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Katarzyna

mayo 8, 2013

kkk

Los dinosaurios no se extinguieron, dan clases en mi universidad. Un verdadero museo que tiene muchísimos años y todavía más moho, donde se exhiben con orgullo ideas prehistóricas. Pero mi uni es buena en algo: marketing. Esta universidad es puro maquillaje y se vende como una de las más antiguas del mundo, la mejor rankeada y con más estudiantes internacionales en Portugal, donde profesores ganan premios y presidentes vienen a buscar doctorados. Y uno acá adentro, calladito, sabiendo un secreto: todo es mentira.

La universidad me llena de una rabia sosegada, una humedad pesada. Siento que se me vino encima el tiempo y que un monstruo de papel me aplasta el espíritu. Pero no es un monstruo de papel, es un coloso de concreto gris con cuatro estatuas al frente; algunos dicen que son las únicas cuatro personas en la historia de la Facultad de Letras que no se graduaron. El edificio conserva dejos del nacionalismo épico de la dictadura portuguesa, como el mural enorme llamado glorificación al genio portugués y pasillos de escaleras infinitas que se pierden en las entrañas de una casa de las luces muy mal iluminada.

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Dios es un panadero mocho

abril 7, 2013

panadero
Esta es la versión original -y por lo tanto más desperdigada pero sincera- de un texto que escribí el año pasado para la edición nº15 de la  Revista Ojo.

Me encuentro atrapado, arrinconado en este lugar podrido y moribundo. No estoy en el infierno, peor: estoy en Portugal. El de los navegantes, los futbolistas y los panaderos. A veces me siento divido, no en dos mitades porque no estoy dividido equitativamente, sino como si hubiera sido decapitado y mi cabeza se hubiera quedado en Venezuela. Lo que está acá es una carcasa sin valor alguno; una gallina degollada…

Miles de portugueses huyendo de la miseria y el fascismo llegarían a una Venezuela salpicada con brotes de violencia guerrillera para dedicarse a hacer el más noble tipo de bombas: las bombas de merengue. Rodilla en tierra contra el hambre, la panadería luso-venezolana se convertiría en el espacio de convivencia de toda la fauna urbana. Donde el humo del café se mezcla con la bruma de la mañana y el horno comienza a calentar la grasa que mueve los engranajes de la ciudad. Todos los seres de la vida criolla en el mismo lugar, interactuando en un microcosmos, unidos en perfecta convivencia por obra y  gracia de la glotonería, creando un escenario apasionante para la antropología. Las menopáusicas que asumen la graduación de sus hijos como cruzadas personales, el señor del perrito poodle, el Pelé de la cancha de futbolito, el vigilante que compra chocolates para levantar a la conserje, el empresario exitoso, y la mole de gimnasio. Todos, con intereses divergentes y en ocasiones opuestos, pero bajo el mismo techo.

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Henry D’Arthenay odia a las mujeres embarazadas: una entrevista

febrero 21, 2013

Foto por Basil Faucher (2010)

Henry Rafael D’Arthenay Magdaleno nació en el 88′, estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra, es miope y forma parte de la que es probablemente la banda más exitosa de los últimos años en Venezuela. Habla rápido, mastica las palabras y va lanzando referencias a cada par de frases. Es un consumidor voraz de contenido, y un carajo de pinga. En esta conversa hablamos de su visión del arte, de la industria musical, y del amor. Se habla mucho de Será“, el disco nuevo al que parecen resumirse los últimos años de su vida y que saldrá a mediados de marzo. Se habla de la desesperanza política, el amor por su familia y la literatura, la revelación de una inesperada colaboración con Dame Pa’ Matala, y de Elena, la ella de Henry. A pesar de no ser la totalidad de la conversación, sigue siendo una entrevista larga. Pero tranquilo, no hay presión, el futuro funciona…

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Protegido: Led Varela y el anticristo: una entrevista

diciembre 1, 2012

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Veinte años

octubre 11, 2012

Hay gente que habla de la patria como si te arropara en la noche y te diera un besito en la frente.

Para mí son las 6:03 de la mañana. Es un ocho de octubre y la oposición perdió hace un par de horas por más de un millón de votos. Esa es la premisa con la que arrancamos. Durante los últimos tiempos, este blog no ha sido tanto una bitácora activa como sino un registro de las cosas que estoy escribiendo y quiero compartir con las personas que se interesan por mí, como un dropbox; hace mucho que perdió su viejo sentido de bloguear activamente. Sin embargo, he vuelto a leer a una cantidad no despreciable de blogs que trabajaron de esta forma a lo largo de esta campaña, y pienso que tiene cierto encanto esto de hacer un live-stream de los sentimientos de una manera medio infantil y soberbia. Digo esto último con un fundamento muy humilde: ¿Por qué piensa uno que tiene algo genuinamente importante para decir y que los demás deben leer? Pues no lo sé, supongo que esa es una encrucijada de todas las disciplinas creativas: ¿Por qué hacerlo? Y cuando esa duda desmotivadora rebota contra las paredes, recuerdo la frase de Jack Kerouac al escribir The Road: “Anyway, I wrote the book because we’re all gonna’ die.”

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Cristofué

mayo 4, 2012

Recuerdo el primer pájaro que vi morir. Era amarillito, un cristofué. Mi padre lo mató con una china al primer intento, estaba en una de las ramas más altas del árbol, comiendo un mango apaciblemente. Nosotros estábamos directamente abajo, perpendiculares e igual de apacibles. El tiro fue increíble, técnicamente. Al caer, vi que le arrancó de una pedrada el pico por completo. Seguía respirando por el hueco enorme que quedó en su cara. Al exhalar salían burbujas de sangre que se hinchaban hasta reventar. Glup. La sangre más roja y viva que he visto corría hacia abajo, bañando al plumaje increíblemente amarillo y reflejando el sol que entraba como lanzas entre las hojas del árbol. Puedo ver al ojo negro enorme, angustiado como su respiración y el pecho batirle como un bombo. Hermoso, puro, desafortunado.

No pasó mucho antes de que papá lo desnucara, dijo que así era menos cruel.

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Wong Lo Kat

enero 18, 2012

Mi capacidad de concentración está en el mínimo, no paso más de cinco minutos dedicado al mismo tópico y la única constante es el cansancio. Creo que tiene que ver con la paz mental. Lo que esto significa en la práctica es que en lugar de poder escribir treinta páginas sobre un tema, termino escribiendo una página sobre treinta temas. Todo se vuelve rampante, emotivo y sin mucha profundidad lógica; supongo que así se siente estar en la mente de Chávez. Confieso que llevaba un par de páginas grisáceas llenas de un odio tristón y cansino. Fruto de todas esas mañanas en las que “güevo” fue la primera palabra pronunciada y las madrugadas en las que “güevo” era lo único que definía a otra noche mediocre más. Porque te dices que la vida no pasa desde tu sillón, haces algo al respecto y terminas pensando en el medio de las luces relampagueantes y la música “entones, se supone que aquí es cuando pretendemos estar perfectamente contentos con lo que somos actualmente. Adorable.”. Qué güevo, porque no hay ninguna resolución posible y es muy fácil argumentar lo contrario a distancia y con una perspectiva comodista. Güevo, que no hay salida. Güevo, como reivindicación social. Güevo, como estado del alma. Hartazgo crónico, caligüeva astral. Y entonces cuando quieres decirlo todo, escucharlo todo, escribirlo todo y leerlo todo… te vas a dormir. Y no lo haces precisamente porque tengas sueño, sino porque no quieres seguir despierto.

Querer, estar, poder, hacer; pasticho de verbos que ya no tienen sentido. Decidí que no valía la pena salpicar tanto sentimiento negativo y más con esa reiteración, que se va haciendo costumbre y es peligroso. Quiero que la base de todo esto sea algo que dijo Juan Carlos Onetti: “Las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio”. Y según ese principio, algo así de monocromático no merece ni ser escrito ni ser leído. Hay que sumar; sumar y dejarnos de mariqueras. Así que, en virtud de ese espíritu, comenzaré con citar lo más importante que aprendí en mi más reciente verano en Venezuela para dejarlo como reflexión:

No le pares bolas al güevo, que el güevo se para solo”.

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