Veinte años

Hay gente que habla de la patria como si te arropara en la noche y te diera un besito en la frente.

Para mí son las 6:03 de la mañana. Es un ocho de octubre y la oposición perdió hace un par de horas por más de un millón de votos. Esa es la premisa con la que arrancamos. Durante los últimos tiempos, este blog no ha sido tanto una bitácora activa como sino un registro de las cosas que estoy escribiendo y quiero compartir con las personas que se interesan por mí, como un dropbox; hace mucho que perdió su viejo sentido de bloguear activamente. Sin embargo, he vuelto a leer a una cantidad no despreciable de blogs que trabajaron de esta forma a lo largo de esta campaña, y pienso que tiene cierto encanto esto de hacer un live-stream de los sentimientos de una manera medio infantil y soberbia. Digo esto último con un fundamento muy humilde: ¿Por qué piensa uno que tiene algo genuinamente importante para decir y que los demás deben leer? Pues no lo sé, supongo que esa es una encrucijada de todas las disciplinas creativas: ¿Por qué hacerlo? Y cuando esa duda desmotivadora rebota contra las paredes, recuerdo la frase de Jack Kerouac al escribir The Road: “Anyway, I wrote the book because we’re all gonna’ die.”

Nos vamos a morir y creo firmemente que se puede sacar fuerza del absurdo. Yo me manejo mucho de esa manera, soy un carajo que cuando está feliz está desbocado en el absurdo, me divierto un montón imitando a Maria Corina, Chávez y Alí Primera. No me manejo bien en la solemnidad, en la impostura. No lo sé, supongo que es mi manera de crecerme ante la adversidad: tripearme el infortunio. Y escribir, es una manera de hacer eso. ¿Y qué mayor infortunio que la historia de Venezuela? Claro que también hay gente espantosa escribiendo allá afuera; los de la academia, el showbiz y el olimpo cultural que publican en el mismo circuito cerrado de páginas y periódicos que determinan cuál opinión es válida y cuál no. A ellos les tengo una noticia: dejen de leer, no les va a gustar, no uso ni una vez la palabra menester ni ese humor de “adulto contemporáneo” frígido de quienes encontraban gracia en decirle a Chávez “Esteban”. Déjen de leer, bichitos, que yo sí uso la palabra socialité.

El ritmo de actualización de este blog es bajísimo, y eso está bien con los objetivos del mismo: ninguno (o en chavista: garantizar la paz del mundo y el equilibrio del universo). Hay un montón de gente que escribe textos tremendos con cierta regularidad. Son textos que te alejan de esta prisión del alma, y es esa otra razón por la que se escribe: filantropía. ¿No es muy soberbio pensar que eres un faro en medio de la niebla? Por supuesto, pero es parte de ser un humano consciente y creador, tienes una opinión, y tienes cierta benevolencia o por lo menos una inconformidad que deriva en voluntad de cambiar las cosas. Es decir, escribes porque alguna vez leíste algo que te ayudó.

No quiero ponerme a jugar a eso de analizar los errores de la campaña, porque podría ser una cosa baja y cobarde a estas alturas del partido; además de que miles de personas más calificadas que yo ya lo han hecho. Entre ellos, Francisco Toro con un excelente y conciso artículo en el NY Times. Igualmente recomiendo leer a Rufi Guerrero, de quien hablaremos más adelante, que tiene algunos puntos que nadie más ha hecho en este artículo post-electoral. Y para demostrar que aquí sí se respeta la pluralidad de opiniones, añado el excelso análisis electoral que hizo el ex gobernador de Carabobo, Acosta Carlez:

Por supuesto que ni es una fiesta democrática ni ganó Venezuela; es una absoluta desgracia y ganó la peor opción posible. Esta es una cuestión que golpea de cerca y de lejos, que marca y define los proyectos de vida de todos los venezolanos durante los próximos seis años. No se podía esperar más del que fue el día más importante desde el 2006 y que lo será hasta el 2019. Para la oposición, siendo pragmáticos, fue una derrota. Capriles representó una manera distinta de hacer las cosas, y por eso hay que agradecerle. Chávez no perdió ni un sólo voto desde el 2006 hasta ahora, es cierto y cuesta decirlo; pero también es cierto que la oposición aumentó en casi tres millones. Seis millones de personas no son poquitas, y dentro de esos seis millones deben haber una o dos razones para seguir despertando y haciendo las cosas bien cada día. Seis millones de personas es una burbuja lo suficientemente grande como para vivir y desarrollarte tranquilamente, lo sabemos y sólo nos pega cuando viene elecciones y nuestra cosmovisión parece quedar reducida a la de una hormiguita.

Ok, quizás no ganó la peor opción posible

Creo que en el lado simbólico se rescatan un montón de cosas enaltecedoras que no se pueden perder, entre ellas el hecho de haber tenido un candidato que no suena así, sino así. Claro que todo esto son palabras que flotan en la nada y por supuesto que quienes decidirán qué camino recorrer no será ninguno de nosotros. Será gente como Ledezma y Ramos Allup, Julio Borges y Pablo Pérez; por eso espero que genuinamente el esfuerzo de Capriles no se pierda, que es de lejos el mejor tipo que ha tenido la oposición en un largo rato.

Mi proyecto de vida siempre lo he visto en Venezuela, siempre. Y eso lo sigo teniendo claro, sólo que ahora se le añade una pregunta: ¿Por qué? Y pues no lo sé. ¿Porque pienso, hablo y escribo en venezolano? ¿Porque los entiendo y me sé mover? ¿Porque allá es fácil conseguir refugio en otras personas y otros sueños? No lo sé. Quizás, aborreciendo al patriotismo reconozco también que hay ciertos vínculos inquebrantables. La otra vez leí a una chica diciendo que si ella se fuera de Venezuela trataría de activamente vivir en el lugar que habita, se desprendería de ese vórtice obsesivo en el que nos embarcamos muchos de los que nos vamos. Sin entender que la distancia, al igual que la edad para los pedófilos, es sólo un número. Hay mucha gente que no termina de entender que uno nunca se va realmente.

No me gusta decir que cada pueblo tiene el gobernante que se merece. Las cosas no son así. Yo conocí a gente enormemente valiosa y brillante en Venezuela, gente que no merece que quien fuera Ministro de Cultura ande haciendo este tipo de dibujitos en su blog.

“Gato comiendo sardina”, por Farruco Sesto, ahora Ministro para la Transformación Revolucionaria de Caracas. Óleo sobre Paint, 400×313 píxeles.

Y a veces corresponde quedar como mamagüevo o cínico, decir las cosas como son y ser apedreado públicamente. Como Rufi Guerrero, que anticipó la derrota de la oposición de una forma bien tosca, pero que demostró estar acertada. Pues, en realidad, el venezolano puede ser muy intolerante y fascistoide con la libre expresión. Como bien lo saben los chicos de “Caracas, ciudad de despedidas“. Una banda de tontorrones que fueron humillados incluso por el aparato comunicativo del Estado con el apoyo cómplice y ciego de aquellos que se declaran baluartes de la libertad de expresión y se pintaron las manitos de blanco cuando pasó lo de RCTV; Y de otros cretinos como el propio Rufi, que mientras les dio con todo a los de CCDD estuvo todo este tiempo victimizándose diciendo que lo estaban atacando por expresar su opinión. El venezolano tiene unas cualidades muy mamagüevas, y me incluyo en ese combo porque estoy consciente de que la lucha debe ser en contra de la propia naturaleza y los bajos instintos. Ese es quizás el único tipo de patriotismo que pregono: soy venezolano porque sé que no podría ser otra cosa, soy venezolano por defecto. Por supuesto que no se puede generalizar, y eso es parte de mi punto, pero me refiero a que hemos construido una sociedad que promueve comportamientos deleznables y en la cual casi nadie se atreve a discernir más allá del postureo crítico.

A Led Varela también le ha caído su dosis de desprecio de parte de los que lo tildan de cínico (o algo así, porque los que ofenden no suelen elaborar mucho). Yo no lo encuentro así, me parece un tipo bastante auténtico, a quien respeto y aprecio un montón y que ha sido consistente consigo mismo durante mucho tiempo. Es decir, mamagüevo-mamagüevo es Oscarcito. Ese es el verdadero tipo de persona cuyo comportamiento es reprochable, un carajo que por conveniencia e interés no expresa la opinión que ronda su cabecita hueca y engelatinada y prefiere caerles bien a todos diciendo que papi y mami no lo dejan hablar de política.

Cuando todavía estaba en bachillerato escribí un artículo resaltando la existencia de grupos neonazis dentro de partidos de la oposición, como UNT. Por ese artículo llegaron a decirme desde basura comunista hasta amenazarme de muerte incluyendo el nombre de mi colegio y diálogos ficcionados de lo que diría mi madre en la morgue. Fue fuerte, ridículo y tuvo bastante premeditación como para ser un acto infantil y lúdico. Algún tiempo atrás también escribí en contra de un grupo de jóvenes de colegios en Valencia que estaban organizando una protesta en contra de la propuesta de reforma a la Ley Orgánica de Educación que en ese entonces proponía Chávez. Al final se implementó, y yo tuve razón: no fue el apocalípsis, no nos afectó en absolutamente nada y las protestas eran alarmistas, desmedidas y hechas en su mayoría por personas que no habían siquiera leído e interpretado el texto de la propuesta. Más recientemente, escribí un artículo recopilando alguna información que ya existía en varios medios internacionales sobre posibles vínculos de Venezuela con el terrorismo islámico y el propio Chávez al escribir su columna calificó mi escrito como una “descarada andanada de calumnias”. Tiempo después, el Ministro Izarra publicó un libro llamado “Los Guardianes del Periodismo Pornográfico” en el que se hace eco de la columna de Chávez y también arremete contra, pues, el blog de un carajito.

Cuando tomo en cuenta un par de cosas, me vuelvo a preguntar: ¿Por qué genuinamente deseo desarrollarme allá? El militismo me repele, parece reducir a las personas a una serie de consignas  y dogmas que dividen al mundo entre buenos y malos. Cualquier tipo de gremio me da grima, cualquier grupo de más de cinco personas ya me hace desconfiar. Parece ser que la única forma de preservar el libre pensamiento es ser un átomo disociado, sin pertenecer a nada.

Toda la oposición hoy parece inclinarse a pensar que el venezolano es terriblemente ignorante en el mejor de los casos o malicioso en el peor. No soy quién para decir que esa no es la realidad, ni tampoco para pretender un optimismo que no tengo, pero sí sé que no se deben olvidar las miles de historias de grandeza y valor que existen en esa tierra pobre, pero rica en desgracias. Y a ese es el país al que me regresa mi nostalgia: el de los amigos, el perfil de la ciudad junto a las montañas, la familia y el perro, los chistes internos y los rituales de perdición ancestrales. Sin embargo, todo eso se nubla al pensar que la mayoría del país decidió continuar con el gobierno que tiene por seis años más. No voy a hablar sobre por qué es una mala decisión, me parece que es llover sobre mojado. Sólo voy a resaltar una cosa: votar por Chávez es votar por los bíceps de Tarek, y eso sí me tiene profundamente desilusionado.

Aunque en la realidad, el 54% del país no lo ve así. Terminó siendo cierto lo que Schemel decía del vínculo emocional que tienen los electores con Chávez. Lo cual también explica la tendencia sostenida que tiene Chávez al ganar en estados de gobernaciones opositoras durante todas las presidenciales. ¿Tarek, Diosdado, Jaua Vs. Capriles? gana Capriles. ¿Chávez Vs. Capriles? gana Chávez, un mostro de la carisma, y eso es algo que va más allá de los subsidios. Como tan acertadamente dice Schemel: no se puede subestimar e ignorar a la mayoría del país y pretender reducirlo todo a una relación clientelar. Porque sí, quizás es hora de terminar de abrazarlo: este es un país adolescente, profundamente hormonal, emocional, desmedido, cachondo y violento. Y mientras eso no cambie, el Señor rechoncho que dice ser el corazón de la patria y acusa al otro candidato de querer vender espacios publicitarios en la bandera o entregarle la patria potestad de los niños a Exxon Mobil seguirá ganando elecciones. Habrá para quien Chávez sea patrea, poébolo y Golívar. Habrá quienes lo sientan como una nube de gas metafórica, romántica y heroica; como una flatulencia justiciera o algo parecido. Habrá también quien sólo lo vea como una chequera, así funciona la vida y la política. Es lo que es, es lo que hay.

Deshumanizar: not cool


Chávez no es casualidad. Hay quien dice que el chavista vota por egoísmo, por oportunismo, por puro antivalor; y eso puede que sea en muchos casos una media-verdad, que es casi lo mismo a una media-mentira. Como concluye Francisco Toro: “
The abstractions of constitutional government are distant indeed when you feel you owe the guy in power everything that makes your life bearable“. ¿Es eso egoísmo? Tal vez. ¿Es una razón legítima moralmente para ejercer el voto? Totalmente, y la oposición ha jugado a esa en el pasado (Mi negra, anyone?). Creo que otro error es ser tan sentenciosos. Venezuela es un país complejo y jodido. Venezuela es una jevita adolescente, le gusta Arjona y Tito El Bambino, tiene un novio que la maltrata pero le gusta porque a ella le enseñaron que “quien te hace llorar es quien te ama“. No hay manera de saber cuántos están en el chavismo por curda, pachanga y locura. No se puede diseccionar al chavismo, no se puede cuantificar a los que están ahí por la ideología o vínculo afectivo, por los negocios, por maldad, por falta de visión o simple ingenuidad; no se puede y francamente no lo necesitamos, lo que sí necesitamos es entender de una vez que ahí están, y son mayoría. No son un mito, no son el chupacabras ni un español que habla bien otro idioma: los chavistas existen.

No me gusta la condescendencia con la que se trata al chavismo en el mejor de los casos. No me gusta cuando dicen “pobrecitos ignorantes”. Creo incluso que es más justo para ambos bandos tildarlos de mamagüevos. Me cuesta mucho creer en el chavismo bienintencionado, en el inocente; me parece que es hasta subestimarlos como personas. Debe existir, pero me temo que no podría respetar a un chavista, porque serlo es avalar con el voto una serie de conductas atroces y amenazas de sodomía por parte del tren ministerial. No hay que pensar de una forma tan arrojada que ellos votan desde el desconocimiento, dejemos de citar con arrogancia frases de Bolívar sobre la ignorancia en facebook y vamos a ir afrontando ciertas cosas. Hey, Capri, quizás ellos genuinamente te desprecian a ti y a todos tus iguales. Quiero con esto resaltar un punto: el odio ha calado, hondo y hacia todos los lados. Desde cualquier punto de vista racional suena ridículo que un argumento sea que el otro es burgués, pero este no es un país racional. Dentro de la campaña de Chávez no tuvo siquiera tanta fuerza el uh ah como sí lo tuvo el no volverán. ¿Tienen bases? no lo sé, pero sí sé que somos una sociedad profundamente clasista, al estilo de “Lígia Elena” de Rubén Blades. Sé que hay tendencias racistas, y eso de decirle “pelo malo” al pelo crespo es sólo la punta semiológica del asunto. Capri, son años de la imposición de un discurso dominante que impregna fuertemente a la propia oposición. ¿O nadie recuerda que a los de CCDD además de desestimarlos por ser sifrinos llegaron incluso a recriminarles por tener apellidos no-hispanos? De verdad, los ejemplos de resentimiento y discurso chavistoide en personas de oposición abundan.

Al aceptar la derrota Capriles habló de esperanza, reconciliación, armonía, como si Venezuela fuera el set de los Teletubbies. Pues no lo es, Capri querido, no lo es. No vivimos en un paisaje extrañamente montañoso e idílico en el que un bebé Gerber en forma de sol nos da los buenos días todas las mañanas. Hay gente oliendo pega para no sentir el hambre. Yo, casi con absoluta certeza al igual que el resto de las personas que están leyendo esto, represento estadísticamente a una minoría privilegia. Yo para el chavismo jamás podré pasar de ser un burguesito, un vende-patria, un fascista; ten consciencia de eso Capri. Sé que el discurso optimista, esperanzador, comeflor, es una cosa que eleva el espíritu, pero esa no es la realidad y ese intento de nobleza le queda grande a las circunstancias.

En la oposición hay más gente de la que debería haber hablando de fraude. Más periodistas irresponsables y militantes de los que la ética profesional permite. Más loquitos abnegados deseando que Capriles desconociera resultados para entrar en una guerra civil en la que moriría… ¿Quién?, ¿Tú?, ¿Tus padres y todos tus amigos? Es por eso que la condescendencia hacia el chavismo es bastante hipócrita. Hay miles y miles descerebrados que votan por Capriles. En muchísimos casos, el nivel discursivo no pasa de ser mejor al del chavista promedio. Sus argumentos son de esos que pondrían a Mario Silva a aplaudir con los labios vaginales. Nuestro “majunches, no volverán” es un “chávez mamagüevo“. Me entristece profundamente, incluso más que la derrota quizás, ver a personas a las que aprecio diciendo cosas como “la democracia es una porquería. No puede ser que este montón de marginales elijan por todos”. Que una persona con una educación privilegiada ande diciendo ese nivel de cosas sí que es algo que me cuesta creer, es algo que no concibo, muy a diferencia del triunfo de Chávez. “Un hombre que apostó a la derrota de Chávez mató a 7 personas en el Zulia”. Se ve, se siente: “Da asco la mitad del Venezuela”. El odio y la virulencia es una realidad que se ha adueñado de nuestras mejores mentes.

Todo esto: not cool

Creo que esta elección marca el fin de una postura fuerte: sin educación, sin cultura, sin preparación -más allá del tiempo de duración de una campaña-, no se obtendrá victoria ciudadana. Los señores de los partidos piensan que eso hacen al incorporar jóvenes en sus filas, pero no: hacer pedagogía política es más que repartir panfletos. Hace unos años un pana me preguntó, no qué leía, sino para qué leía. Hoy en día él es un dirigente joven importante de Primero Justicia en Valencia. Quienes siquiera han visto un poco el submundo de la política estudiantil saben que funcionan sobre tramas de corrupción y ventajismo. No creo que la profundidad política de aquellos muchachos superen a las de las bichitas que se graduaron conmigo y luego de estar ausentes en cualquier discusión política por años durante esta campaña se mostraron como estandartes de la madurez y la consciencia política; unas chicas que sólo se van a enterar de quién fue Rómulo Betancourt si Pitbull decide sacarlo de su tumba para hacer un featuring cantando el himno de AD.

Ahora está amaneciendo y no sé precisamente sobre qué iba a escribir. Tengo clases en un par de horas pero comprendo lo diminuta que es mi existencia frente al acontecimiento que sucedió hoy: Chávez inició su camino a lo que serán, como mínimo, veinte años en el poder. Veinte años en los que el único debate de ideas será que te digan sifrinito mariconsón fascista.

Bueno, también te pueden decir mardita perra

Mi generación no recuerda otro gobierno. Y todos crecimos un poquito dañados, con memorias muy precoces como para ser saludables de represión, crímenes y muertes. Crecimos más o menos con la sensación de que habían turbas violentas que nos odiaban profundamente -alabado sea el sentido pedagógico de nuestros padres, gracias- y que nos habían de cierta forma robado el país.

El único recuerdo que tengo de cuando ganó Chávez en el 98′ es mi hermana jugando con muñecas y explicándome que era malo porque todos nos íbamos a tener que vestir como militares y nos iban a mandar a Cuba. En mi colegio, durante años, la palabra en la calle era que la patria potestad de los menores la iba a asumir el Estado. Eso llegó a un nivel de absurdo que tuvo que ser desmentido oficialmente luego. Pero igual sabíamos que el Estado era un maldito y si pudiera nos raptaría, ¿no? algo así decían los adultos. El Estado es mi enemigo como venezolano, explica Cabrujas. Cómo olvidar también el Golpe de Estado, mamá entró al cuarto feliz diciendo “a dormir que Chávez ya no es presidente”. Já, todo 11 tiene su 13, no volveremos mami. Y luego Plaza Altamira con los militares regordetes que eran buenos, no como los otros militares regordetes que eran malos. Y João de Gouveia y mi abuela diciendo “a ese hombre se le metió el diablo en los ojos”. Luego el Paro Petrolero y tener que ver televisión para saber si un señor calvito que ni conocía me dejaba o no ir al colegio, todos pasamos un mes o algo así sin ir a clases y estábamos francamente contentos con eso. Luego tuvimos que meter la coba de que estábamos yendo a clases los sábados para cumplir el número de días exigidos por el Ministerio para pasar el año. Punk is dead, broder. Uno llama a su banda “La Puta Eléctrica” pero luego el sistema tiene una conversación contigo y terminas siendo “La P Eléctrica”. Eso pasa. Y el referéndum, y el , pero gana el no y todos preguntándose dónde vive toda esa gente, no conozco a ninguno. Un amiguito que me dijo que por la Ley Resorte ya no iban a pasar juegos de fútbol en la tele porque según Chávez las faltas eran violentas. Una vieja alucinada del piso tres que decía que tenía miedo de que un día le metieran una lacrimógena por la ventana porque no tenía rejas. El clima de guerra, los muertos y los perseguidos, la cantidad de protestas por esto y aquello, la gritería constante y los militares que son básicamente bulldogs satánicos vestidos de verde oliva. Y esto, y aquello, y lo otro, y Lina Ron que te quiere matar a mordiscos… Sí, todos nosotros crecimos un poco dañados.

Quizás por eso una de las características de mi generación es el desarraigo y el desasosiego.

Los jóvenes entre 18 y 24 años en los diferentes estratos socioeconómicos y regiones, indican que el 48% de ellos (con picos más elevados en los más ricos y los más pobres) se iría del país si tuviera una oportunidad. Se quieren ir poquito, mucho o demasiadísimo, pero lo que debe importarnos, lo que preocupa, lo que tenemos que entender y resolver, es que la mitad de los jóvenes venezolanos se sienten desarraigados y que un país que no es capaz de darles a sus jóvenes, de cualquier estrato social, las razones racionales y emocionales para quedarse en él no puede tener futuro. – Luis Vicente León.

En el 2019 votará la primera generación totalmente nativa a este gobierno, y no tengo ni idea de lo que eso implique pero sé que es importantísimo. Y sé que lo es porque según datos del censo del 2011 4o% de la población tiene menos de 15 años.

Hay que crear iniciativas individuales más allá de los partidos. Por supuesto que la mentalidad opositora se ha reducido a un único punto: sacar a Chávez. No se le puede exigir otra cosa luego de 14 años de continuísmo. Pero si genuinamente se desea convencer a algún chavista, hay muchísimas cosas internas que debemos mejorar. Conseguimos un nivel de participación histórico, de manera que el mito de que el abstencionismo nos flagelaba se derrumbó. Se tiene que apostar a que la calidad del voto mejore, el voto consciente y educado. Mientras la campaña se centre en el simple hecho de votar, en lugar del porqué es importante hacerlo y porqué tu opción debe ser reflexionada, lo que hacemos es reducir nuestro candidato al hecho de que es flaco y es medio pánfilo y tal pero bueno uno le agarra cariño. Nop, no es suficiente contra una estructura que lleva 14 años puliéndose. La campaña no se hace siete meses antes de las elecciones, la campaña se hace siempre y no siempre tiene que ver con política.

¿Qué podemos hacer para no decaer en el hartazgo y la depresión? El duelo hay que vivirlo, el fondo hay que conocerlo y no dispersarse hacia la rabia. Hay que apoyar las manifestaciones de ingenio y creatividad que surjan, tenemos que promover el pensamiento racional fuera de nuestras esferas de esnobismo y autocomplacencia. Ya basta de crear contenido basado en quién es más mamagüevo que quién y quién argumenta mejor sólo para quedar bien con los amiguitos. Ese modelo de las mesas redondas para la masturbación de egos no le hace bien a nadie, subamos la exigencia, el nivel de debate y sobre todo: la inclusión.

Menos chistes sobre Nicolás Maduro por haber sido chófer de Metrobús. Más chistes sobre Tarek y su bíceps; los monstruos de gimnasio no le caen bien a nadie. Y me permito utilizar una frase de Scott Fitzgerald: “Whenever you feel like criticising anyone, just remember that all the people in this world haven’t had the advantages that you’ve had.”

Bajémosle dos al mamagüevismo, aunque ellos sean los reyes de ese juego. Y sobre todo, sepamos sacarle lo positivo a esto. Creo que en Venezuela se está viviendo un momento que puede ser de gran cultivo cultural si las creaciones de cuatro o cinco personas convergen como por arte de magia o desgracia; creo que todo este odio embotellado debe servir para algo, que este absurdo no puede ser despreciado. Y para los fachos de la distancia, que cada día son más y creen que la libre expresión tiene algo que ver con la ubicación geográfica: no es tan fácil como imaginas decirlo a lo lejos. Y creo, firmemente, que hay varias personas haciendo muchísima más patria en la lejanía que muchos que se encuentran adentro. No confunda todo este mensaje con una onda hippie de paz y amor, parecida a ese “el tiempo de Dios es perfecto” que tanto daño nos ha hecho. Veinte años no es nada, decía Gardel. Pero para el que ansía volver, la imagen de hacerlo ya con la frente marchita y las nieves del tiempo planteadas en la sien son un ocho de octubre constante, día tras día y durante años, cada vez que te sabes ajeno al país que te recibió.

Mucho más ajeno que como te sentiste algún día en tu propio país.

Quizás se deban ver las cosas más allá de una campaña y una elección. Entenderlo todo como un proceso de aprendizaje, superación y crecimiento. Hacer campaña por las cosas que consideramos justas todo el tiempo, no dejar pasar comportamientos que corresponden a mentes cerradas y retrógradas de lado y lado. Que un voto contra lo homofóbia sea sinónimo de un voto por Capriles. Que se siga consolidando este camino que dice que la oposición es más que un simple “fuera Chávez”. Un voto contra el racismo es un voto por Capriles. Un voto contra el clasismo es un voto por Capriles. Un voto contra Chino y Nacho, Miss Venezuela y Sábado Sensacional es un voto por Capriles.

Quizás así se logre vencer a Chávez, o quizás Chávez sea una especie de masa metafísica hecha de arequipe y chimó que existe en otro plano del universo y por eso no se rige por contienda electoral alguna.

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8 comentarios en “Veinte años

  1. Jajajaja el último párrafo cierra de una manera definitiva “(…) o quizás Chávez sea una especie de masa metafísica hecha de arequipe y chimó que existe en otro plano del universo y por eso no se rige por contienda electoral alguna”.

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  2. Me gustaría que pudieras profundizar un poquitito más en la frase:

    ” Y creo, firmemente, que hay varias personas haciendo muchísima más patria en la lejanía que muchos que se encuentran adentro”.

    A qué te refieres exactamente? Para tí,qué es eso de hacer patria desde afuera?

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    1. Crear cosas que terminen por contribuir a la mejora de la sociedad, en este caso la abstracción que nos vio nacer, incluso accidentalmente. Ser genuinamente productivo en un plano más trascendental.

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