolutamente todo ya no me preocupo tanto, me he convertido en una persona un poco más relajada y llevadera (algunos dirían entregada a la indiferencia y al desgano, pero no importa). Dejo que las cosas fluyan, dejo que el tiempo sea el que ponga las cosas en su lugar. Soy uno con el caos doméstico. Todos los objetos que he perdido los encuentro semanas después en los bolsillos de mis chaquetas. ¿Dónde están mis lentes?. Tranquilo, Dios proveerá. El próximo lunes, bam, tus lentes están en una chaqueta. ¿Dónde están mis audifonos?. Relax, consuélate con saber que algún día en el futuro te emocionarás al encontrarlos de improvisto en algún pantalón. ¿Dónde están las llaves?. Ok, eso sí que no. No puedo salir sin las llaves, qué Dios ni qué coño de la madre, desbarata el closet. ¿Dónde estoy yo?. ¿En qué bolsillo tengo que buscar para encontrarme a mi mismo?. Y no digo todo esto con orgullo, lo digo como quien confiesa que se robó la andadera de la abuela para comprar crack pero que igual lo disfrutó.

Necesito una cachifa. Pero no tengo cobres, así que necesito a alguien con poca autoestima que me venga a limpiar el apartamento y se conforme con que le diga cosas bonitas ocasionalmente. Vamos, con tanto patetismo suelto y con tanta imagen negativa bombardeada por los medios por lo menos UNA persona debe encontrar la idea reconfortante.  Con tanta gente trabajando en ONG’s hoy en día no debe ser dificil conseguir a alguien que me vea como un acto de caridad. Y ni me ofendo al respecto, lo asumo: necesito ayuda, doy lástima. Podría ser peor. Escúchame, es un trabajo enriquecedor en el que te vas a cultivar como persona. Anda. Prometo poner música entretenida mientras limpias. Si planchas te recito poesía. ¿Cómo que tienes dignidad?. ¿Cuál es tu precio?. No, en esta casa no se habla de dinero. Precio simbólico; metafórico, somos artistas y hablamos con un lenguaje elevado, abstracto, sublime y que de ninguna manera compromete nuestro dinero. ¿Conveniente?, no me parece. Ingrata, te estoy ofreciendo nuevos horizontes, una nueva perspectiva de vida, un nuevo amanecer (gracias Tigresa del Oriente).

A veces me parece que nadie está haciendo nada. Que nadie está creando contenido y nos merecemos este vacío cultural. Que en lugar de crear se limitan a seguir a unos pocos, que se desperdician muchas facilidades al convertirse todos en unos secundadores emocionales. No quiero ver, no quiero sentir; evita que lo haga, piensa por mí que yo te apoyo. Retweet-Reblog-Like, listo. Que nadie está escribiendo lo que debería y que la prensa escrita merece su desaparición. Que tenemos la culpa, porque las cosas se tienen que hacer pasar y lo único que necesitan son catalizadores. El modelo en el que nos educan y bajo el que trabajamos nos convirtió en autómatas, monos con máquinas de escribir, descorazonados diluidos y desechables. Pero eso sí, objetivos; como si eso fuera algo bueno. Tú le dices objetividad, yo cobardía. No se puede ser objetivo con las masacres y la explotación. No se puede ser objetivo cuando se tiene una responsabilidad social. Yo, pienso que es un arte; cuando los demás lo ven como un negocio. Venimos en frecuencias distintas, funcionamos con diferentes voltajes y no conseguimos un adaptador. “Bad news is good news” me repiten todo el día y me siento enfermo. A veces los únicos que siquiera admiten que las cosas están mal son los mismos cuatros trasnochados de siempre. Que son el sistema, son una parodia, son una versión en Converse de los mismos viejos bebedores de whiskey. Asuman y dejen de venderse como un cambio, porque no lo son. No son ni mejores, ni más alternativos, ni más irreverentes que Sábado Sensacional.

Te llamas Bob, sí. Pero tener el pelo desordenado no te hace Dylan ni fumar marihuana te hace Marley.

Existen, por otra parte, verdaderos ejemplos de medios alternativos que aprovechan las facilidades actuales. Los invito a pasarse por la rama audiovisual de la revista Vice. Allí producen minidocumentales épicos que revindican al periodismo como instrumento de cambio y que cambiaron mi manera de ver al mundo. Me recuerda que hay mucho por contar, que no todo está hecho y que no todo está perdido. Sus retratos crudos de Liberia y Corea del Norte son de lo mejor que he visto en internet. Además de que explotan absolutamente las ventajas de no-ser un medio convencional. Con reportaje sociales fuera de serie, que van desde sexo con burros en la costa norte colombiana, a la vida de un culto utópico liderado por un Jesús de Siberia, el relato de los quienes viven en las cloacas bogotanas y el secuestro de novias en Kirguistán. Trayendo un montón de realidades que de ninguna manera verías en otro lugar. Y es rentable, recordándonos algo importante: la excusa del “no hay público para eso” se acabó, este es nuestro milenio y si no hay público lo creamos. Son alternativos sin ser mamarrachos y son juveniles sin ser vacíos. Periodismo de guerra punk, para gente seria. Aquí me enteré del fracaso anticipado en la guerra contra el talibán porque los soldados afganos, en lugar de tener alguna afinidad ideológica, están flotando en opio la mayor parte del tiempo y simplemente les gusta dispararle a las cosasTodo esto es evidencia de que cuando las cosas se hacen con seriedad y visión, sin importar cuántos túneles y tatuajes tengas, puedes producir un contenido interesante incluso para un viejo encorbatado que lee Foreign Policy y The Economist. Es una cuestión de consciencia, honestidad y de objetivos.

Todos contentos, todos alegres, todos satisfechos y todos mediocres. Ignorando que estar conformes es señal de estar muertos. Son autómatas. Todo lo que altere el orden de ideas establecido está prohibido. Prohibido angustiarse, prohibido cuestionar. Aquí somos pura shiny happy people y te puedes ir al coño de tu madre si pretendes ponerlo en duda. Quizás digan que es una cuestión de gustos, el viejo argumento de la relatividad moral. Pero es que hay muchas cosas erradas que también dependen de los gustos. Por ejemplo, hay gente a la que le gusta untarse los genitales con mantequilla para que sus perros les practiquen sexo oral. Sí, los acabo de comparar con la zoofilia. Así de contundente.

Ahora es el momento en el que alguien le dice a otro: “Brother no les pares, tú sabes como son los haters. Mira, full relax con eso, vamos a hacernos unos túneles en las bolas para pasar la arrechera“.

Soy un fiel creyente en que toda situación se puede subvertir cuando se suman las voluntades correctas. Porque el cambio está implícito en la naturaleza. Porque así es la vida. Porque un día eres Gaddafi y te haces llamar “Hermano líder y guía de la Revolución” y al día siguiente te sodomizan, te linchan y luego lo transmiten a primera hora de la mañana en todos los noticieros europeos. Porque podríamos cambiar las cosas. Porque podemos tener la vida que soñamos y el mundo que merecemos. Porque querer es poder; o porque si no creemos en eso entonces nos da lo mismo estar muertos.

Suena bonito, suena bonito. No sé si tenga razón, pero sé que por algún lado tenemos que comenzar. Y por supuesto, el cambio es necesario. No estoy completamente seguro de qué se necesita cambiar, así que mejor apuntamos a cambiarlo todo. ¿Va?.

San Martín de Porres era peruano y fue el primer santo negro de América. Lo pintan con una escoba (bien racista todo el asunto). Es un underdog. Fue discriminado básicamente por todas las personas en su vida. Y –la parte admirable- no guardaba rencor. Ni la iglesia lo consideraba digno de llevar sus túnicas, ni su padre de llevar su apellido. Negro, pobre y bastardo; estaba a unas botellas de aguardiente de convertirse en una canción de vallenato. No fue más desgraciado porque no se despertaba más temprano. Buen tipo, un poco güevón, pero admirable sin duda.

Supongo que esas ganas de creer en algo y buscar explicaciones y manuales son algo muy humano. Aún así, hay unas cuantas generaciones de venezolanos que no creen en nada. Estamos hablando de treinta millones de personas que ya pasaron la barrera de la desilusión para caer directamente a la confirmación de que lo único que realmente se tiene es a uno mismo. Cada hombre por su cuenta, treinta millones de personas repitiéndose todas las mañanas frente al espejo antes de salir a la calle: “no creo en naiden marico”. Amarillo, azul y rojo. Tanto buscar y resulta que todo está explicado en la bandera. La riqueza, el mar y la sangre; eso somos. No creemos en naiden pero creemos en ponerle una vela a San Antonio si se pierde alguna vaina, o en espantar las malas vibras con incienso como nos enseñaron en nuestras clases de feng-shui-medicina-cuántica-nueva-era, o en pensar nuestros 11:11 con especial simbolismo el pasado 11/11/11, o en ofrecerle una cabra a Yemayema-Foforofo-Ulugúrum si las cosas se ponen difíciles.

Por suerte yo siempre fui un tipo más de 4:20 que de 11:11.
Y por chistes como el anterior es que jamás llegaré a tener una carrera en la política. Si no lo entendiste… siéntete bien, de verdad.

Ahora estás en un tren cruzando tierras por las que alguna vez se derramó tanta sangre, en nombre de una ambición y sed de gloria tan destructiva como congénita e inherente al hombre. Escribiendo sobre la libreta que compraste en Caracas y con la pluma que le robaste a tu mamá. Escuchando Buddy Holly mientras piensas en lo afortunado que te sientes en esos instantes de satisfacción que logras al haberte aceptado fundirte en uno con el absurdo. Emocionándote por cosas que pasaron en otro tiempo y en otro lugar. Emocionándote por todo lo que imaginas que pasará allá, en cierto tiempo y después del mar. Con un corazón, que aunque anclado en el pecho, realiza saltos espacio-temporales entre latido y latido.

Y así surge el escopetazo entre las costillas siempre que dejas un lugar. En cada tren, cada bus, cada avión y seguro que en cada camello para los nómadas del Sahara. Me pregunto si sentirán nostalgia los beduinos. Quizás sí, aunque si nunca dejaste el desierto, qué coño vas a extrañar de la arena.

¿Y cuál será nuestra excusa para no hacer nada?. No queríamos luchar, crecer, experimentar; queríamos ser felices, nubladamente felices. No queríamos saber el nombre de nuestros muertos, no queríamos saber nada. Una línea recta de conformismo, sin vaivenes y sin sentir los matices. Queríamos alejarnos de la realidad, queríamos evitarla a toda costa. Queríamos empastillarnos hasta dejar de sentir. No queríamos crear, no queríamos registrar nuestras angustias y mariqueras. Queríamos estar sumidos en una consciencia colectiva que pretendía estar impregnada de endorfinas. No queríamos buscar al sol, no queríamos caminar hacia la utopía, no queríamos estar a la vanguardia. Queríamos estar distraídos, queríamos estar entumecidos de información efímera y superflua. Queríamos tanto, que decidimos que era más fácil pretender no querer nada. ¿Con qué cara asumiremos la culpabilidad de ser la generación con mayores medios para el cambio y a la vez una generación remarcablemente improductiva?. ¿Cómo disfrazaremos el hecho de que en la década más democrática e incluyente de la historia de la humanidad preferimos quedarnos secundando las ideas de unas élites en lugar de expresar individualidades?. No creamos nuestra propia narrativa, disculpa, estábamos muy ocupados… ¿qué es lo que se supone que estamos haciendo?, ah, estábamos muy ocupados estando dispersos, sumergidos en nuestros propios egos y cabezadegüevísmos personalistas. Estábamos muy ocupados, cariño, estando aburridos, indiferentes y solitarios.

A veces se siente como si te estuvieras comiendo al mundo y otras veces como si el mundo te hubiera comido y regurgitado. Pero en cualquier caso, en materia de desarrollo, lo tienes todo a ganar. Porque es que cuando la circunstancias arrecian, que no sea marico nadie. La realidad es real precisamente porque no depende de nosotros. La realidad es lo que es, no lo que se quiere que sea. La realidad es colectiva, por más que defienda el individualismo a morir. Como dijo Henry Miller, “No one creates alone, of and by himself“. No sólo somos hijos de la globalización, sino que somos de la camada más beneficiada por la intertextualidad. La misma palabra “texto” viene de una raíz que significa tejer, entrelazar una cosa con la otra. Un texto no se limita a la palabra escrita, el mundo es texto. Intertextualidad es reconocer que todos los textos vienen de otros, nada viene de la nada, la generación espontánea incluso en el plano creativo no existe. Everything is a remix, ¿no?. Las facilidades de propagación logran que la expresión solitaria tenga hoy más influencia colectiva que en ningún otro momento. A veces pierdo la fe y siento que no vale la pena nada. Entonces leo algo que me cambia y confío en que a otro le pase eso mismo con lo que escribo. Así encuentro la esperanza, en la idea de expresiones individuales y voluntades de cambio. Lograr tocar a muchos o lograr tocarla sólo a ella; es lo mismo, es la fe, es lo única razón que queda para levantarse en las mañanas.

¿Aparte de eso qué motivación se tiene?. Ninguna positiva, ciertamente. Culpabilidad, rabia, venganza disfrazada de justicia. Amor, semejante cursilería, pero el amor -por una lucha, una idea, una persona; o una lucha encarnada en la idea de una persona- es la única motivación noble que existe.

Ahora está amaneciendo y soy feliz porque creo que estas palabras fueron mejor que el silencio. Y si no lo fueron, pues, el silencio vendrá de aquí para abajo.

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3 comentarios en “Wong Lo Kat

  1. ¿Cual es nuestra motivación?. Ya no existe; ya nos reproducimos al extremo de la demografía sostenible, nuestra manada es virtualmente infinita y poderosa, los alimentos están al alcance de la mano y ya no hay leones por los que temer, hemos cumplido el nicho ecologico que se nos encomendó, y no somos mas que las sobras y consecuencias de la eficiencia extrema e imprudente, de que la inteligencia, por mas arrecha y a tres tablas que sea, termina degradándose a tal punto de volverse tan patética e indigna como un adulto escuchando reggaeton, como una caraja entaconada que camina 20 metros y jadea de cansancio, como un gordo que apenas respira a sus 27 años, como un líder totalitario que a pesar de llevar milenios de siglos de círculos viciosos de poderío inútil, cree que su ideal es el correcto y que debe esparcirlo a como de lugar. Nos hemos convertido pues en amebas de oficina, en homínidos inútiles que no sobreviven mas allá del pavimento y el concreto.

    No somos mas que sobras inútiles, ya no hay propósito, no tiene porque haber motivación. Solo nos resta vivir como ancianos jubilados, tranquilitos y felices.

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  2. Esta imagen me hizo soltar la carcajada: “Walter Martínez le da cuatro patadas como analista internacional al barbudo de Globovisión, Julio César Pineda, que tiene demasiada pinta de tirar con medias”.

    Perdí la cuenta, pero sí fueron más de treinta ideas. Pero también fue más de una hoja, y eso es consolador ante tu augurio inicial del cansancio.

    Saludos.

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  3. Yo tengo cachifa y es incluso peor, porque como me viene una vez a la semana, acumulo todo para “dejarle algo que hacer” y termino viviendo el resto de los días en la más deplorable inmundicia. Por otro lado, también hubo un chico que se declaraba “sumiso”, que se sentía inferior y que necesitaba ser humillado para sentirse en paz consigo mismo (además de proporcionarle cierto morbo sexual); me imploraba que le dejara entrar a mi casa todos los días para cocinarme, plancharme, lavarme los cacharros. No sé si alguna vez me arrepentiré de no haberle dado la oportunidad.

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