Ser venezolano y el orgullo de sufrir

Semana Santa en Petare, Caracas. 2014. - Federico Parra/AFP.
Semana Santa en Petare, Caracas. 2014. – Federico Parra/AFP.

También disponible en El Nacional.

Hacer que la gente se sienta orgullosa de la falta de movilidad social es profundamente conveniente para el poder, y el chavismo lo entendió. La gente antes podía aspirar a transformar su vida, la escalera social existía y a pesar de la desigualdad era posible pasar a la clase media, con todo lo que eso implicaba: educación superior, casa, carro, independencia familiar… Cuando comenzaron a darse cuenta de que no había nada a lo cual aspirar, de que incluso ganando el mejor sueldo posible no se podía acceder a nada que transformara la vida, sea por la inflación o la escasez, comenzó la masificación del orgullo en la pobreza, o mejor: el orgullo en la roncha, en pasarla mal, en sufrir.

En Venezuela se piensa que sufrir tiene valor. Las raíces de esto probablemente tengan que ver con el catolicismo y seguramente se encontrarán también en muchos otros países, pero el nivel ponzoñoso, masivo y malintencionado con el que se manifiesta en Venezuela solo puede ser fruto de un cálculo político victorioso. Para mí es bastante claro que donde sea que hay gente sufriendo el chavismo convierte a la miseria en el símbolo de una identidad compartida de la que deben enorgullecerse los que sufren.

La propaganda del Gobierno es lo suficientemente consistente como para no tener dudas de la intencionalidad: bañarse con totuma porque no hay suministro estable de agua potable es ecológico, usar toallas sanitarias de tela porque hay escasez de las otras es tradicional, hacer colas de horas para comprar comida porque arruinaron el campo venezolano es sabroso. Estas no son solo excusas, sino también mecanismos para justificar el sufrimiento, para atribuirle valores positivos y crear una comunidad que se defina desde ahí, desde las carencias. Todo el que no sufra junto a ti es “el otro”, y si los apuran, “el culpable”.

El chavismo claramente no creó nada nuevo, sólo exacerbó todo lo malo que ya existía en la sociedad hasta convertirlo en política de Estado e imponerlo como discurso hegemónico. A partir de ahí se desbordó y chorreó desde sus bases hasta el resto de la sociedad. Que personas hambrientas sean víctimas de las ideas un gobierno populista no es inaudito, lo sorprendente es cómo este cáncer de resentimiento se ha extendido a todos los estratos de la sociedad venezolana. Sus efectos se ven cada vez que alguien tiene vergüenza de decir que sus padres tienen un buen carro, cuando el clase media que estudia en una universidad pública habla paja del que estudia en una privada, o cuando alguien anula la validez de la opinión de otro por haber emigrado, etcétera. Cada vez que alguien actúa de alguna de estas maneras, Chávez vive.

Muchos líderes de la oposición asumen frecuentemente este tipo de discurso, y es comprensible que un político en un país como Venezuela enfoque su mensaje en los estratos más pobres de la sociedad, pero es importante entender el mensaje que se envía (y que sobrevivirá al chavismo) cuando se dice que lo que piensa la clase media, o los que tengan apellidos extranjeros, o los que no coman sancocho en la playa, no importa. Es importante entender que gracias a este tipo de discurso el autoritarismo y el resentimiento forman parte ahora de la idiosincrasia venezolana. Creo que este será nuestro mayor obstáculo a atravesar culturalmente, creo que será un remanente terriblemente difícil de erradicar, una radiación residual, una resaca de subdesarrollo que seguirá ahí independientemente de las mejoras económicas.

Hay varios mitos que sostienen a ese orgullo que nace del resentimiento, y la manera en la que estos mitos se concilian con el malandreo es bajo el concepto impreciso de “ser calle”. El valor de ser calle es uno de los legados más asquerosos del chavismo. Nadie debería sentirse orgulloso de guardarse el celular en los interiores, o negociar extorsiones con policías, o saber alternar tres autobuses distintos porque ninguno cubre la ruta que realmente necesita. Todos esos conocimientos de supervivencia urbana son símbolos de lo que está mal y el sobreviviente experto es simplemente otra víctima. Una más adaptativa, sí, pero una victima igual. Tener que ser calle para poder vivir en nuestras ciudades es humillante, y no se debería hacer sentir mal a nadie por no saber moverse en circunstancias así.

Otro mito clásico es la idea de que el venezolano es más trabajador que sus contrapartes en el mundo porque sufre más para llegar a su trabajo. Madrugar y levantarte a las 5 de la mañana para llegar no te hace ser más o mejor trabajador, sólo significa que eres un habitante de una ciudad que aliena a sus residentes, una ciudad con serios problemas de urbanismo. Tardarte dos horas de ida y dos horas de regreso no significa que eres más productivo o habilidoso, en esa desigualdad que arrastras no hay nada que inherentemente te convierta en mejor doctor o diseñador que los que tardan veinte minutos. Juzgar al trabajo ajeno por estas cosas es superficial, ya basta de pretender que las dificultades de la pobreza y la precariedad amoldan el carácter siempre para bien y tiñen a las personas de nobleza como si hubiera un clasismo bueno y uno malo, como si glorificar esto no resultara en desestimar a quienes no sufrieron así.

Una vez alguien me dijo que al no andar en autobús yo estaba incapacitado para comprender muchas cosas sobre la realidad venezolana. Hay todavía que decir lo evidente: ir en carro no te hace más indolente, la manera en la que te transportas no dice nada sobre ti o sobre tu capacidad para entender los problemas y empatizar con las personas. A menos que andes en monociclo. Pero si concordamos en que las personas no son sus circunstancias, nunca hay que estar orgulloso de tener menos opciones.

Están también los que piensan que su título universitario vale el doble porque ellos vieron clases sentados en el suelo, dentro de un galpón, con profesores que los maltrataban arbitrariamente y semestres enteros interrumpidos por paros. Estos son capaces de menospreciar tanto la habilidad profesional de quienes no pasaron por eso que uno llega a pensar que quizás, en el fondo, agradecen haber sido maltratados. ¿Qué clase de persona mezquina puede juzgar negativamente a otra por haber estudiado en mejores condiciones? ¿Qué juicio profesional puede tomar un reclutador que piense que los estudiantes de las universidades más destruidas de Venezuela valen siempre más que alguien que haya estudiado en el exterior?

Ese es el peligro de asignarle valor a las cosas que están mal. Las injusticias que vivieron y las humillaciones acaban convirtiéndose en insignias de honor que le dan trascendencia a toda la experiencia. Es un sistema de justificación que perpetúa el maltrato al revestirlo de gloria, casi ocultando la verdadera naturaleza del acomplejado. Como en las fraternidades donde los veteranos maltratan a los novatos porque el año pasado los maltratados fueron ellos.

Estar orgulloso de haber superado las adversidades: bien.
Estar orgulloso de las adversidades: mal.

Persistir en las dificultades es señal de resiliencia y fortaleza psicológica, y por supuesto que tiene valor en la historia de vida de cada quien. Pero el peligro que veo en Venezuela no es que las personas estén autoconscientes de su valor por haber luchado contra la desigualdad, lo que veo es que se está anulando al otro por no haberla pasado tan mal. Y se lo está invisibilizando en prácticamente cualquier esfera de la vida pública, incluyendo las expresiones culturales. Hasta el punto de que no se puede hacer una película donde los protagonistas no vivan en un barrio sin que se le etiquete como una película sifrina, y por tanto poco auténtica, irreal, porque sólo existe un tipo de venezolanidad posible y un tipo de historia de vida. 

Otra de las manifestaciones autoritarias del resentimiento es la facilidad con la que se cataloga como pretencioso a cualquiera que se aleje del discurso dominante y de este concepto único de la venezolanidad. Como si a muchos les flotara una nube encima, irradiando una voz que dice: “se cree mejor que nosotros, es un mojoneado, atácalo”. Este clima hostil en el que todo el mundo tiene gatillo alegre para menospreciar al otro, para destruir socialmente a los demás a punta de chalequeo, a punta de “fue joda”. “Estoy siendo un cretino prejuicioso, racista y clasista, pero fue joda no te molestes”.

Lista de cosas que en Venezuela son pretenciosas:

-Usar cinturón de seguridad.
-Leer.
-Hablar de cosas que leíste.
-Ser feminista.
-Argumentar algo.
-Pensar que decirle “culo” a tu pareja es objetificante.
-Usar la palabra “objetificante”.
-Pensar que el chalequeo es bullying.
-Ser introvertido.
-Ser blanco.
-Ser clase media. 

Hay solo un tipo de venezolanidad posible, y a nadie le debería extrañar que es idéntica a la que el Gobierno se empeñó en imponer. Si tu papá te llevaba en carro al colegio, cállate: no viviste la auténtica experiencia venezolana. Si nunca has bailado el Pájaro Guarandol, comido chigüire, dicho “guayoyo“, o discutido por béisbol, igual. Si te vestiste formal para una ocasión casual, si te sorprende que para pagar con tarjeta tengas que marcar tu cédula, si no conoces cierto hit merenguero de los 90… Cualquier cosa puede ser una razón válida para poner en duda tu venezolanidad o para decirte sifrino, que por alguna razón es un término absolutamente aceptado socialmente, a diferencia de su antónimo: marginal.

A todos nos gusta el viaje del héroe, todos podemos empatizar con la gente que luego de mil dificultades triunfa y cambia su vida. Pero si hagas lo que hagas tu vida no cambia, si todo lo que tienes son dificultades, no deberías estar orgulloso, deberías estar molesto. Porque cargar bombonas de gas no es noble, subir escaleras tampoco, el padre ausente menos. Son todas tragedias, desventajas, situaciones lamentables. Esto no es sarna con gusto, amigo, no importa qué tanto te burles del que tiene carro o fue a una universidad privada. Las tragedias que atravesaste siguen siendo eso: tragedias, nada que debería ser celebrado. Son cosas por las que nadie debería pasar y cualquier persona buena debería alegrase de que el otro no las viva. Deberías estar molesto con un sistema injusto. Molesto con los idiotas que ven en la pobreza algo exótico, auténtico, o venezolano. Molesto con el poder que te quiere pobre pero orgulloso.

 

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38 comentarios en “Ser venezolano y el orgullo de sufrir

  1. Brillante. Autor sumamente observador e inteligente. Inteligente no por su QI, más por lo que consigue filtrar de esa amarga realidad, de ese monstruo en que se convirtió el venezolano al que ese sistema de vida arrastró. Tuve el privilegio de vivir en Portugal, que salió de su dictadura recientemente en comparación con otros países de Europa occidental y compartí con gente de diferentes orígenes culturales o sociales y vi que la marca que les dejó ese triste capítulo de la historia es una medida de maldad y morbo que solo se va diluyendo en las generaciones posteriores. Los más viejos dicen que una familia con 5 hijos que sobrevivía al día con 1 sardina para todos produjo los mejores ciudadanos, que quien no luchó en la guerra acabando con los “africanos perezosos” no es suficientemente hombre y eso de resentir el triunfo de otros es inherente; no hablando que el odio a los Estados Unidos lo viví al punto de oír cosas tan terribles como que el 11/9 fue bien merecido. Me preguntaba yo ¿esto es el primer mundo? Puede que lo sea, pero es una sociedad marcada por la exacerbación de la maldad que les dejó un dictador repugnante que dilapidó sus riquezas manteniendo guerras coloniales sin éxito y que los entretenía como ellos mismos reconocen, con las 3 f’s: Fútbol, Fado y Fátima. El único hecho que no veo posible es que el régimen acabe como allí, con una revolución donde el arma principal fueron claveles. No, no lo creo, pero se los deseo.

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    1. Compa, aqui en España los comentarios son los mismos, aunque creo que no tan generalizados, pero si que la gente cree en general, que los que crecieron bajo el regimen de Franco era una mejor generación que la actual. Supongo que por el hecho de que España, igual que Portugal vivieron bajo una dictadura hasta el 75…

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  2. Si y no.
    El gusto por el sufrimiento no es algo intrinseco del venezolano. Todo el mundo desdeña, de una manera o otra, a lo que la estan pasando mejor en la vida. Para ponerlo en tus terminos de milenna SJW latino, “check your priviledge”.

    Todo este trozo apesta a white middle class priviledge, cosa curiosa porque eso ni existe en este pais. ” El problema de este pais es que me dicen niño fresa” bueno pues, no. El problema de este pais no son ni los microagressions ni las narrativas de clase, es el socialismo. Y con neolengua de marxismo cultural no se va a resolver.

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  3. Muy buen artículo.

    Algo que me parece inadecuado es la mención que haces a ser “feminista”. Se destacan actitudes que realmente no tienen importancia en el ámbito común del venezolano, al igual que se asume de antemano que estas ideologías foraneas fomentadas por agendas son una suerte de “modernidad” o como un supuestocomportamiento del primer mundo que deberíamos adoptar.

    Nada más lejos de la realidad. Podremos tener muchos problemas como venezolanos y concuerdo totalmente contigo en que se deben solucionar, lo innecesario es fomentar una ideología que está haciendo tanto daño en la sociedad Occidental promoviendo un sexismo opresor e indolente con el varón y una serie de privilegios por el simple hecho de ser mujer.

    Por supuesto que es tu artículo y es tu deber plantear tu punto. No se debe contener la fuente de las ideas con las que empapamos este lienzo digital al escribir, sin embargo, me permito la molestia de exponer la asunto.

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  4. Tolstói una vez dijo: Soy un aristócrata porque tuve la suerte de que ni yo, ni mi padre, ni mi abuelo conociéramos la pobreza y la lucha entre la necesidad y la conciencia, nunca necesitamos ni envidiar ni suplicar nadie, no conocimos la necesidad de educarnos para conseguir dinero o una posición en la alta sociedad y otras pruebas similares a las que se exponen los pobres. Me percato de que esto es una gran suerte y por ello doy gracias a Dios, pero aunque esta felicidad no pertenezca a todos no veo en ello causa para renegar de ella y no aprovecharla.

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  5. Me hace recordar la frase muy usada en nuestro país “Si sube cerro, pega” refiriéndose a por ejemplo una telenovela o programa de TV, que si encaja en la clase baja, es un éxito en VZLA, y es que lamentablemente son mayoría, y cada día hay más, pero definitivamente y lo que siempre digo, si el difunto supremo habló tanto de que antes a los pobres los discriminaban y aquí solo surgían los de clase alta, lo cual es discriminacion, por qué hacen ellos lo mismo con las personas de buena posición económica, los critican, insultan, llamándolos oligarcas y diciéndoles que si no les gusta esto que se vayan, los llaman sifrinos, eso también es discriminacion, algo así como en EEUU que tanto sufrió la gente de color por el racismo y ahora se está viendo el mismo racismo solo que de “negros” hacia los “blancos”. Están cayendo en lo que tanto criticaron. En definitiva, según este artículo, soy pretenciosa, jaja, y a mucha honra.

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  6. ¨Como en las fraternidades donde los veteranos maltratan a los novatos porque el año pasado los maltratados fueron ellos.¨
    Excelente, lectura obligatoria para los retrogradas/resentidos que manejan y participan postgrados en hospitales venezolanos.

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  7. Gran artículo. Es algo que pienso desde hace mucho tiempo, solo que, evidentemente, no tengo el virtuosismo del autor para plasmarlo en letras. Es verdad que en Venezuela está muy arraigada esta concepción de que ser “calle”, ser “pueblo” es algo bueno, y te da una cierta superioridad moral sobre los demás. Sin embargo, no creo que sea un fenómeno que se presente únicamente en la cultura venezolana. Es el encumbramiento de la humildad, que se presenta en diversas culturas y ámbitos. Por lo menos, sé está expandido también en gran parte de sudamérica. De esto se aprovechan deportistas, escritores, músicos, políticos y toda clase de personajes, que incorporan en sus discursos esta reivindicación de su origen pobre. Insinúan que por haber pasado por momentos desagradables saben lo que es sufrir, han vivido más, mejor dicho, han vivido.

    En fin, continuando con Venezuela, donde el chavismo masificó este lamentable mensaje como en pocas partes del mundo, una frase que se ha puesto muy de moda para descalificar es “niño de mami y papi”, como si tal cosa fuera algo despreciable. Para muchos el hecho de haber nacido en una familia unida y económicamente estable te imposibilita de opinar sobre muchos temas. Es de locos.

    Los invito a buscar en Twitter la frasecita, para que vean el resentimiento y la superioridad que creen tener quienes la usan: https://twitter.com/search?q=ni%C3%B1os+mami+papi+nunca

    Aquí hay algunas cosas que te pueden llevar a ser catalogado como sifrino y/o, presumido y/o niño de mami y papi:
    – Si tienes carro.
    – Si agarras taxi en vez de bus/carrito.
    – Si estudiaste en colegio/universidad privada.
    – Si no trabajaste, como mínimo, desde que te graduaste de bachillerato.
    – Si tienes apellido extranjero.
    – Si eres blanco.

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  8. Excelente artículo, por demás acertado. De hecho como dice alguno de los que han comentado, esto no es exclusivo de los Venezolanos, pero da mucha tristeza ver cómo desde que llegó la dichosa robolución a nuestro país, esto se arraigó sin precedentes, marcó una brecha tan profunda, que las nuevas generaciones que emergen no se preocupan por continuar sus estudios, ya sea porque no pueden, porque no tienen incentivos, o porque consideran que “no hace falta” un título para llegar a “tener plata”, sobretodo si consideramos que tenemos un gobierno que no elige sus directivos, gerentes o ministros por su currículum, sino por su tendencia política. Y los que por alguna razón entran a la universidad, cualquiera que ella sea, no se preocupan en lo absoluto del nivel de conocimiento, con pasar las materias les basta, llegando a contaminar de tal modo al sistema educativo, que ya los colegios universidades le “ruegan” por así decir, al alumno para que pase la materia. Y hay algo para complementar tu articulo, con todo respeto, y es que en las redes sociales los chicos que peor escriben son los que están en “algo” por aquello del: Ola k ases?. No será fácil, no. Pasarán muchos años para reprogramar los cerebros de los Venezolanos, pero mientras tengamos vida tenemos que intentarlo. Muestra de ello, son los comentarios de este artículo, se nota que sólo los que realmente leen son las personas con preparación, no debemos descansar hasta que todas las personas sin distingo de estudios y de edad, lean artículos como éstos que descubren una verdad que mucha gente no quiere ver. Tratemos de llevar las letras y el lenguaje a todos los niveles y todos los medios, al final nos quedará el buen sabor que hicimos lo que debimos hacer.

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  9. Muy buen articulo hermano, aquí un sifrino de barrio jaja una vez un chavista tuvo las bolas de decirme que el clasismo de abajo pa rriba no existe, pero se nota que no ha vivido ese tipo de discriminación.

    Aparte, tu escrito me recordó mucho a quien se siente orgulloso de que le hayan pegado de niño.

    Saludos,

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  10. Excelente!!! Nada más cierto! Ojalá cada venezolano lo leyera.
    El verdadero desafío que enfrentaremos en los años siguientes será superar esta cultura que ha empobrecido a una sociedad entera….y cuando digo ‘empobrecido’ hablo del “rancho en la cabeza”

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  11. Excelente pensar amigo, de verdad! Justo acabo de compartirlo en el facebook y hacer enfasis en que se tomen 10 minutos para leer y dejen el instagram un momento de lado, que se saquen ese “mojón ” que tienen en la cabeza.

    Este articulo resume un poco mi forma de ver las cosas hoy en día, es mas, me arriesgo a decir que la de miles de venezolanos. Un aplauso para usted y su articulo.

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  12. Coincido con el listado de “cosas pretenciosas”, pensé que era un bicho raro y discriminada por contar con muchas de esas características, encima cargar con que te miren mal por tenerlas. En fin, una forma más de segregación.
    Muy buen análisis!

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  13. La puesta en marcha de esta estrategia política en la cual politizan las penurias del venezolano no es casualidad, muy bien explicado esta aquí. Ahora bien, hay un aspecto que resaltar y que viene íntimamente relacionado con el tipo de gobierno que tuvimos con Hugo Chavez y que tenemos con Nicolas Maduro, los militares. Estos sujetos de uniforme, Hugo Chavez fue uno, crecen y se desarrollan en un ambiente extremadamente parecido a la sociedad que han instaurado en Venezuela, desde sus orígenes en su mayoría de escasos recursos, su paso por las academias militares, donde los humillan a diario y donde quien no sufre no es digno, hasta su interminable subordinación a un superior inmediato que puede ser cualquiera que haya entrado 1 día antes que ellos a la milicia. He aquí, la raíz del resentimiento, la lógica detrás de la estrategia, el militar y su prepotencia por creer que su decadente estilo de vida lo hace mejor que el ciudadano civil.

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  14. Donald Trump ha tenido el tupé de decir que Chávez fue el único que se ocupó de los pobres…O SEA, cuando llegó Chávez al poder andábamos en guayuco, descalzos y sentados bajo una mata de coco esperando a que caiga un fruto para poder comer…PUF… que bolas…

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  15. Plasmada en un artículo la idea que tengo rondando en la mente desde hace rato. Quizá no orgullo por sufrir sino orgullo por la carencias. Porque hay que entender algo: no todo el que se baña con totuma o el que se monta en tres autobuses lo hace “sufriendo”. Porque si desde hace 17 años te dicen que las riquezas y las comodidades son malas pues simplemente asumes que ser pobre está bien. Ese es también el legado más asqueroso de este gobierno. No está bien saltarte una o más comidas, no está bien que puedas bañarte sólo un par de veces por semana, no está bien que debas vivir en condiciones infrahumanas. El chavismo efectivamente logró internalizar estas carencias y que el venezolano las asumiera como bandera. Saludos, excelente nota.

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  16. Excelente artículo. No solo estoy 100% de acuerdo contigo, sino que eres una verdadera inspiración para finalmente emprender mi propio proyecto de escritura que tanto he procrastinado. Jaja, gracias!

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